sábado, 16 de noviembre de 2013

LA PENSIÓN DE LA ABUELA


   Llegó el frío y en las venas se instalaron filos de cuchillo. Ella lo vio entrar, desnutrido y tembloroso. Él le suplicó no cerrar las ventanas, pues la podredumbre les asfixiaría sin compasión. En las noticias, los ajenos hablaban del prodigio, la economía despegaba al ritmo de un Apolo. La luna ya estaba al alcance de todos. En los platos de la mesa, vacíos, bullían volcanes invisibles y construían nidos las arañas en sus áridos estómagos. En una esquina descansaba el cadáver de la abuela. Sus nietos la acariciaban aún. Tenían que agradecerle, a diario y en silencio, la supervivencia familiar.

CONDENADOS


Desde nuestra gruta todas las sombras
se parecen. Bufamos inestables,
inseguros los ojos, atroz la vigilancia.

Vivimos en la linde del frescor,
la epidermis reseca, y qué alegría
lo verde, mecer cunas, huir crines al viento.

Somos penados, nunca dejaremos la cueva.


Del libro "Bazar de horas"
de Carmen Ciria

viernes, 15 de noviembre de 2013

"CÁSATE Y SÉ SUMISA"


   “Cásate y sé sumisa” es un libro que no pienso leer.  Y no es porque crea que es un atentado contra la dignidad de las mujeres, ni porque haga apología (según algun@s) del mal trato a la mujer. No. La opinión de feministas radicales me la trae al fresco. Es, simplemente, porque ya sé lo que está escrito en él. Aún flipo por el hecho de que en ningún medio de comunicación se hayan planteado la pregunta de si Constanza Miriano, nombre de la autora, pertenece al Opus Dei. Porque vamos, yo no necesito ni preguntarlo, es algo tan evidente que lo huelo desde este pequeño rincón de España. Será por mi nariz de oso polar. El hecho es que pienso que la sumisa esposa Constanza es, como mínimo, supernumeraria del Opus Dei. Y, entonces, ¿qué chorradas no va a escribir?

   Una vez leí un texto de una periodista española que abandonó el Opus Dei. En él narraba el transcurrir de una mañana en la residencia estudiantil. Dos alas del edificio y, en medio, la infranqueable frontera de la disgregación. La sala central era el comedor. Éllas, tras los rezos matutinos (sobre las cinco de la madrugada), eran conducidas a la cocina para preparar el desayuno de los muchachos. A otras, llevadas a una sala contigua al comedor, les abrían la puerta que daba paso al mismo e iban colocando la cubertería de las mesas y dejando cada rincón más limpio que una patena. Finalmente terminaba el proceso, el humo del café y el aroma de las tostadas se volatilizaban en un comedor vacio y, tras el sonido de la llave en la puerta del salón, sonó otra llave en la pared del fondo que abrió la sala a un enjambre de sórdidos muchachos. Una vez devoradas las viandas, ellos volvían a salir, sonaban de nuevo los llaveros y ellas volvían a entrar con el trapo de sus almas en las manos, dispuestas a limpiar babas y migajas. Lo que venía después era aún peor. Era la hora del cilicio.

   ¿Qué va escribir una tía que está orgullosa de fomentar eso? Pues fanatismo, puro y cruel fanatismo y un ojo de lince para los negocios, que de eso el Opus va sobrado, y lo de la moral es relativo cuando se hace necesario un título que provoque y haga sonar caja. Y la principal característica de una supernumeraría fiel ha de ser la obediencia ciega.

   Con el afán de ser aún más sagaz en lo que trato de sugerir aquí os dejo una reciente carta que la señora Miriano envió al Papa Francisco, tras su nombramiento. No tiene desperdicio.

