martes, 9 de julio de 2013

LA CONSPIRACIÓN DE LOS MOSQUITOS

 
   Ni de la cárcel del Bárcenas, ni de las dificultades de encontrar trabajo, ni del hambre que pasarán muchos niños este verano. Ni tan siquiera del juicio del psicópata Bretón. De lo que más se habla en estos días en Huelva es de la conspiración de la manipulación biológica que las industrias del polo químico llevan a cabo con los zancudos o, como más coloquialmente se le conocen, los mosquitos, esos seres casi invisibles y cuyo zumbido oyes en la oscuridad de tu habitación instantes antes de que te chupe la sangre. Según la leyenda urbana, los mosquitos este año son distintos, se han vuelto indestructibles. Estaba el domingo en la farmacia del barrio cuando entró una señora metidita en carnes y años, y con el rostro marcado por la señal evidente de una mano abierta. Saludó educadamente y, de repente, le soltó a la dependienta: “Mira a ver, chiquilla, qué tienes por ahí para quitarme pronto este moretón, que anoche intenté matar a un mosquito y fíjate cómo me he dejado la cara, mientras el cabrón seguía tan campante. Lo cacé, seguro, pero es que con la mierda que sueltan por las noches las fábricas se han vuelto inmunes. Ni el Rambo ese podría con ellos. Parecen hechos de hierro, chiquilla, hasta la mano me duele todavía. Y  el cabrón me miraba cachondo, justo delante de mi nariz, cuando encendí la luz”.
 
 
Como siempre, algo de verdad habrá en la sabiduría popular, aún cuando los límites entre sabiduría y superchería se confundan demasiadas veces. La mayoría del pueblo desconoce que antes se invertía cada mes de junio en el riego intensivo de insecticidas en las marismas onubenses, con lo que el groso de larvas de mosquitos eran destruidas y ya no parece haber dinero en las arcas municipales y autonómicas para tales menesteres. Es decir, que el número de mosquitos ha crecido exponencialmente al mismo ritmo que el de aves insectívoras y murciélagos nocturnos. Pero lo que si sabe el pueblo, y no por inteligencia sino porque se lo traga cada noche, es que todos los veranos, aprovechando el exilio natural a las playas de los vecinos de la urbe que se lo pueden permitir, las fábricas del polo químico de Huelva abren las espitas de chimeneas y tuberías y sueltan aires y vertidos irrespirables. Y uso la palabra irrespirables con pleno conocimiento de su significado, porque más de una vez hemos tenido que cerrar las ventanas, a pesar del calor, ya que el escozor en los ojos y la irritabilidad de las vías respiratorias era insoportable.
   No, los poderosos señores de la industria química no experimentan con los insectos con la idea de convertirlos en armas indestructibles contra el pueblo, experimentan directamente con nosotros, nos envenenan por ambición y por codicia, por la rentabilidad económica de sus bolsillos. Y el gobierno se muestra agradecido por ello, ya que les evita gastos superfluos en viejos que vivos ya no sirven para nada. No sé cuántos mueren envenenados cada verano en este rincón olvidado de España, ni existen, ni interesan las estadísticas sobre ello, pero seguro que serán muchos. Mientras tanto, el pueblo llano protesta a su manera en calles y farmacias, paseando sus rostros marcados por las ostias auto-infligidas y el miedo a toparse con una nueva nube de mosquitos monstruosos. ¡Qué gran negocio para la industria farmacéutica!


