jueves, 15 de agosto de 2013

EL PODER DEL GRUPO

   A mediados del siglo pasado el psicólogo Asch llevó a cabo un experimento con grupos de jóvenes estudiantes. Cada grupo estaba formado por una decena de individuos a los que mostraba dos tablas. En la primera aparecía una sola línea vertical, mientras que en la segunda se podían ver tres líneas, también verticales, pero de distinta longitud. La pregunta era sencilla: ¿qué línea de la segunda tabla tenía la misma longitud que la de la primera tabla? En las dos primeras rondas del experimento todos los individuos del grupo respondieron lo mismo, pero en la tercera ronda un solo miembro de cada grupo comenzó a dudar y dio una respuesta distinta. En la siguiente ronda el grado de confusión y nerviosismo del miembro disidente se hizo palpable e insostenible. Y a partir de la quinta ronda volvió a confluir su respuesta con los demás miembros de su grupo. Lo que nunca llegó a saber el proscrito temporal es que Asch, antes del experimento, había instruido a los demás estudiantes, para que, a partir de un momento determinado, dieran una misma y falsa respuesta. En realidad, las únicas personas sometidas a experimentación eran ellos, los disidentes, que ahora se hallaban insertos en una situación sumamente insólita y perturbadora. O bien contradecir la opinión despreocupada y unánime de los demás y aparecer, por consiguiente, ante ellos como defensor de una distorsionada concepción de la realidad, o bien desconfiar de sus sentidos y su razón. Curiosamente el 40% de los individuos sometidos al experimento optaron por la segunda opción y se sometieron a la opinión del grupo, a pesar de considerarla patentemente falsa.


  Al finalizar el experimento, un estudiante que formaba parte de la conjura experimental se expresó ingenuamente: “Sería realmente magnífico llegar a descubrir un método para inmunizar para el resto de la vida al mayor número de jóvenes contra todas las formas de propaganda y lavado de cerebro”. Sin embargo, de forma paradójica y a pesar de la positiva necesidad  de búsqueda de armonía en el grupo para el desarrollo social, estamos caminando hacia las aciagas palabras que el inquisidor general pronunció en la Edad Media: “La disposición a someterse, a renunciar a la libertad de opinión individual y a la responsabilidad inherente a la misma, por el plato de lentejas de una colectividad que libera de conflictos a ésta, esa es la debilidad humana que lleva al poder a los demagogos y dictadores”

   ¿Cuántas veces hemos estado en la inauguración de una exposición, frente a un cuadro abstracto que nada nos decía, pero ante las muestras de admiración de los otros, hemos acabado por aceptar como una obra de arte algo, para nosotros, incomprensible? ¿Cuántas veces hemos aceptado como real una realidad distorsionada por la propaganda? ¿Cuántos españoles siguen convencidos de que en el atentado de Atocha tuvo algo que ver ETA… y el PSOE… y hasta la misma policía? ¿Cuántos periódicos verán hoy la luz con la batallita dialéctica sobre el Peñón, mientras los niños se nos mueren de hambre y los corruptos siguen en libertad? ¿Cuántos periodistas, bienpagados por el partido que los compró, debatirán hoy en los programas televisivos que a diario, y sin cesar, nos tragamos?

   Tengan en cuenta una cosa. Si, según el experimento de Asch, de cada diez jóvenes nueve eran cómplices de la mentira y sólo uno decía la verdad. Y si, además, de esos Unos el 40% se rinde por el qué dirán. Entonces, ¿qué nos queda? ¿Acaso es que no existe otra posibilidad que la que nos auguró el inquisidor? Piénselo, tan sólo eso y ya tendremos un principio para la esperanza. Porque la distorsión y la confusión continua sólo nos puede llevar a la decadencia moral e intelectual y a nuestra propia ruina como especie.

miércoles, 14 de agosto de 2013

LA PARADOJA DE HELLER

 Hoy os dejo esta joyita contenida en la novela Cath-22 de Joseph Heller, un ejemplo evidente de la paradoja irracional que mueve el poder inmoral en el mundo. Fue escrita hace ya unas décadas pero podría ser actual.
   Yossarian es piloto de una escuadrilla de bombarderos norteamericanos destinados en el Mediterráneo. Llega un momento en el que le resulta imposible seguir soportando la carga psíquica de los vuelos diarios al combate y busca desesperadamente una salida. Aparte de hacerse matar como un héroe no le queda otra salida que la posibilidad de ser declarado no apto para el servicio por razones psiquiátricas. Explora, pues, esta vía de escape en una conversación con el jefe médico Dr. Daneeka, pero como medida precautoria no expone su caso personal, sino el de otro piloto, llamado Orr:

“-    ¿Está loco Orr?
-       Por supuesto que está loco, -dijo el doctor Daneeka.
-       ¿Puedes declararle no apto para misiones de bombardeo?
-       Naturalmente que puedo. Pero antes tiene que pedírmelo. Así lo prescribe el reglamento.
-       ¿Y por qué no te lo pide?
-       Porque está loco, -dijo el doctor Daneeka. Sencillamente, tiene que estar loco, pues en caso contrario no seguiría volando, después de haber estado tantas veces al borde de la muerte. Por supuesto que puedo declararle no apto para el servicio. Pero antes tiene que pedírmelo.
-       ¿Y no necesita hacer nada más para ser declarado no apto?
-       No, nada más. Sólo necesita pedírmelo.
-       ¿Y entonces, ya puedes declararlo no apto?
-       No. Entonces ya no puedo.
-       ¿Hay alguna pega?
-       Claro que hay una pega,-replicó Daneeka. Está la cláusula 22: Quien desea ser alejado del combate no puede estar loco.”


  Había, pues una pega, la cláusula 22, en la que se establecía que la preocupación por la propia seguridad frente a un peligro real e inmediato debía ser considerada como prueba de un funcionamiento normal del cerebro.
   Orr estaba loco y podía ser declarado no apto para el servicio. Lo único que tenía que hacer era presentar la solicitud. Pero si la presentaba, ya no se le podía considerar loco, y tendría que realizar nuevas misiones de vuelo. Orr estaba loco si seguía volando y estaba cuerdo si se negaba a hacerlo. Ahora bien, si estaba cuerdo, tenía que seguir volando. Pero si volaba es que estaba loco y no tenía que volar. Pero si se negaba a volar , tenia que ser declarado cuerdo y, entonces, estaba obligado a seguir volando. La insuperable simplicidad de esta cláusula impresionó a Yossarian, que lanzó un silbido de admiración.

“-     Esta sí que es una buena cláusula, -murmuró.
-       No encontrarás otra mejor, -asintió el docotr Daneeka.”


Texto extraído del libro “¿Es real la realidad?” de Paul Watzlawick

jueves, 8 de agosto de 2013

EL HAMBRE Y LOS INHUMANOS


 “A ver si va a resultar que son los niños los que no quieren comer”, decía ayer con intencionada ironía un cura de Barcelona, después de oír al viceportavoz del PP negar la evidencia contenida en el informe del defensor del pueblo catalán, denunciando el hambre infantil en esa comunidad (como en todas, muy posiblemente). “Eso del hambre generalizada no es verdad, sólo existe en casos puntuales en los que la flagrante irresponsabilidad de los padres es evidente”, fue la perla gramatical con la que se despachó a gusto el inhumano Rafael Hernando.  “España no es Etiopía”, recalcó jocoso al finalizar su intervención televisiva. Y en eso no se le puede negar la razón, España no es Etiopía... todavía. Porque al paso que vamos y si no cambian radicalmente su política lo acabará siendo. ¿Recuerdan cuando Zapatero nos decía que no estábamos en crisis? Pues esto es igual. Aquí no hay hambre, los niños que rebuscan en la calle en los cubos de basura lo hacen porque son traviesos y les encanta desparramar la basura por el suelo y otras gamberradas por el estilo. Claro, es que los padres no controlan la alimentación de sus hijos, les dejan hartarse de chuches (recuerdan la niña de Rajoy) y después no hay forma de que les entre la comida, pensaran convencidos por sus propias mentiras.


  Estos señores del PP están tan ocupados en lograr controlar a los jueces irredentos, al sistema judicial en general, y en lograr beneficios para las grandes empresas, a cambio de jugosas comisiones y la promesa de un carguito en el futuro, que no tienen tiempo de bajar a la calle y ver cómo está el percal. Además, pensarán que quien se mueve en el barro se mancha y no está el cotarro como para perder el prestigio y la elegancia, sabiendo de la importancia de la imagen en nuestros tiempos. Ellos viven entre viajes a Disney World con los chiquillos y escapadas furtivas a escondidos paraísos del sexo. Qué van a saber estos de la decadencia moral y económica del pueblo si ellos sueñan con confetis de 5000 euros o las palmaditas hipócritas de obispos y banqueros. Pero ¿cómo se puede ser tan inhumano? Lo del indeseable Rafael Hernando debía ser palmario, el ejemplo más rotundo de lo que jamás debiera ser un político. Debería hablarse de él en los futuros manuales de política como el modelo evidente de lo que nunca debiera ser un político. ¿Cómo es posible que a este impresentable le hayan votado ciudadanos normales? No, no nos engañemos. Este tío no está ahí por los votos de unos cuantos ciudadanos, lo está gracias al sistema electoral fraudulento que tenemos y a la severa línea mafiosa de los partidos, sobre todo el PP, pero en los demás también podríamos hallar otros ejemplos.