 Querido Papa Francisco,

      Las verdaderas revolucionarias son las mujeres que quieren, como María, servir, y no aquellas que piden mayor poder en la Iglesia. Nosotras sabemos que el ministerio mariano precede al petrino, y sabemos que sólo el amor es creíble y que sólo la cruz hace verdadero al amor; el resto no nos interesa. Nosotras sabemos que el único privilegio digno de anhelo es el del Espíritu, y el sacerdocio que queremos para las mujeres es sólo el del corazón. Nosotras, mujeres al servicio de la vida, no queremos ser más importantes y mucho menos queremos ser cardenales: no tenemos tiempo para eso, ¡tenemos que criar a nuestros hijos!
      Le escribo en nombre de tantas mujeres que quieren servir a la vida y son felices por ello. No queremos volver a modelos del pasado sino ir contracorriente y someternos valientemente a un esposo. Mujeres que tienen a María por modelo y la certeza de que sólo Dios, ningún hombre, podrá colmar todos los anhelos de sus corazones. Le escribo en nombre, creo, de las setenta mil mujeres que han leído mis libros, a muchas de las cuales me he encontrado a lo largo de Italia e incluso en el extranjero. Todas me dicen que desde que alguien les ha recordado qué bello es ser dóciles y acogedoras aman más a sus maridos y se dejan guiar. Son tantas las que me escriben que han decidido casarse o abrirse de nuevo a la vida, y han tenido su tercer, cuarto, quinto hijo. Son tantas las que me escriben que desde que tratan de someterse a sus maridos, como la Iglesia a Cristo, ellos han empezado poco a poco a morir por ellas, un poco cada día, buscando imitar a Cristo.
      Tantas mujeres, sin embargo, sufren. Pero, al menos en esta parte rica del mundo, no sufren porque estén discriminadas. Sufren, por el contrario, justamente porque no dependen ya de nadie. Deciden ellas solas sobre sí mismas, sobre su propio cuerpo, sobre su propia vida, sobre cómo vivir el sexo. Deciden si tener o no ese niño que ha empezado a vivir dentro de ellas. Sufren porque están solas. Porque han malgastado su tiempo mendigando amor y ahora con cuarenta años son devoradas por el terrible remordimiento de haber rechazado a sus hijos, como tierra desierta, árida, sin agua. Sufren porque están desilusionadas de los hombres egoístas a quienes ellas, no obstante, no han sabido hacer de espejo positivo, que es la función de la mujer, no les han sabido mostrar lo bueno y lo bello posible. Si las mujeres se pierden, los hombres se pierden.
      Perdone si me he atrevido a escribirle; le aseguro la oración de mi marido Guido, de nuestros cuatro hijos, Tommaso, Bernardo, Livia y Lavinia y mi rosario cotidiano, y le pido que rece por nosotros.

     Con afecto y devoción,
Costanza Miriano


   El hecho es que a mí todo este discurso me parece tan abyecto como a usted, si usted es un ser normalito y del montón, como yo. Pero tantas voces escandalizadas y condenatorias me abruman. Y decir que chorradas sectarias como éstas generan el mal trato a mujeres masoquistas (¿qué mujer va seguir esos consejos, si no es por puro masoquismo?) ya es pasarse. Olvidamos con demasiada facilidad que escogimos vivir en un régimen democrático, en el que cualquier persona tiene pleno derecho a expresar sus ideas, por muy peregrinas o extrañas que nos parezcan. La libertad de expresión es un derecho que nuestros ancestros se ganaron con sangre. La base democrática es el consenso, sin embargo, incidimos denodadamente en el conflicto y el deseo de imposición. ¿Prohibir el libro? Sí, señores de la izquierda, inteligentes feministas. Y ya puestos los apilamos en una pira y les prendemos fuego, como hizo Hitler en los tiempos de la Weimar. Este libro, por llamar de alguna manera a tal porquería, no es más que un texto fanático escrito por una religiosa del Opus Dei para sus correligionarias, y que las editoriales, expertas en carnaza, han sabido rentabilizar a través de sugerentes escándalos. Sí, señor@s progresistas, gracias a nosotros, a nuestro bombo y platillo corralero, el libro ha sido un éxito y los bolsillos ahítos del Opus se llenaran un poco más. Mal camino llevamos nosotros si nos olvidamos de la esencia democrática y del derecho de todos a la libre expresión y, en su lugar, nos obcecamos en imponer nuestros propios criterios, a través de la prohibición y la censura sobre los otros. ¿Recuerdan el cuadro de Ana botella sacando la lengua, el que el alcalde del PP ordenó retirar del museo? Si todos nos dedicamos a hacer lo mismo, sobre un cuadro, sobre un libro, sobre el impúdico pensamiento del otro, acabaremos sacándonos los ojos y volviendo a vivir en la tenebrosa oscuridad de las cavernas. La línea está muy cerca y algún día un majara incontenible la cruzará y comenzará a correr la sangre. Procuremos evitarlo, señores, que en chorradas como éstas nos jugamos día a día la convivencia democrática, aunque no lo percibamos.  