miércoles, 3 de julio de 2013

SECUESTRADO, PRISIONERO E INVISIBLE

   Joaquín cogió su guitarra, se la echó al hombro, y comenzó a caminar en dirección contraria a Huelva. Era la primavera del año 1968 y pocas horas después un Seat 27 lo dejó en Torremolinos. Allí sobrevivió los primeros días tocando rumbas y bulerías entre las mesas de los turistas, luego un grupo flamenco lo fichó para sus espectáculos y al finalizar el verano se fue con ellos a Madrid. Su dominio del compás era genético, lo traía en la sangre desde antes de nacer. Ya su padre tamborileaba con los dedos los distintos palos del flamenco sobre el vientre de su embarazada esposa, de igual forma que él haría años después sobre la mesa de la taberna bajo las atentas miradas de Kirk Douglas y Ava Gardner.
   Ayer estuve con él y, como siempre, me volvió a enseñar el pequeño cartel, ya sepia y arrugado, en el que se le ve tocando su guitarra junto a Lola Flores, Carmen Sevilla, La Polaca, Marisol o Pepa Flores, Antonio “El Bailarín”, El Pescailla y otros músicos y palmeros. Sus ojos siempre brillan un instante al mostrarla, pero pronto cierra los ojos, suspira, dobla el cartel en dos pliegues y vuelve a guardarlo en su bolsillo. Volvió a contarme anécdotas glamorosas sobre sus fiestas con los cineastas americanos; desternillantes como aquella sobre el oro que le regalaba la querida del párroco; inquietantes como la vez que tuvo que pasar la noche bajo una cama en la que se tiraba a una prostituta el comisario más cabrón de todo Madrid. Me habló de una juventud de juergas y desenfreno, pero también de las infinitas horas de soledad en hostales de mala muerte. En esas horas me leía todo lo que caía en mis manos, Francis, sobre todo novelas de vaqueros, me confesó. Tuvo casi tres décadas maravillosas, pero el paso del tiempo es cruel y fue relevado con el tiempo, debido al ímpetu de otros más jóvenes y a la decadencia del flamenco tras la transición. Y volvió a su tierra de nuevo, con algunos ahorrillos con los que se hizo con el traspaso de la taberna La Jangarilla, en la que sonó por primera vez en Huelva los acordes del “Volando voy, volando vengo…” de Camarón. Su taberna se convirtió en punto de encuentro de flamencos, amantes de la libertad y de la marihuana, de los nuevos progresistas de la izquierda naciente y de la vanguardia artística de la ciudad. Aquí Joaquín encontró el amor y concibió a su único hijo. Aquí todo apuntaba al logro de la serenidad ansiada, pero la enfermedad apareció sin compasión y un problema de circulación sanguínea en su cuerpo obligó a los médicos a cortarle una pierna.
   Tras la mutilación su vida cambió radicalmente. Él vivía alquilado en el tercer piso de un edificio sin ascensor, de modo que fue como un ingreso en prisión, condenado a permanecer encerrado en una casa en cuyo balcón se podía leer una pancarta que decía “SECUESTRADO, PRISIONERO E INVISIBLE” y que permaneció colgada durante cuatro años. Así, con letras mayúsculas lo había escrito él. Tuvo que traspasar la taberna para lograr sobrevivir, ya que al no haber cotizado apenas, le quedó una paga no contributiva de 325 euros. La casa carecía de las medidas necesarias para que su silla de ruedas entrase por cualquier puerta, tenía que hacerse sus necesidades encima y luego limpiar sus excrementos su mujer. Los distintos organismos a los que acudió para pedir ayuda y un piso de alquiler social adaptado a sus necesidades le ignoraron y comenzó su lucha. Llegó a estar en huelga de hambre tres veces. A partir del cuarto día sin comer se comienza a pasarlo muy mal y después de veinte tu cerebro deja pensar con lucidez, me ha dicho varias veces. Pero hasta que las televisiones no comenzaron a hablar de su caso, las instituciones ni se inmutaron. Cuatro años duró su sacrificio y su encierro, en los que tuvo hasta emuladores por otras esquinas de España que estaban en su mismo caso. Hasta la BBC inglesa se desplazó a Huelva para entrevistarle. Fue entonces cuando la Junta de Andalucía le prometió una vivienda adecuada, pero le engañaron, le entregaron un dúplex de dos plantas en los que los dormitorios estaban en el piso de arriba, con un ascensor interior que ocupaba casi todo el espacio de una casa sin puertas, ya que con éstas su silla no logra pasar. Apenas 40 metros cuadrados le queda a la familia. Imaginen la nula intimidad.  Hoy Joaquín es un miembro importante de VIA Andalucía, organización que se ocupa de la defensa de los diversos funcionales en nuestra comunidad autónoma.
   Según un estudió de José Chamizo, el exdefensor del pueblo andaluz, en 2003, en Andalucía vivían 320.000 personas condenadas al encierro en sus casas y a la invisibilidad social y en España casi un millón y medio, imagina cuántos debe haber ahora, me decía ayer Joaquín, mientras degustábamos unos vinos en un bar cercano a su casa. Javier y yo habíamos quedado con él para acompañarle a un piso que le ofrece la Junta de Andalucía tras siete años de presiones judiciales, debido a la denuncia impuesta por Joaquín y cuya resolución obliga a dicho organismo y desde hace siete años a entregarle una vivienda de alquiler social adecuada para él. El piso nuevo está muy bien, es perfecto, pero… Yo pagaba 9 euros de alquiler en mi vivienda de renta antigua y ahora a ver lo que me piden, comentó Joaquín. Yo le miré y le dije: Joaquín, a ti lo que te pasa es que estás en el umbral de la victoria y eso quiere decir que ya no tendrás porqué luchar. En realidad tienes miedo porque ahora no sabrás qué hacer. Te otorgan la conquista, pero con la victoria te cortan las alas. ¡Qué cabrón eres!, Francis, me contestó, con una pícara y esplendorosa sonrisa en su rostro. Luego seguimos con las anécdotas de la juventud, tamborileando él con sus dedos en la mesa el compás de la bulería que sonaba en su cabeza. Entre vinos y cervezas sonreímos y fuimos cómplices efímeros... y soñamos despiertos durante unas breves horas…
   Hoy lo he llamado justo antes de escribir este artículo y me ha dicho que ha hecho cuentas y que el nuevo piso le va a salir por casi 400 euros al mes y que quizás sea mejor decir que no y seguir luchando.

