miércoles, 6 de junio de 2012


TERTULIA AL SOL SOBRE  EL OCASO

   Hoy amaneció un día diferente. El mismo sol de siempre iluminando un presagio distinto. Como todos los días los bancos del parque están ocupados por ellos, los ancianos del barrio, pero hoy no debaten sobre la vida vivida y la muerte de algún compañero. ¿A cuál de nosotros nos tocará mañana?, lanzan la pregunta al aire cada día al despedirse cuando el sol ya da paso al ocaso. Hoy no hay tertulia. Hoy no charlan animosamente sobre las cosas importantes de la vida, los hechos cotidianos de la vida sentidos intensamente, las hebras de felicidad y de angustia, encalladas en el alma. Hoy callan todos, lloran todos mirando fijamente el hueco vacío que hay en uno de los bancos.
   No pude comprender por qué la falta de aquel compañero les sumía en la tristeza, en vez de contar alegremente al aire, como siempre hacían, su vida vivida. Pregunté entonces disimuladamente por él.
   Juan me respondió susurrando: Federico hoy no ha podido venir, ayer vio cómo un camión atropelló mortalmente a su nieta.    

EL TERREMOTO

   Tras el terremoto le fue imposible escuchar el silencio. Las huellas del temblor  ensordecieron sus oídos. Sin embargo, el crujir de las paredes, el chirriante desplazamiento de los muebles, el crepitar desaforado de los cristales, el bramido colérico de los edificios al desplomarse, se repiten incesantes en su cerebro. Sin apenas esfuerzo logra retirar los escombros que le aplastan contra el suelo y consigue levantarse. Ve cómo el polvo arremolinado en el desastre se acomoda, poco a poco, sobre el suelo, pudiendo atisbar unas figuras uniformadas. Intenta reclamar su atención. Necesita su ayuda. Su hijo le acompañaba en el momento fatídico y aún está bajo los cascotes enormes del derribo. Uno de ellos suelta el perro que lo acompaña y ve que éste se acerca al lugar bajo el que su hijo yace. El chucho señala el sitio con la euforia de su cola y todos corren hacia el mismo punto. Les ve izar los pesados trozos de muro derruido. Y él sigue gritándoles. Pero no le oyen. Buscan con tesón las huellas de la vida bajo los escombros. Se une a ellos en el momento en el que una mano pequeña asoma entre las piedras. Y, al poco, quedan al descubierto dos figuras humanas. Una es la de su hijo y, la otra, la de un hombre desconocido, con el rostro desfigurado por el aplastamiento. Ve cómo su vástago les mira asustado. El hombre cubrió con su cuerpo los golpes que no recibió el niño. Desplazan a un lado el cuerpo del fallecido y sacan de allí a su hijo. Lo suben a la ambulancia y abandonan el otro cuerpo. El perro también se va hacia otro edificio derribado. Ese hombre desconocido ha salvado la vida de su hijo, le mira por última vez, agradecido y, al fin, comprende que está muerto.

HONESTAMENTE

Después de mi artículo de ayer, afirmando que los partidos políticos actuales dan asco, muchos podréis pensar que abomino de los políticos y nada más lejos de mi intención, lo que repudio es la “Casta” política. ¡Cómo voy a renegar de la democracia!, ¡cómo voy a rechazar la política!, si política es lo que hacemos todos, hasta en las cosas más cotidianas, y personas con verdadera vocación social, las hay y debemos aprovecharlas. Pero sí es necesario que nos impliquemos todos para conseguir cambiar las cosas por algo más honesto, justo y dignificante de nuestras generaciones futuras. Desde la ciudadanía debieran surgir partidos nuevos, cuyo funcionamiento interno fuese radicalmente distintos a los actuales. Que funcionasen con listas abiertas, sin disciplina de voto, sin tanta jerarquización, en el que las soluciones frente a problemas comunes prevalecieran a las sagradas bases ideológicas. Partidos en los que se premiara la honestidad por encima de la lealtad. En los que el bienestar de los ciudadanos sea más importante que las estrategias de poder. En los que todo cuanto ocurra se publique, porque no haya nada que esconder.

