domingo, 3 de junio de 2012


ABANDONADOS

   A la Sra. Emilia la invitaron al magazine matinal. Iba a ser entrevistada por la famosa presentadora del momento. El estudio estaba pintado de verde, de verde ecologismo, diseñado a juego con la indumentaria campestre que lucía la guapa presentadora. La Sra. Emilia mostraba a cámara a su perrito Fufú, con el orgullo de una madre correspondida. El tema versaba sobre los derechos de su pequeña criatura. Relató cómo encontró a Fufú abandonado, en la calle, desaliñado y desnutrido, y no pudo resistirse ante su carita tierna de bebé y se lo llevó a casa. La Sra. Emilia sabía que los animales tenían sus derechos y que abandonarlos al peligro de las calles era una brutal crueldad. Lo que desconocía la Sra. Emilia era que, en aquel mismo momemto, Jesús, el indigente, estaba sentado sobre unos cartones fríos en la puerta de los grandes almacenes aledaños a los estudios en los que ella era entrevistada. Jesús miraba hacía el interior del comercio, con la mirada fija en la pantalla plana del televisor de plasma que había en el escaparate y podía oír con nitidez la palabras de la Sra. Emilia. 

Una hora más tarde la Sra Emilia salía de los estudios de televisión y se encaminaba hacía la parada de taxi más cercana. Y, en el trayecto, se cruzó con Jesús, coincidiendo sus miradas. A Jesús le brotaron unas lágrimas repentinas y el nudo que se le hizo en la garganta le impidió pronunciar palabra. Tan sólo alcanzó a expresarse con dos escuetos ladridos, que contenían una esperanza infinita.


sábado, 2 de junio de 2012


LA ESTADÍSTICA DEL POBRE

   ¿Qué la poesía es un arma de futuro me dice? ¿qué la cultura y la riqueza del lenguaje nos hará libres? ¿cuántas personas en el mundo tienen estudios universitarios? ¿cuántos leen? ¿y cuántos comprenden lo que leen? ¿y de esa inmensa mayoría creciente que son los incultos, cuantos ocupan puestos políticos? ¿y aún cree usted en  la democracia, en la libertad, en la justicia? ¿Por qué su poesía rechaza tanto mi estadística? ¿No será que el frío no me permite expresarme y usted guarda eufemismos maravillosos en su abrigo?


¡QUÉ MIERDA DE JUSTICIA!

La situación de la justicia en España es bochornosa. ¿Quién puede creer en ella tras los evidentes escándalos en los que se halla envuelta? Si ya era flagrante en los últimos años, ocupándose tan sólo de blindar la impunidad de sus representantes institucionales (¿saben que a un juez sólo se le puede condenar por prevaricación si es cogido in fraganti?),  tergiversando las leyes en función del propio interés corporativista ( desde 1997, sólo han llegado a juzgarse al 1,4 % de los jueces acusados de prevaricación y cohecho y, de estos, sólo el 0,6 % fueron condenados) o para quitarse de en medio a aquel que se rebele o revele algún secreto, como hicieron con Garzón y harán con el miembro del CGPJ que denunció a Carlos Dívar; ahora, la situación se regocija en la codicia más indigna y denigrante. Desde el ministro, el flamante Gallardón, al CGPJ, pasando por la fiscalía y la inmensa mayoría de los juzgados de este país, rebosan en la inmundicia y la obscenidad.

¿Cómo pueden creerse los políticos y los omnipotentes jueces de este país que el pueblo no va a reaccionar ante tantos desmanes y desvergüenza? ¿Es que acaso piensan que somos tontos y nos creemos las explicaciones del señor Dívar? ¿Creen  que vemos como algo natural que se amnistíe a banqueros como el señor Botín, a cambio de irrisorias limosnas? ¿Imaginan que nos tragamos la legalidad de las preferentes de los bancos? ¿Se piensa que apoyamos que Garzón esté inhabilitado, mientras otros viajan lujosamente a Marbella, con cargo al erario público? ¿Creen que defendemos la libertad de ladrones como Camps y Costa, que no se juzgue a nadie por el caso Bankia e, incluso, aplaudimos que el juez Ruz rebaje la fianza de Correa, el cabecilla del caso Gurtel, y se desbloquee una cuenta (parece ser que ilícita) en este mismo banco, para que éste pueda pagar su fianza de 200.000 euros y sea puesto en libertad?


El colmo del cinismo, ¿verdad?, con el dinero de los ciudadanos que se va a entregar a Bankia, se pondrá en libertad al mayor acusado de la trama Gurtel. No me digan que esto no es un cachondeo.