A mi amigo Joaquín, con todo mi reconocimiento y admiración.

lunes, 1 de julio de 2013

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA


Suburbio de Potârnichea, Constanza.

   Nicoleta llegó a Huelva con un contrato de unos meses para trabajar en la campaña de la fresa. Ya le habían contado las amigas, allá en Rumanía, que era un infierno la faena bajo el sol implacable del sur de España. Pero ella temía más a la miseria en la que vivía y a los continuos malos tratos de los varones de su familia. Allá la alquilaban desde jovencita a extranjeros solventes y pervertidos. Y si a ella se le ocurría decir que no la molían a ostias. Escapó gracias al contrato que llegó desde España y una vez aquí descubrió que además de faenar en las fresas podría hacer, en sus horas libres, lo mismo que allí, pero sin que nadie la abofeteara ni le quitase el dinero. Pasaron los meses y la campaña de fresas terminó y, en lugar de volver, decidió quedarse, buscándose la vida con incautos y malqueridos hombres. Meses después la conoció Julio, empresario de hostelería y recién salido de la cárcel en la que estuvo 4 meses. Sus negocios, legales e ilegales, seguían funcionando, de modo que la pasta seguía fluyendo, pero en cuestión de amores se sentía aún más solo que en presidio. Total, que en la noche se encontraron ambos y decidieron unirse. Nicoleta entró a trabajar en uno de los bares de Julio y en su casa, en cuya cama de matrimonio concibieron a Julito. Un par de meses de felicidad hasta que la panza de la tía buena se convirtió en un obstáculo. Sé que ésta última expresión molestará a algunas, pero qué queréis que os diga, así es como piensa don Julio. Y enseguida Julio la relevó en el bar por otra rumana de buen ver. Y con el tiempo, mientras Nicoleta daba de mamar a Julito en el salón, don Julio se follaba a Nina en el dormitorio. Nicoleta aguantó casi dos años así, en los que también le puso alguna vez los cuernos a don Julio. Éste ya ni la miraba y los continuos reproches aduciendo que él no era el padre de aquel niño se convirtieron en el pan de cada día. Tres años después de su llegada a Huelva, Nicoleta y su hijo sin apellido paterno subieron a un autobús con destino a Rumanía.
 