Eso es lo que buscan algunos. Acabar con el sistema político, como hizo Hitler en 1932 en Alemania, tras ganar las elecciones. Y ante el panorama triste y gris que presenta España en estos momentos, ya se están preparando. Usan eufemismos en sus acepciones nominales para engañar al personal: “Manos limpias”, “Libertad constituyente”, etcétera, pero huelen a fascismo desde lejos.  Argumentando la certeza de la corrupción generalizada en el ámbito político nacional, usan frases como esto no es una democracia, denigran el sistema electoral como algo fácilmente manipulable, atacan contra las instituciones democráticas e, incluso, al sistema judicial y al Rey, mientras su líder sueña en convertirse en caudillo. Cuidado, que la prima de riesgo se relaja hasta los 500 puntos, gracias al par de pasitos hacia atrás que ha dado la Merkel, pero estos lobos siguen al acecho. No son las instituciones las que fallan, son los buitres que estos momentos las manejan. Aunque bien es cierto que algunas instituciones en este país sobran, como la monarquía, por ejemplo.

Mientras tanto el 15M, esa esperanza que brotó como un manantial desde el centro del Sol en Madrid, se difumina tanto, que ya no es más que un espectro donde no cabe la ilusión. Y no ha sido gracias al acoso represor de la derecha española, como pueden llegar a pensar algunos. Ha sido la izquierda, esa pseudoizquierda ladina e interesada de los partidos políticos con representación parlamentaria quienes han ido sectorizando, manipulando, atomizando y pulverizando el movimiento, hasta que la claridad inicial con aquellos 8 puntos básicos, se han convertido en un batiburrillo de miles y miles de propuestas que nadan en el oscuro mar de la confusión y sin salida posible. Ahora todos son enemigos de todos, DRY de las acampadas, los teólogos de la liberación de los ateos, Cáritas de Payasos sin fronteras…  ¿Cómo nos vamos a unir en nada, si aquí cada uno tira para su patio? ¿De qué nos sirve tanta perorata y tanta puñetera protesta en las redes virtuales, si todo ello sólo nos separa?

Se hace necesaria la intervención de la ciudadanía en el ámbito político español, iniciar un proyecto conjunto, pero primero sentar las bases para que la transparencia en todo sea absoluta y confiar en las personas cuya vida haya sido ejemplar, en personas de espíritu y conciencia honestas, eso es lo fundamental. Y luego colaborar todos juntos, sacrificando la individualidad egocéntrica por los intereses legítimos de la comunidad. Construir juntos el sueño de una realidad mejor para nuestros hijos. No sé si podrá lograrse algún día, en Islandia lo consiguieron y en Ecuador también, ¿por qué no aquí?. Algunos ya lo intentamos y no salió adelante, porque ninguno de nosotros éramos los adecuados. Pero quizás mañana alguien lo intenté y sí lo sea. Pregúntate si podrías serlo tú, pero debes responder honestamente.


martes, 5 de junio de 2012


ANOREXIA

 
   Sara, 23 años y 170 centímetros de altura, se pesó en la báscula del baño: 39 kilogramos. No podía creer que realmente hubiera perdido peso porque, al mirarse en el espejo, seguía viendo esos horribles michelines que abultaban su vientre y la grasienta papada que colgaba de su barbilla. Desde pequeña admiró esos maniquíes de los escaparates de las tiendas, el glamour que exhibían con sus vestidos de última moda, la piel de cerámica blanquecina de sus rostros, la lividez de sus mejillas, el mate sin vida de sus ojos. Sara siempre quiso ser una de ellas. Y seis meses más tarde lo consiguió. Su cuerpo adquirió la justa medida, la deseada. Compró entonces el maniquí más hermoso, lo cortó transversalmente, por la mitad, introdujo su cuerpo en el interior y unió las dos partes. Una vez ya colocada en el escaparate de la tienda elegida, observaba tras el cristal el rostro de las niñas que la miraban desde la calle, con esa estupefacción que tan sólo las diosas pueden generar. Era tan feliz que no sentía hambre, ni dolor, ni frío, sólo el leve fundido de una vela que se va apagando, al consumir lentamente el oxígeno que la alimenta. Hoy sigue siendo un maniquí perfecto, pero ella no lo sabe. Murió hace dos horas y su cuerpo comienza a pudrirse, dentro del hermoso sarcófago.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


DAN ASCO


Los partidos actuales dan asco, vomitona desbordada en cuanto te paras a analizar sus estrategias. Todos dicen estar al servicio ciudadano, pero en cuanto se suben al ring electoral, se olvidan de él. Ya no se centran en sus supuestos programas, si es que alguna vez lo hicieron realmente. Ahora sólo importa diseñar una estrategia que lleve al triunfo electoral y, por tanto, a ocupar los tronos del poder. Y no importan los medios, no, porque nada les parece amoral si asegura la victoria. La codicia y la ambición de las sectas políticas esta transformando la democracia en un esperpento en el que ya nadie reconoce nada. Las luces Valleinclanescas de la bohemia integradora de la transición española se han apagado y ahora sólo nos queda un claroscuro de gris y de sombras donde las traiciones y las puñaladas son aún más comunes que en los culebrones sudamericanos. En aras de la idolatrada competitividad se ha establecido el “todo vale” como regla suprema y aceptada por todos. Y, desde el ámbito político, a los delincuentes defraudadores no se les condena por robar, sino por ser tan gilipollas de haberse dejado coger.