  En este país está todo podrido y ya se hace urgente y necesaria una regeneración total de sus instituciones y partidos políticos, si es que queremos salvarnos del aciago vórtice del hambre y la miseria. La mayoría de vosotros, ante la frase anterior, pensará que soy un poco exagerado, que todo no está tan mal y que tampoco son tan graves las amenazas que se ciernen sobre nuestro futuro. Pero hay algo que aún no os he contado. Asistí perplejo a todo esto de lo que os hablo en televisión, en el contexto del programa “Al rojo vivo”. Un programa que criticó tan justa como ferozmente la intervención de Rafael Hernando. Y, sin embargo, para mi el acto más escandaloso de la mañana lo cometió su guapa presentadora cuando, justo antes de la intervención del innombrable y a escasos minutos del final de su programa, les preguntó a los intervinientes del debate: ¿Tenéis algo más que argumentar sobre el tema del Peñón de Gibraltar o damos paso al tema del hambre infantil en Cataluña? Pero ¿acaso puede haber algún tema más importante sobre el que tratar que el hambre de los niños? Sí, señores, ya hasta los periodistas han dejado de ser humanos, aunque muchos, en la vorágine del éxito, ni siquiera sean conscientes de ello.

miércoles, 7 de agosto de 2013

UN POLICÍA EN CADA CASA

   Manda cojones la mala ostia que tienen algunas paradojas. Aquí estoy, oyendo por primera vez a Fuel Fandango, un grupo de mi tierra que me está dejando flipado y que desconocía por completo y, a la vez, pensando en que si fuera nacionalista me pegaría un tiro. Compréndanme. ¿Cómo sentirse orgulloso de haber nacido en la misma tierra que la vomitiva, manipuladora de cifras e inepta ministra de empleo, la rostrocubista Fátima Báñez? Lo de ayer ya fue el colmo. Esta niña de papá se cree Edgar Hoover o, peor aún, una especie de jefa de la Stasi demudada a lo facha. No tuvo bastante con la pasada manipulativa de las cifras de hace unos días, cuando nos vino a decir que gracias a su gestión al frente del ministerio se había evitado el despido de más de 900.000 currantes españoles y comenzaba a crecer la contratación (así, por la cara, y falseando las encuestas si es necesario), que ayer se desbarra anunciando la obligación de todo ciudadano español de ser un puñetero chivato. O sea, que a partir de ayer usted tiene la obligación con el estado de denunciar a su hermano que lleva parado más de tres años, que ya no cobra ninguna ayuda y que desesperado por no saber cómo alimentar a sus tres hijos acepta trabajar en lo que sea y sin contrato con la ilusión de llenar ese día los platos del almuerzo en casa (si aún la tiene, claro). Y digo hermano porque es lo que debiéramos ser todos los que estamos en una situación difícil, aunque eso en realidad no sea más que una utopía. Pues ya sabe usted. El estado no es quien tiene la obligación, a través de sus funcionarios de empleo, de perseguir a los empresarios que se están hinchando de ganar pasta explotando a míseros desesperados. No, ni se le ocurra pensarlo porque, según la innombrable, son los curritos humillados y vejados los que defraudan a malsalva y están hundiendo la economía española. No los políticos corruptos con cuentas en suiza y otros paraísos fiscales, ni los banqueros que aún piden ayuda pública a la vez que anuncian un aumento del 65% en sus beneficios del último trimestre con respecto al mismo del año anterior, ni los directores que vaciaron las cajas de ahorro. No, a esos no se les persigue, a esos, si se les pilla, se les indulta después. Es a los sencillos trabajadores malacostumbrados a bienvivir a los que es necesario perseguir, acosar, coaccionar y extorsionar. Se les ve el plumero a estos señores del PP, estos lo que quieren es esclavos que, sonrientes, acepten serlo y sin tener en cuenta la precariedad de sus salarios, encima, abonen religiosamente su recibo de autónomo. ¿Acaso se puede ser más cínica y despreciable? ¡Un policía en cada casa y sin contrato y que florezca el odio entre vecinos y chivatos!
  