 
Suburbio de Potârnichea, Constanza

Ya hace un año que Nicoleta se marchó. Y ahora Julio tiene problemas de conciencia y quiere recuperar a su hijo. Acaba de llegar de Potârnichea, una pequeña aldea del distrito de Constanza, la ciudad de los prodigiosos balnearios del Mar Negro. Allí, entre chabolas rodeadas de basuras y excrementos, volvió a vivir Nicoleta con su hijo. Ella ya se ha adaptado a las nuevas circunstancias, según cuenta Julio. Ahora tiene un chulo exboxeador y policía que la alquila cada noche al mejor postor entre los turistas de Constanza. Ya Julito apenas ve a su madre, siempre en la ciudad y sobrevive malnutrido entre boñigas de vacas y caballos. En la fotografía que me muestra Julio no parece el mismo, está desnudo, a pesar de los 11ºC, me confiesa Julio, y sus pies descalzos están sobre un pequeño arroyuelo que bien puede ser de orines. Su cuerpo está lleno de pústulas y le auguro un trágico futuro. Y Julio llora mientras me dice que tiene que conseguir como sea traerse al niño. Ya es la segunda vez que ha ido hasta allí –Nicoleta llamó requiriéndole la partida de nacimiento del niño- y las dos veces el chulo de Nicoleta le ha tangado 7.000 euros sin haber podido traerse al niño y habiendo sido extorsionado para que dejase allí los papeles españoles del niño. Y ahora lloro como una maricona, cuando pude darle a mi hijo aquí la vida que merece, seré cabrón, me dice Julio arrepentido. Quizás aún no sea tarde, le dije yo mientras palmeaba su hombro, pero la verdad es que me temo que ya sea tarde. El  niño probablemente morirá muy pronto en el país de Europa con mayor tasa de mortalidad infantil. Sus papeles serán entregados a cualquier matrimonio español que vaya hasta allí con la intención de adoptar a un niño, a cambio de pasta gansa, claro está. Nicoleta también morirá posiblemente debido a alguna paliza más fuerte de la cuenta y don Julio volverá a la cárcel o quizá desaparezca en alguna carretera perdida entre su tierra y Constanza, la ciudad milagrosa, la de los balnearios sanadores de tanta y tanta enfermedad.

jueves, 13 de junio de 2013

EL TRIUNFO DE LOS MEDIOCRES

Hoy deseaba escribir sobre la mediocridad de nuestro país. Pero he encontrado este texto de Forges que ya habla sobre ello y he comprendido que no podría expresar mis conclusiones mejor que él las suyas y que está claro que compartimos. Es por ello que  renuncio a escribir artículo alguno sobre lo mismo y, en su lugar, copio y pego sus palabras con las que estoy totalmente de acuerdo. Disfrutadlas. No tienen desperdicio.
    “Quienes me conocen saben de mis credos e idearios. Por encima de éstos, creo que ha llegado la hora de ser sincero. Es, de todo punto, necesario hacer un profundo y sincero ejercicio de autocrítica, tomando, sin que sirva de precedente, la seriedad por bandera. Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes, con una huelga general, o echándonos a la calle para protestar los unos contra los otros.  Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o  la señora Merkel.   Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre. Ningún país alcanza semejante condición de la noche a  la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente. 
Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan, alguien cuya carrera política o profesional desconocemos por completo, si es que  la hay. Tan  solo porque son de los nuestros.  Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla  como  el estado  natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre, reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia. 
 - Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura.  
 - Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un solo presidente que hablara inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre política internacional.  
 - Mediocre es el único país  del  mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir, incluso, a las asociaciones de víctimas  del  terrorismo. 
 - Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo tres veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola  del  mundo desarrollado.  
 - Mediocre es un país que tiene dos universidades entre las 10 más antiguas de Europa, pero, sin embargo, no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.- Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro, que sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.  
- Mediocre es un país donde la brillantez  del  otro provoca recelo, la creatividad es marginada –cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada.  
 - Mediocre es un país en cuyas instituciones públicas se encuentran dirigentes políticos que, en un 48 % de los casos, jamás ejercieron sus respectivas profesiones, pero que encontraron en la Política el más relevante modo de vida.  
 - Es Mediocre un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.  
 - Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.  
 - Es Mediocre un país, a qué negarlo, que, para lucir sin complejos su enseña nacional, necesita la motivación de algún éxito deportivo.  