Lo que están haciendo los poderes con el sistema judicial en España es indignante y criminal y no debemos seguir consintiéndolo. Y, para colmo, los recortes en justicia han afectado gravemente a la partida destinada a abonar sus servicios a los abogados de oficio y, estos, ya han emitido un comunicado al ministerio avisando de que no pueden seguir costeándose los gastos, ya que les adeudan muchos meses de servicio. Esto, avisan los abogados, puede abocar en el hecho de que las personas sin recursos carezcan del derecho a defensa en los juicios, un derecho constitucional que los poderosos parecen obviar, si no hay dinero de por medio. Esta es la justicia impuesta en nuestro país, señores, la justicia impuesta por los ricos para favorecerse a sí mismos y aplastar al pobre. Y seguimos sin recurrir a los tribunales internacionales para demandar a todo nuestro sistema judicial. Nada. Ningún partido se atreve a iniciar una denuncia de tal calado, tal es el pavor que le tienen a la posible reacción de los politizados jueces españoles.

¿Alguien lo entiende?... y... ¿se puede caer aún más bajo?



PALABRA DE LOCO

  Quién, en su sano juicio, podría corregirme todavía afirmando que son molinos de viento y no gigantes. En ellos se muele desde siempre todo el trigo cosechado en el pueblo. Y si a ellos te acercas exigiendo ración sin pago, te molerán también. A palos, por supuesto.


viernes, 1 de junio de 2012


                                                        

        LIBERTAD


   Con los primeros rayos de un nuevo amanecer, el pájaro despertó y comprobó que la puerta de la jaula estaba abierta. 
   ¿Para qué?, se dijo, si no puedo vomitar la jaula que llevo dentro.



LA CÍNICA ESPAÑA

Si debiéramos definir a la sociedad española con un solo adjetivo, ese sería sin duda, el de cínica. Lloramos temblorosos ante la escalada de la prima de riesgo, pero nadie quiere reconocer su parte de culpa en esta historia, ya sea por anuencia con los grandes estafadores, por si caía algún regalo, o por pasividad ante lo que ocurría de forma tan evidente. No era normal que estuviésemos  imbuidos en la carrera competitiva para llegar a esto, un país donde un enfermo de diálisis tiene que pagarse la ambulancia, mientras sobran coches oficiales para llevar a los políticos a las inauguraciones de aeropuertos en los que jamás aterrizará un avión. Lo de Bankia no es más que un estallido de tanta podredumbre acumulada bajo el volcán que es España. ¿Culpables? En gran medida los responsables de manejar el cotarro. En el caso de Bankia los políticos puestos a dedo por los distintos gobiernos autonómicos al frente de las distintas cajas de ahorros que conformaron finalmente el gigante con pies de barro y que se olvidaron de los pequeños inversores y depositarios de las cajas que dirigían, gestionando las mismas en su favor y el de sus amigos y partido, robando, condonando deudas electorales a su partido, imponiéndose repartos de dividendos fraudulentos a través del falseo de los balances, supravalorando los activos inmobiliarios, indemnizaciones multimillonarias en caso de cesión en el cargo y blindándose con pensiones vitalicias de escandaloso montante. Concediendo subvenciones de centenares de miles de euros a su propio partido o a las fundaciones creadas por el partido y afines a este, regalando limosnas en forma de subvenciones a pelotas y aduladores, repartiendo sobres bajo cuerda para festejos y celebraciones (una vez, alguien importante me habló  de un sobre de 3.000 euros destinados al alquiler, durante la semana de la romería, de una casa en el Rocío y, sí, el sobre salió de una Caja), concediendo créditos blandos e, incluso condonando la deuda después, a sindicatos afines, a la CEOE, o a empresarios afines y, normalmente, socios en los negocios.

Ellos, los gestores visibles, son los principales culpables, pero la verdad es que aquí no se salva ni Dios. Desde el empresario que soborna, hasta el miembro del consejo, sea del partido, sindicato o asociación que sea, y que ha disfrutado del pastel de forma directa, con reflejo en su cuenta bancaria o en la acumulación de bolsas negras bajo su cama, o de forma indirecta, regocijando su anuencia en los magníficos ágapes que la institución ofrecía, amén de los buenos contactos y el prestigio social que proveía, con el tiempo, en magníficas oportunidades de negocio. Pero también es culpable el adulador que llegaba para pedir una subvención que financiase su proyecto personal (cuántos de esos se sientan en Sol y proclaman su rabia contra el sistema, como Pedro Almodóvar, al que admiro como cineasta, pero no por su ambigua hipocresía, y sino que nos diga cómo consiguió su hermano Agustín financiar el documental sobre Saramago). Todos hemos sido unos cínicos durante muchísimo tiempo y todos hemos sido culpables porque sabíamos cómo funcionaba esta sociedad y nada hacíamos por evitarlo. Éramos conscientes de que las leyes no se cumplían, que no existía transparencia en España, es más, se nos presentaban como verdades transparentes, zafias y burdas mentiras y entrábamos en el juego y hacíamos como que nos lo creíamos todo, porque eso nos interesaba, nos podía ayudar a aumentar un poquito la nómina o a recibir algún premio si eras artista o a serte concedida una beca o una subvención de cualquier tipo. De ese modo se han callado muchas bocas en nuestro país. En cuanto aquel que estaba en el poder divisaba un enemigo ciertamente temible, le llamaba a su despacho y le ofrecía algo, un puesto o lo que sea para callarle la boca y la gran mayoría aceptó. Yo conozco a varios de esos, ¿y usted?