   Dígame: ¿Acaso está usted dispuesto a vivir en una sociedad así?





sábado, 3 de agosto de 2013

CONTRA LA INGENIERÍA DE LOS NÚMEROS PRIMOS

El hambre luna rota en los platos del almuerzo
bajo la atenta mirada de niños
y hombres despojados de futuro.
Y en las cimas de las torres
ratas suntuosas forjan el acero
que refuerzan las murallas.

El humo se diluye en el olvido
y ningún Fénix se adivina en las cenizas
sólo nos queda la humedad del estiércol
las semillas despreciadas por el poder
la utopía imposible de los insectos
y la flor que inmola sus pétalos para poder volar.

¿Cuándo dirá basta la horda humillada
e incendiará sin sangre los horizontes?
¿Cuándo desbordará los límites de contención
este caudal incontenible de ignominia?
¿Cuándo rechazará tan abyectos eufemismos
la paloma malherida de la paz?

Por el aire se expande un fuego invisible.
Los seres vulnerables son ignorados en su muerte
borradas sus huellas bajo la gélida pisada
de la desidia social. Nada importa
salvo el nido que salvaguarda los tesoros.
Y la luz se extingue en la eterna cloaca del pueblo.

En las escuelas los niños aprenden el interés
que habrán de pagar en su vacio.
El mundo teatro donde se interpretan
poses solidarias y falsos ejercicios de expiación.
Las flores verdaderas mueren ahítas de silencio
mientras sus copias se hacinan en clínicas estéticas.

Nada a lo que neguemos su valor podrá tenerlo.
Las acciones del amor se desploman en la bolsa.
Ya no existe desarrollo más eficiente para los pueblos
que la enloquecida ingeniería de los números primos.
La democracia es otra flor condenada a la mentira
en la que las víctimas se alimentarán de sueños rotos.

¿Acaso no laten los corazones en la oscuridad
no fulgura un colibrí en el interior del pozo?
¿Acaso estamos ciegos y el polvo y la prisa
nos impiden ver la ruina que hemos construido?
¿Acaso somos condescendientes y aquiescentes
con nuestro papel de víctima o verdugo?

Enterramos aquel carbón que se hizo rayo de sol
en el interior de la mina mientras aplaudíamos
la virtualidad de las pantallas planas en la oscuridad.
Ansia y deseos agitaron el motor de la avidez
desdeñamos la caricia de la brisa y la prisa se hizo ley.
Diseñamos ensoñados nuestro propio infierno.

¡Qué breve la sonrisa antes de caer al precipicio!
¡Qué cruel despertar de dientes destrozados contra el suelo!
¡Qué volátiles los sueños firmados en el banco!
¡Qué asfixiante el reconocimiento del amor perdido!
¡Qué sensación de orilla en el desierto! ¡Qué letal
ver la luna de tus sueños rota en los platos de los hijos!
 

¿Y ahora qué hacer...............................? 
¿Seremos capaces de admitir nuestros errores
de derruir las columnas de la inmoral codicia
reciclar los materiales de la insidia
y dotarlos de la luz de la razón sentimental?
¿De añadir un verso más de amor a nuestra historia?


Llegó el momento de desandar la estaciones
arrancarnos la raíces, desechar lo inútil aprendido
sumergirte en la pureza de esa lágrima
que rebosa el vientre de la madre, nadar entre corales
y peces de colores, apretar entre los dientes
el tubo del oxígeno y volar.
Volar entre dos aguas de vida renovada.

Llegó el momento de cerrar los ojos y creer
creer en el resplandor oculto en toda noche oscura
en la verdad del agua clara, en el hombre que dentro
de su pecho abraza a un niño, en quien mira
con ojos nuevos el misterio del amor
aquel que se asoma desde un pozo y ve el mar, henchido
y frágil, acariciando la piel encendida de la aurora.

miércoles, 17 de julio de 2013

BOCHORNOSO ESPERPENTO

   Hasta luego, pringao. Esa fue la despedida con la que Antonio finalizaba la carta remitida a su primo. Y cuando Antonio fue a visitarlo a la cárcel, el primo no pudo contenerse y le preguntó el porqué de aquel final. A lo que Antonio respondió: Porque a ti te han pillao, reiterando de nuevo y con mayor enjundia si cabe lo de pringao. Esa escena tan clarividente y chabacana es la que se repite hoy a diario el los medios de comunicación de nuestro país. Aunque en vez de presos de baja cuna, los actores son los elitistas señores de la casta política, señores de traje y corbata pero, en el fondo, tan macarras y chorizos como aquellos que imaginamos en presidio.
 