Una muestra evidente es lo que ocurrió en Andalucía y en todo el país, debido a su campaña electoral. El PP, henchido de poder, no se conformaba con el mayor trozo del pastel y también quería mandar en Andalucía. Y no les importó joder a un país entero, retrasando en casi cuatro meses los presupuestos del Estado, si era la estrategia adecuada para ganar allí las elecciones. Son ya treinta años de gobierno del PSOE en la junta y los señoritos andaluces de la derecha tienen ganas de reyerta y, aunque ninguno de ellos lo confesará jamás en público, también de venganza. Resultó que el caso de Ivercaria (los ERES), ya les era conocido desde un año antes y no dijeron nada, ni pusieron demanda alguna. Manda cojones entonces la hipocresía del señor Arenas, diciendo, y a pesar de los casos de Valencia y de Mallorca, que ni un solo euro público debía salir de las arcas del Estado sin la firma de un funcionario, como si ellos no los presionaran también en sus respectivas autonomías. Vamos, que el señor Camps, Fabra, Aguirre, etc… son todos unos santos. Me imagino a sus acólitos andaluces, conspirando durante meses en sus cortijos, manipulando la cinta (algunas fuentes dicen que se han detectado hasta 13 manipulaciones en la grabación), y frotándose las manos porque después de tan extraordinaria estrategia, la victoria estaba asegurada y ahora serían ellos los que podrían robar a destajo.

Porque si es verdad la felonía deshonesta con la que suele actuar el PP, tampoco el PSOE se queda atrás, con el señor Griñan dando datos excepcionales y maravillosos de la Consejería de Empleo Andaluz, como si eso mitigase el desfalco público y descarado con el que se han enriquecido ilícitamente muchos compañeros de partido. Chorizos, ladrones, y abyectos ambos, el PP y PSOE ¿qué nos queda? Porque las declaraciones de Diego Valderas diciendo que lo único que quiere evitar es alguna mayoría absoluta, denotaba que a IU lo que de verdad le importaba no era más que algún trono que compartir con el victorioso (fuese quien fuese, muy posiblemente), tal y como ha ocurrido tras el acuerdo de gobierno para la Junta, donde IU se ha asegurado tres consejerías, y tal y como ocurrió en la diputación de Huelva en las últimas elecciones municipales. 11 Diputados del PP, 11 del PSOE y sólo 1 de IU. Y sin embargo, a pesar de ello, y tras la negociación entre los socialistas y Diego Valderas, los tres partidos gozaron de la misma subvención y tres personas de IU, entre ellos el hijo de Diego, fueron contratados como asesores por 36.000 euros anuales, sin tener ni obligación de aparecer por el edificio. Y no digamos de UPyD con su campaña de marketing al frente, pero con la misma ambición de los demás y sin un programa que opte por una alternativa distinta al capitalismo neoliberal.

 Como os digo, los partidos actuales dan asco, vomitona desbordada, mientras el pueblo sueña con algo nuevo que les ilumine el camino real de la esperanza.

lunes, 4 de junio de 2012


ANATOMÍA DE LA CRISIS

   ¿Aquí nadie quiere pensar?, ¿sentarse y pensar?, gritó el filósofo, desde una mesa del bar El Mundo. Nadie le escuchó. Todos saltaban eufóricos, celebrando su buena suerte. El número de la lotería que Antonio, el gerente, había repartido entre sus clientes, resultó ser el ganador del primer premio. Eran muchos a repartir, eso es verdad, pero a quién amarga un dulce entre tanto menú de amargura diaria. Si usted quiere pensar piense, pero deje de gritar y aguar la fiesta de mis clientes, le objetó en plena cara el dueño de aquel bar. Volvió a sentarse en silencio y, resignado, reanudó la lectura del periódico, como quién hunde sus ojos en un mar de tinta embravecida, cuya marea golpea con fiereza sobre las costas de los titulares: Mínimo histórico en las reservas de petróleo… El sistema financiero se desploma… Un hombre asesina a otro por cincuenta euros… El gobierno legisla el despido libre, junto a otras medidas contra la aceleración del paro… La prima de riesgo se dispara… y el conflicto social está a punto de estallar…


         Tras cada nueva página crecía el nivel del mar y, sin embargo, nadie temía ahogarse.