jueves, 14 de noviembre de 2013

MERCENARIOS, NO PERIODISTAS


   Me asombra la desfachatez de los mal llamados periodistas españoles. Ahora, tras el anuncio de cierre del canal 9 valenciano, se ha abierto por fin un claro debate en nuestro país sobre la manipulación mediática que algunos (prácticamente todos) partidos ejercen sobre los medios de comunicación públicos. Pero ¿de qué ha servido tal proliferación de medios de comunicación públicos en nuestro país, sino ha sido para establecer una mayor cota de poder en los partidos gobernantes? Lo del canal 9 tan sólo es un ejemplo más, porque todas las televisiones públicas son manipuladas férreamente desde sus direcciones impuestas sin consenso. En Canal Sur apenas se habla de los EREs, en Telemadrid nadie se atreve a hablar del ático marbellí del presidente de la Comunidad, en TV3 ni papa del Liceo, ni del Palau del blanqueo de la pasta pública, en el canal gallego si alguien osa hablar de la relación del presidente con el narco lo ponen de patitas en la calle, etc… Y de la 1 nacional no digamos, dependiendo de quién gobierne, así les bailan el agua. ¿Periodistas? ¿De verdad existe algún periodista en nuestro país?

   Algunos diréis que sí porque no todos trabajan en medios públicos, como esos que debaten día tras día en la televisión, los de los medios escritos y, supuestamente, privados. Ja, ja. ¿Existe algún periódico escrito que no este subvencionado y auspiciado desde el poder político? Los que critican al PP por el cierre de Canal 9, elogian ahora la actitud de sus trabajadores. Dicen que ahora expresan la verdad, sus denuncias de manipulación desde la dirección saliente y que les impedía ejercer su labor con dignidad, olvidando que la misma la perdieron desde el momento que decidieron omitir verdades o contar mentiras a cambio de una jugosa retribución. Lo único que les importa, en realidad, es el cambio de bando político, aparentemente, claro. Ya veremos, conforme deje de llegarles el ingreso mensual de sus nóminas, si siguen defendiendo sus actuales discursos o, en cambio, vuelven a intentar venderse al mejor postor.  Los otros, los de la derecha como la Razón, el ABC, El Mundo, etc, se llevan las manos a la cabeza escandalizados por tal anarquía en directo y denuncian, a su vez, conspiraciones desde la izquierda para ejecutar un golpe de estado en la cadena televisiva. Y lo cierto es que todo este espectáculo bochornoso evidencia una sola y aplastante verdad: en España no existen periodistas, existen mamandurrias aferrados a la buena teta. Son mercenarios de la palabra, sin convicciones, sin principios y dispuestos a argumentar cualquier porquería si les pagan bien por ello. Si aún existe algún periodista de verdad en este país no está, desde luego, en ningún medio de comunicación relativamente importante. Estará en algún medio digital, al estilo de Wikileaks, condenado por las autoridades y perdido en las brumas de internet.   

  A los mal llamados periodistas sólo les importa su bienestar y todos esos golpes de pecho que ahora se dan escandalizados por el cierre de Canal 9, no es más que otra cortina de humo creada por ellos mismos con la intención de que el puchero, su puchero, siga lleno. Como si ellos tuvieran más derecho a la dignidad social que los tres millones de españoles que están en riesgo de pobreza y exclusión social. Si los banqueros que nos han robado con las preferentes deberían ir a la cárcel, los periodistas que nos han robado la verdad a cambio de una buena cuenta corriente también. Ya está bien de tanta hipocresía periodística, que los que tienen hoy verdadero derecho a la indignación y a la dignificación son esos seres anónimos que jamás salieron en la tele. Esos de los que ellos nunca hablan.

domingo, 10 de noviembre de 2013

CORDEROS EN EL FUEGO

Como habréis podido comprobar, todos aquellos que leyeron mi última entrada en el blog: un poema titulado "Duerme aún el fuego", el texto es deslavazado, inconexo y falto de la más mínima calidad poética. Hablando en plata: El poema era una mierda. Sin embargo yo tenía claro qué era lo que quería decir. Y de la insistencia en ello, vienen ahora todos estos cambios, una vez dado por terminado (por ahora) el proceso de revisión. El resultado ha sido sorprendente, parecen dos poemas distintos y hasta el título del mismo ha cambiado. Espero que os guste más éste, ya que es el que prefiero yo. Será el definitivo, el anterior lo borraré en unos días.



CORDEROS EN EL FUEGO

Amanece un nuevo silencio tras las colinas.  Con sus fauces
ensangrentadas aún, aúllan los lobos en la cumbre. Los huesos
se ablandan, poco a poco, y comienzan a quebrarse.

El horizonte arde en nuestros ojos, pero el fuego duerme
en brasas disgregadas que cobijamos en el pecho.
Nos extinguimos, desde dentro, en llamas invisibles.