 
Nunca he hablado en mi blog del caso Bárcenas, o Gürtel, o de la financiación ilegal del PP, a pesar de existir plúmbeas razones para ello. Tampoco he llegado a pedir aquí la dimisión de Rajoy. Total, ¿para qué? Asisto diariamente, como todos, a este espectáculo esperpéntico que interpreta el conjunto de la sociedad española, es decir, el gobierno, los políticos, congresistas o no, el pueblo, la judicatura, la iglesia, los grandes empresarios, los bancos y los lucrativos medios de comunicación, y sólo percibo una verdad aplastante: Un gobierno y unos políticos que mienten sistemáticamente a un pueblo que continuamente se autoengaña. Lo de Bárcenas es escandaloso, lo de la repartición del botín por el negocio de las contratas, a sabiendas de que eso finalmente vaciaría los bolsillos y depósitos bancarios de los españolitos y que dispararía la deuda del estado es vil y abyecto, pero también lo es asistir a la bochornosa guerra sin reglas que llevan a cabo los distintos partidos, todos preocupados únicamente por copar el poder y poseer el tesoro, sin admitir que lo del PP no es más que una práctica habitual y llevada a cabo por todos (hay casos de corrupción en todos los partidos) y sin preocuparse en absoluto en pensar unos minutos en si no será mejor una limpieza profunda, al estilo Don Algodón, y cambiar de una vez por todas las leyes de control de los partidos, la ley electoral o tantas otras que han posibilitado tanta mierda al cuello en la defenestrada marca España. Es bochornoso también ver la lucha navajera de los periodistas, sean untados por uno u otro partido, hablando entre ellos con un lenguaje enrevesado y confuso y con la clara intención de verificar mentiras, desprestigiar verdades o crear cortinas de humo que nos impidan la visión. Hoy no son más que señores serviles del eufemismo y del amo que les paga. Es bochornoso asistir a la continua desazón de la ciudadanía ante el desarrollo de los estudios de los expertos, empresarios y banqueros codiciosos en su cúspide, que con mentiras nos hablan de competitividad, la viabilidad de las pensiones, el desfase tarifario de las energéticas, y un larguísimo etcétera. Es bochornoso ver a los adalides de la política colocados en las empresas que florecieron, exponencialmente, bajo su mandato. Es bochornoso ver morir a tanto ser humano vulnerable a causa e los inhumanos recortes que llevan a cabo los mismos que vaciaron la caja de todos, Es bochornoso… y bochornoso…. y bochornoso… y ya da vergüenza mirar.

   Pero también es bochornosa, y más si cabe, la reacción del pueblo, ahítos de desidia frente a lo que está ocurriendo, sin salir en masa a la calle a exigir honestidad en quienes manejan el percal y les estafan su bienestar. O, en todo caso, se dedican como mucho a pedir firmitas demagógicas sin ninguna utilidad, exigiendo dimisiones de los mismos que ellos encumbraron con sus votos. Y no es que sea falaz exigir dimisiones en este gobierno a través de esas firmitas, pues ya es imperante echar a estos señores del lugar que ocupan, pero es de idiotas imaginar que tipos tan desvergonzados como los que nos gobiernan se puedan sentir inquietos por un millón de firmas cuando fueron 8 los millones de votos que les dieron el poder. Demagogia pues, pura y estúpida demagogia, en un pueblo que perdura en su ensoñación y en su lucha interna, blandiendo las banderitas interesadas de su simpatía partidista, tal y como hacen los periodistas, sin pago evidente a sus servicios, pero con la ilusión palpable de que si el gobierno cambia y entran en su lugar los amiguetes, cambiará la situación de cada cual. Un pueblo que se autoengaña constantemente imaginando una gran victoria sin que sea necesaria la batalla pacífica en masa, ni la unidad total en las calles. Un pueblo que se autoengaña pensando que las cosas vienen solas, tan solo por la exigencia expresada y no por el trabajo coordinado y unido de toda la población, sin banderas, ni intereses individuales.
   En fin, como decía el primo de Antonio: A ti te han pillao, pringao y mientras no me pillen a mi…. que siga la fiesta y el desenfreno.