UN DÍA DE CAMPO

A veces, en la cotidianidad más banal podemos ver la realidad política y social de esta España en la que vivimos, como, por ejemplo, en un día de campo.

Panorámica del lago del parque Moret, Huelva.
Toda ciudad tiene su parque, Madrid tiene el Retiro, Granada, la Alhambra, y Huelva tiene el Parque Moret, el pulmón verde de una de las ciudades más contaminadas de España. Nos costó conseguirlo, no logramos que el alcalde lo declarara zona no urbanizable hasta los últimos años del siglo pasado, es decir, hace tan sólo unos quince años. Luego, las obras de la adecuación en parque social y de ocio, con su lago con patos, zonas de barbacoa, pistas de skate y kioskos se alargaron durante años. Total, que los ciudadanos onubenses no llevan más de 8 años disfrutando de sus 24 hectáreas de naturaleza viva, en mitad de una ciudad rodeada por un cinturón de fábricas químicas y refinerías de petróleo. 8 años en los que las personas han compartido momentos de felicidad en barbacoas, celebraciones de cumpleaños o, simplemente, la euforia de la primavera. 8 años en los que hemos compartido el amor, paseando bajo el lánguido sol de los otoños, la cultura, organizando eventos y conciertos, en las tardes entrañables del inicio del verano y las guitarras y las palmas por compás, al calor de las brasas de la barbacoa familiar, en las tibias mañanas del invierno onubense. 8 años tan sólo y ya el parque se nos muere.

Competición deportiva celebrada en parque Moret
Ayer estuve allí, en una barbacoa a la que me invitó mi hermano. Fue extraño ver el parque tan desangelado, sin la alegría radiante de los niños jugando a eso tan extraño que es la vida. Según me confesó mi hermano, hacía unas semanas que los vigilantes, limpiadores y cuidadores del parque no venían a trabajar, porque el ayuntamiento les adeudaba varias nóminas, de modo que ya nadie se encargaba del mantenimiento del parque. Los contenedores de basura estaban a rebosar y bolsas de plástico y botellas campaban a sus anchas por la vastedad de todo el territorio. Tuvimos que hacer, entre todos, una larga batida de limpieza para adecentar la zona que ocupamos y sus alrededores. Menos mal que llevábamos agua, porque Aguas de Huelva había cortado el suministro y las fuentes del parque ya estaban rodeadas por caños de aguas pestilentes en los que se arremolinaban millones de moscas y mosquitos. Nos alejamos de todas ellas, evidentemente.

Atardecer en el parque Moret
Según mi hermano, el lumpen comenzaba a adueñarse del lugar y ya se habían producido dos conatos de incendio y una barca del lago ya era un esqueleto de tizones. Estuvimos largo tiempo hablando sobre la situación del parque. Incluso bromeé con él sobre la idea de fundar una asociación ecológica de limpieza y mantenimiento del parque y que ésta le podría facilitar el trabajo que, con tanta desesperación, espera encontrar algún día. Pero llegamos a la conclusión de que nos acabarían criticando por interesados, ya que ya existen asociaciones de tal sensibilidad que debieran encargarse de ello. Me cortó de plano, diciéndome, mira, cuando queramos venir aquí, hacemos lo mismo que hoy, y si no, la próxima barbacoa la hacemos en casa.

Mi hermano vive frente al parque Moret, lo ve desde su ventana cada día. El dice que se muere de pena al ver la agonía diaria de los árboles, pero que lo que más le apena es que Viktor, su bebé de 9 meses, crecerá sin poder corretear por los senderos mágicos del parque. Dice que lo habló con algunos vecinos, pocos seguramente, ya que él es de naturaleza tímida, pero que todos opinaban que reunir a voluntarios para mantener el parque era hacerle el trabajo gratis al ayuntamiento, que ellos ya pagaban sus impuestos para que el consistorio les ofreciese los servicios fundamentales y el de mantener el parque en condiciones, lo era para el barrio. Total, que el parque sigue acumulando suciedad y degeneración mientras la moral debate con el interés y, como consecuencia, los niños permanecen encerrados en la habitación de la tristeza.
¿Podrán seguir jugando los niños en el parque Moret?

Sí, a veces, en las pequeñas cosas cotidianas, podemos ver la realidad política y social de esta España en la que vivimos. ¿No os parece?