ANTONIO FRAGUAS DE PABLOS (FORGES)" 


viernes, 7 de junio de 2013

EL VIAJE


Y ahora que un sol sanguíneo resplandece en el ocaso
buscaremos en la brisa claridades sin aristas, gestos
y palabras que iluminen la salida del presidio, voces
como pájaros que alcen el vuelo sin temor al horizonte,
porque el viaje nos hará libres mientras no exista destino.

Descerrajaremos goznes, abriremos puertas y ventanas,
abatiremos límites y fronteras y aunque el invierno nos aísle
estaremos dispuestos a compartir nuestro mantel de primavera
rebosante, no abandonaremos nada y a nada nos aferraremos,
y dejaremos que la casa crezca sola allá donde vivamos el instante.

Nos marcarán con la locura, nos tacharán de irresponsables,
los carroñeros afilarán sus lenguas y corbatas y nos hablarán
de fáciles hipotecas, sencillas ecuaciones que avalan un futuro
de bienestar, ese paraíso residencial en cuyos contenedores
de diseño arrojan diariamente la miserable basura que producen.

Ni caso, caminaremos indiferentes al penal de sus palabras,
volaremos como insectos sobre el arroyo que inunda el valle,
viviremos en la palpitación de la semilla que está a punto de brotar,
saciaremos nuestra sed con el agua incandescente del deseo
y, en nuestros ojos, sembraremos las sonrisas del viaje compartido.

jueves, 6 de junio de 2013

EL TIEMPO DEL MAQUILLAJE

   Ya se venía venir desde hace mucho tiempo. El maquillaje de todo lo público, desde que el PSOE y el PP nos gobiernan, ha ido en progresión exponencial. Tras la creativa transición los partidos políticos se dieron cuenta de que en esto de la política daba más juego montar un buen y entretenido espectáculo que presentar un sesudo programa, tan detallado como aburrido, que pudiera solucionar los problemas a los ciudadanos del país. Total, ¿quién se lo va a leer?, pensarían muchos de ellos. Y estaba claro que esas luces brillantes, la música rítmica a toda ostia, los carteles de diseño y la eficiencia del estilista del electo a presidente daban más votos que toda esa tontería de las ideas. Y, de esta forma, comenzó a instalarse la mentira, poco a poco, en nuestros políticos, hasta el punto de pensar que vivían instalados en una irrebatible y realista verdad. Pero claro, era evidente que en la carrera del espectáculo los productores son muy importantes, fundamentales. Sin recursos sólo se podía aspirar a un triste vodevil, bastante infructuoso en cuanto al fin perseguido: la compra de voluntades. El que disponía de mayor capital para invertir en el negocio del espectáculo de la política era el que más posibilidades tendría de llegar al poder y de acceder a las cuentas públicas.
   Luego, una vez asentados en el trono por al menos cuatro años y ya adictos al maquillaje, se ocuparon del lenguaje con el uso de eufemismos. Y convirtieron algunas palabras puras como “instituciones públicas” en irónico eufemismo cuando las expresaban sus labios. Y crearon nuevos términos para enmascarar el gran desfalco que han llevado a cabo con el tiempo. De ese modo inventaron expresiones como “Ley de liberalización del suelo” y que, en realidad, no era otra cosa que traspasar la propiedad de terrenos públicos y de disfrute común, como un parque, por ejemplo, a las manos privadas de los especuladores, con la intención confesa de llenar las arcas municipales y comunitarias y la inconfesable realidad de las comisiones a cuenta para ellos mismos y sus partidos. No se conformaban con sus magníficos sueldos y sus privilegios inmorales, no. Claro que para conseguir todo eso era necesario ser generosos en cuanto al pago de obras públicas, ¿cómo iba a soltar la pasta el constructor si no se le ayudaba a aumentar sus beneficios? Esa fue la razón por la que se pagó a muchos por 2 ó 3 veces del valor real de las obras construidas. Total, ¿qué relevancia tendría eso mientras tuvieran acceso al crédito? Nadie se iba a enterar. Pero todo pozo tiene un fondo y llegó el momento en el que los bancos les dijeron a los gobiernos que ya no podían seguir subvencionándoles sus negocios. Que entre las deudas de los partidos, las ayudas para callar bocas a sindicatos, la federación de empresarios y asociaciones varias y que ellos habían tenido que financiar, la subvenciones a fundaciones y empresas públicas sin actividad alguna y creadas tan sólo para asegurarles un buen sueldo a los elefantes del partido; el adelanto de las nóminas a unos funcionarios cuya caja pública ya no aseguraba su sueldo, etc, ya no quedaba donde rascar y les era imposible seguir concediendo créditos a los constructores y promotores que ellos les exigían. Y, entonces, a alguien se le ocurrió la genial idea de convertir las cajas en bancos, poner al frente de las mismas a alguien del partido y controlar desde la dirección central el dinero de los ahorradores para sus fines lucrativos. A cambio, aquellos que estuvieran al frente de las cajas tendrían el camino libre para asegurarse una buena jubilación.
 