lunes, 15 de julio de 2013

LA NIÑA ANASTASINA

   ¿Vemos las cosas tal y como son o, en  realidad, vemos lo que deseamos ver? Anoche compartí momentos maravillosos con mi amigo Fernando D. Rivas y mi amigo Ernesto, en los que nos dedicamos a fabular historias, basándonos en un hecho inicial concreto conocido, para derivar en lo que pudo ocurrir después, en las consecuencias que pudo acarrear tal hecho y que son totalmente desconocidas. Pero antes presentemos a mis amigos. De Ernesto ya os he hablado en otras ocasiones, es psicólogo clínico, por tanto es fácil adivinar lo acostumbrado que ha de estar a los delirios humanos. El otro, Fernando, es un ser mágico, un surrealista sempiterno y un pintor excepcional, que se dedica a dibujar cabinas telefónicas en mitad de un erial desértico y cuya sombra sirve de cobijo a un exhausto borrego, buzones de correos entre las dunas arenosas de la playa, gallinas picoteando la espuma de las olas o escenas de un circo imposible en el que los domadores sostienen entre sus brazos a rollizos elefantes. Muy pronto Fernando comenzó a relatarnos la historia de la volatinera. La descubrió en el cementerio de su pueblo andevaleño. El nombre que figuraba en la lápida era Niña Anastasina y la fecha del entierro unos borrosos años 40 del pasado siglo. Según relataba, la finada fue una volatinera que llegó a la Puebla de Guzmán con un circo ambulante y que tuvo la mala suerte de sufrir un accidente mortal en plena actuación, realizándose posteriormente una colecta popular para cubrir los gastos de las exequias. Lo extraño, decía Fernando, era que al parecer existen tres pueblos más de la comarca en cuyos cementerios se ubican tres tumbas con idéntico texto en las lápidas. Bueno, exactamente el mismo texto no, las fechas del funeral se diferencian en unos cuántos meses.

   La desaforada inventiva de Fernando le llevó a fabular una posible explicación al desenlace. Y su imaginación nos relató la historia de un circo en el que la estrella principal era una chica, emparentada en la lejanía con el gran Houdini, y que tenía la facultad de paralizar su pulso y el latido de su corazón, como las iguanas bajo el mar, de tal forma que engañó al pueblo y sus autoridades. Y tras la recaudación y el velatorio, fue enterrada durante horas, hasta que en la impunidad de la oscura noche, era desenterrada por sus compañeros de circo y huían todos con el botín. Yo aposté por una historia más cruel, teniendo en cuenta el contexto histórico que tratábamos, en plena posguerra, con el hambre desgarrando los estómagos de España y el odio a flor de piel por las esquinas. Yo imaginé que el circo secuestraba huérfanas de familias rojas en los pueblos y las obligaban, en otro pueblo distinto, a hacer filigranas en el trapecio, a sabiendas de que caerían al vacío sin red. Nadie echaría en falta a esas criaturas y nada haría la guardía civil por ellas en caso de enterarse. ¿Quién iba a interesarse entonces por la hija de un comunista? El negocio era redondo para todos, el circo se hacía con el tesoro y las autoridades se deshacían, sin mancharse las manos, de la escoria roja. Y finalmente Ernesto, más conocedor de los recovecos perversos de la naturaleza humana, optó por la historia más lógica. Según él, autoridades del pueblo, es decir, alcalde, comandante de la guardia civil, cura y médico, eran cómplices de los cómicos en el montaje del fraude y entre todos se repartían la colecta. (Parece una historia actual, ¿verdad?)


   Tres finales que podemos escoger según seamos más realistas, más ensoñadores o más catastróficos. Tres visiones de un final desconocido en una historia sin certezas. Tres formas distintas de fabular que incidirán tres profundos sentimientos posibles en el oyente o lector.  La expectación ante el misterio, el desprecio a los miserables buscavidas o la indignación suprema de la víctima: el pueblo. Tres posibles historias distintas en las que en ninguna se muestra la verdad, pero que, sin pretenderlo, ejercen una manipulación soterrada en su construcción. Menos mal que ninguno éramos periodistas y reconocemos sin pudor cuánto nos gusta fabular. Lo malo es que muchos que lo son siguen huyendo de archivos e indagaciones costosas y prefieren visitar los cementerios e inventarse historias sobre lápidas a las que algún día pondrán nombre.