Mientras tanto la burbuja inmobiliaria crecía. Se financiaban proyectos tan majestuosos como inútiles, aeropuertos sin aviones, edificios institucionales superfluos, parques tecnológicos, agroalimentarios, etcétera,  que después permanecían cerrados durante años y todo por el sacrosanto tanto por ciento que se llevarían algunos bajo cuerda. Pero nos daba igual (entonces el pueblo decía: Sí, ellos roban, pero me dan trabajo), porque nos daban trabajo sus obras especuladoras y la nómina nos posibilitaba el crédito del coche guapo o de la vivienda soñada. Hemos sido unos cínicos durante demasiado tiempo y ya es hora de que asumamos la verdad e intentemos cambiar esto, señores, si no queremos ser devorados por la bestia cruel que hemos creado.

No es concebible que en estos momentos en los que España tiembla ante el abismo, se abra una tienda Ferrari en Madrid y el pueblo en masa esté allí congregado para adorar a Fernando Alonso y a todo el lujo abyecto que le rodea, mientras la prima de riesgo supera los 530 puntos. No es normal que la noticia que hablaba de la apertura de dicha tienda, anunciara que la práctica totalidad de los productos fueron vendidos en la primera hora de comercio, incluyendo un motor de fórmula 1 por 50 mil euros y monos similares a los que usa Fernando en las carreras a 10.000 euros la unidad. ¿Pero es que estamos locos? El país en caída libre y seguimos adorando a Don Dinero. ¿Cómo podemos permitir que la venta de productos de lujo haya aumentado un 33% en el último año, mientras casi 2 millones de familias en España no tienen ningún ingreso y aumentan las muertes de personas por inanición, abandono o suicidio?

Señores, los grandes culpables de esto deberían ser juzgados y condenados por el sufrimiento que están engendrando en tantas y tantas familias de este país. Me refiero a los políticos (y no me pregunten, por favor, de qué partido, porque todos, con poquísimas excepciones, han gozado de privilegios inmorales y deshonestos). Me refiero a los grandes empresarios, esos que defraudan cada año 80 mil millones de euros a la hacienda pública. Me refiero a algunos representantes sindicales, a los administradores de muchas fundaciones, a los que montaron ONGs y asociaciones con el objeto de recaudar fondos públicos en su propio interés. Todos ellos deberían sentarse en el banquillo, aunque con miserables como el señor Dívar al frente de la justicia también lo llevaríamos claro. Y por eso también somos culpables cada uno de nosotros. ¿Cómo puede el pueblo español soportar y permitir todo esto sin morirnos de vergüenza? O cambiamos el chip ya, y abogamos por la justicia sin temor a la precariedad o moriremos con la estúpida dignidad de un despojo inútil. Salgamos a la calle, caminemos hacia los juzgados de Madrid y saquemos al impresentable prevaricador de su poltrona. Luchemos por dignificar primero la justicia de este país y, después, purifiquemos tanta podredumbre institucional y socioeconómica con el tiempo. Es imperativo que comencemos a hacerlo ya, sino queremos ser la mayor vergüenza de nuestros propios hijos.

PD: Hoy los Rothschild y los Rockefeller se unen. Es decir: RIT Capital Partners, un fondo de inversiones presidido por el barón Jacob de Rothschild, acordó comprar el 37% de Rockefeller Financial Services, la matriz de Rockefeller & Co, con lo que ambas compañías esperan capitalizar sus apellidos y sus contactos para crear nuevas oportunidades de negocio, informa la página web de la BBC. RIT tiene unos US$2.900 millones de dólares en activos, mientras Rockefeller y sus subsidiarias administran US$34.000 millones en activos.

Ellos se están preparando ya. ¿Cuándo lo haremos nosotros?







DOS MUNDOS

   La chica hipersolidaria de la ONG, llegó, sofocada por el peso de los bocadillos que arrastraba, al polideportivo del pueblo, donde estaban acogidos los sudsaharianos que tres horas antes arribaron sus pateras a la playa.      
   Sonriente les dijo, tras recuperar el aliento: -¿tendréis apetito?, con la esperanza de que algunos de los presentes entendiera el castellano. 
   Uno de ellos levantó el brazo y en un leguaje rudimentario contestó: -señorita, lo que ustedes llaman apetito, nosotros lo llamamos hambre.