 
Por entonces el maquillaje llegaba a su máxima expresión y el latrocinio pasó a llamarse acción preferente, el robo y la vejación lacerante a los inocentes ciudadanos se denominó ajuste presupuestario, la humillación de los trabajadores, reforma laboral, y la inyección económica a los bancos con más dinero del erario público para poder seguir subvencionando sus negocios, reforma financiera. ¿Dónde están las concesiones de crédito a las familias y a los emprendedores? Todo era mentira. Todo es sucio y oscuro maquillaje. Y lo peor es que nuestros políticos están ya enganchados a él como si éste fuese una droga que se metieran a diario en vena. Ya ni siquiera recuerdan cuál es la verdadera función de un político, la de servicio público. Ya creen ciertamente que todo esto no es más que un juego de poder, donde la felonía y el engaño enmascarado de verdad son fichas ganadoras. Ahora van a Europa con cuentas maquilladas, convencidos de que les van a creer allí. Borran de golpe y sin razón alguna los miles de millones entregados a los bancos y cuadran el déficit. Si les llaman la atención por el índice bestial del paro, se inventan los contratos por horas y si un mismo trabajador es contratado por un par de horas cinco días del mes, pues ellos dicen que ese mes cinco trabajadores fueron contratados. Ahora la cara de España no es aquella morena de limpio rostro que retrató Romero de Torres, ahora la cara de España es la de una furcia mentirosa de rostro decrépito y maquillado con pinturas malas.    

martes, 4 de junio de 2013

¿POR QUÉ ESCRIBO ESTE BLOG?