Acostumbrados a la desolación, mutilamos los sueños,
resignados a una ilusión de escombro o vertedero.
El esclavo lame la mano del señor, bajo un silencio de corderos.

Una hamburguesa , burbujas de cocacola y a esperar
tu democrático regalo. Sin incertidumbre. Sin reflexión.
Todos nos ganamos al final nuestra caliente incineradora.

Lo hemos visto alrededor, lo sabemos, pero no queremos ver.
Preferimos imaginar  los aditivos y correr, correr deprisa.
Porque todo arde ya, raudo y fugaz, en la eternidad del fuego.

martes, 5 de noviembre de 2013

LA MADRE DEL ASESINO

   Vivimos en una sociedad que está perdida. Sin valores, ni rumbo. Mientras arrastramos, como un peso insoportable,  toneladas de odio hacia los demás. De todo tiene la culpa el otro y es necesario castigarle. Sin compasión.  Con el máximo rigor y la mayor dureza. Y en el proceso, olvidamos causas y consecuencias. No advertimos ni la mayor afluencia de dolor, ni el caudal de venganza que se nos adviene. Ya no perdonamos nada porque sólo a nosotros nos perdonamos todo. Y el manantial del egoísmo irreflexivo ahoga al ser humano y germina a la bestia, ansiosa de más río de la sangre de los otros. Podríamos hablar de muchos casos en la política, muchísimos en el planeta económico, o de esos nazis descerebrados que hoy la liaron en la Complutense de Madrid. Pero yo prefiero algo más cotidiano: un muchacho de 18 años, el alcohol al volante, la niebla y los controles policiales, un chico de dieciséis años muerto en el arcén y una madre rota, esperando en la ventana a quien ya no llegará.

   Ocurrió ayer, en un pueblo de Galícia. La juventud de cuatro amigos, de entre 16 y 18 años y hermanos dos de ellos, les impelió a la fiesta. Tal y como a todos cuando teníamos su edad. Bebieron algo, claro está, y hasta fumarían porros, seguramente. ¿Quién no a su edad? Si no se cometen errores en la adolescencia es que estás muerto y hasta puede que beatificado. A la vuelta, decidieron hacerlo por la peor vía posible, con el ánimo de evitar los controles, y la niebla hizo el resto. Un árbol traicionero se empotró en el vehículo, segando la vida del hermano del conductor, el pequeño de dieciséis años, al que su madre ya no volverá a ver.

   Del suceso dieron cuenta los telediarios. Al verlo recordé a las víctimas de los accidentes de tráfico, exigiendo mayores y más duras penas para los asesinos (así los llaman) de sus familiares. Su dolor es inmenso y ese impudor televisivo las ensalza ante nuestros ojos, las dota de un aire de congoja y desolación, nos conmina a la comprensión de sus demandas. Pero olvidamos una cosa, no es lo mismo poner una bomba y, desde la lejanía, apretar un botón que despistarte en la niebla y arrollar a un viandante. Para asesinar es necesario tener la intención de hacerlo. Y no podemos convertir un desgraciado accidente en un asesinato con premeditación.

   ¿Qué condena pedirán ahora para este chico? ¿Dirán que mató a su hermano y que merece todo el castigo de nuestras rígidas leyes? Y los jueces no pueden más que aplicar la ley.¿Cuánto? ¿30 años? ¿Y por qué no le aplicamos la Doctrina Parod, pasando de esa estupidez de los derechos humanos? Total, no es más que un asesino…. ¿o no? Todas preguntas irónicas y con enjundia.

   La seriedad se la quedó toda la madre. Y la única pregunta en serio también. ¿De verdad que ella se merece tal castigo?

lunes, 4 de noviembre de 2013

CALLE UTOPÍA

Las ventanas más cercanas al suelo están tapiadas,
ojos ciegos y oídos sordos. En las demás, la ausencia de cristales 
atrapa al viento y en verano se cuela el aroma del orín y la inmundicia.

Al edificio el aire llega a ráfagas y vuelan en su interior mariposas 
de plata, el humo clandestino del bazuko y un enjambre de sueños rotos.
La horda llega con el alma en las manos, hecha unos harapos.

Entre sus paredes sólo hallarás agujas y sangre bombeada. Fuego 
entre tinieblas, la boca de un dragón, la pira encendida y las monedas 
del barquero que te conducirá a la muerte, sobre aguas de adormidera.

En el exterior, el sol restalla en las lujosas carrocerías y las basuras, 
mientras proyectiles perdidos asesinan a inocentes por error. 
Le llaman “Las Vegas”, pero es como “Juárez”. Está en la calle: “Utopía”.