  ¿Por qué escribo este blog? Sólo me asaltan dudas cuando me hago esa pregunta. La verdad es que no lo sé. ¿Para ayudar a otros a tomar conciencia sobre los graves y acuciantes problemas que tenemos los españoles? Sería absurda la empresa pues no me leen más de un centenar de personas cada día y se me antoja una minoría infinitesimal para lograr transmitir mis mensajes. Y, sin embargo, persisto en mi actitud. De modo que esa no debe ser la razón. Entonces, ¿por qué sigo alimentando a este monstruo del soliloquio? ¿Para qué todo este trabajo absurdo, en lugar ocupar mi tiempo en otras actividades más rentables? Será que la ciega vanidad se impone. Que, en el fondo, no soy más que una mosca cojonera que insiste e insiste en ser reconocido para lograr huir de su asquerosa mediocridad. Si es así menudo idiota soy, porque ya ha habido comentarios que demuestran que algunos de mis textos me granjean enemigos poderosos y ya sabemos que sin el apoyo de estos es imposible entrar en el rentable mercado del reconocimiento.  
   Lo que sí tengo claro es que en la mayoría de los casos escribo por pulsión instantánea, como hago en estos instantes, y eso implica tener algo que decir, algo incontenible, imposible de censurar. Y, a veces, la pulsión me lleva a denunciar cosas que mi conciencia percibe injustas, sin pararme a razonar sobre las posibles consecuencias para mi persona. Quizás no busque más que eso, limpiar mi propia conciencia, porque yo, al igual que tantos, también participé en aquel espejismo farandulero que fueron los años de la bonanza. Nunca gané mucha pasta pero vivía bien como comercial gracias a la burbuja inmobiliaria, acepté dádivas de las instituciones culturales, como estancias en hoteles y almuerzos suntuosos durante los encuentros de escritores con cargo al erario público, formé parte del elitista y bochornoso espectáculo de la cultura en mi país y de sus fiestas, en las que me emborraché, me drogué y ejercí de petulante, que es lo que se suele hacer en dichos encuentros. Mucho poeta social, sí, que berrea desde su pose radical, pero que traga y traga por lo que el poder le mande, mientras le siga subvencionando las fiestas. Eso éramos, tan sólo unos hipócritas con ínfulas de señorito. Y alguien tiene que dar la cara y reconocerlo, aunque los enanos crezcan y se alíen con el bando de los enemigos.
  
Todos somos vulnerables y, dependiendo de las circunstancias en las que vivamos, relajaremos más o menos nuestra moralidad. Ninguno estamos a salvo de ser un ladrón o un santo. Nos tocó en suerte nuestro destino, pero bien pudo ser otro distinto si hubiéramos nacido en otra familia, en un barrio o en un país diferente. Pero lo único que nos convierte en seres civilizados es el respeto a unas normas morales y legales consensuadas por todos en la democracia. Y si estas no existen o son ineficaces, como ocurre en España, pues tendremos que alzar la voz y llamarnos para consensuarlas y establecerlas de una vez por todas. Esas reglas son las que nos convierten en seres humanos civilizados y capaces de razonar sobre el concepto verdadero de la justicia. Por esa razón creo escribir este blog. Pretendo que sea una llamada a la unión de los más débiles, los que han sido maltratados, humillados y condenados a la exclusión y a la pobreza por nuestros gobernantes codiciosos, injustos e inhumanos. Porque cada día somos más los indignados y en la unión de nuestra cifra está el poder para cambiar las cosas. Porque no importa si es a uno, a un ciento o a miles a  cuantos llegue este mensaje. Porque uno más uno no es dos, es uno mucho más grande y más potente y sumando suficientes unos no habrá muralla que nos detenga. Por dignidad y el deber moral que todos deberíamos tener con todos los que sufren. Y si no lo consigo, al menos lo habré intentado, seré libre y ya no tendré que volver la cara cuando nuestros hijos nos miren, reprochándonos no haber luchado por su futuro y por sus vidas.
 
   Aún así, todo esto quizás no sirva para nada. ¿Quién podría competir con las mentiras televisivas y los anuncios manipulados de los poderosos (y serviles al partido que representan) medios de comunicación? Pero al fin y al cabo qué más da. Ahora que mi enfermedad me impide la rabia física y que la pensión que me pagan me asegura (por ahora) la supervivencia, me puedo permitir ser el niño que siempre quise ser. Un niño travieso exponíendo la verdad de los borrachos de avaricia. Un niño que baila en los ojos y en el corazón del viejo gruñón que os escribe. Un niño que, sin pudor alguno, remueve la mierda de los deshonestos, los hipócritas y los codiciosos y se las refriega por la cara, mientras escribe con palabras el conjuro que logre despertaros a la realidad oculta. Un niño que, a pesar del escepticismo del viejo, aún mantiene la esperanza.