En este blog podrás leer artículos de opinión política y social, así como microrelatos Y poemas del autor. También puedes pinchar sobre algunas imágenes para leer libros y revistas escritas o editadas por el autor del blog.
viernes, 11 de abril de 2014
NO VOLVERÉ A SER JOVEN
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, era tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Jaime Gil de Biedma
jueves, 3 de abril de 2014
ARTE POÉTICA. Jorge Luis Borges
Mirar el río hecho de
tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.
Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,
ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.
A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.
Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.
También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.
Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,
ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.
A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.
Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.
También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.
Jorge Luis Borges
domingo, 30 de marzo de 2014
POESÍA CONTEMPORÁNEA de Eugenio de Nora
Medito a veces
en la triste materia de mi canto.
Bien sé que hay muchos, soñadores,
(como yo rodeados de desgracia y caminos)
pero entre nubes blancas, con sus ángeles
abanicando tímidas
alas prerrafaelistas, lejos;
que quizá en el estío
cultivan la nostalgia de la lira imposible,
decoran las palabras, sumisas como rombos
de plaza pobre en farolillos
de verbena y papel colorado.
Oh Dios, cómo desamo,
cómo escupo y desprecio
a esos cobardes, envenenadores,
vendedores de sueños, mientras ponen
sedas sobre la lepra, ilusión sobre engaño, iris
donde no hay más que secas piedras.
Esclavos, menos
aún, bufones de esclavos.
Malditos una y siete veces,
en nombre de la vida, aunque juren que aumentan
la belleza del mundo; en verdad,
la belleza del mundo no precisa
ser aumentada ni disminuida
con sus telas. Lo que necesitamos
es una luz, es un desnudo brazo
que señale las cosas. La poesía es eso:
gesto, mirada, abrazo
de amor a la verdad profunda.
Ay, ay, lo que yo canto
miradlo en torno y despertad: alerta.
Ahí están, reunidos
en sociedad devoratoria y número.
(Llamar bestia asesina
al que, como el pesado
elefante del sátrapa,
hunde la pata hasta estrujar el rostro
que niega; ladrón vil
al emplumado grajo de cadáveres;
canalla al miserable…
acaso sepa a música
derrotada, a lamento
débil. A lo que no queremos.)
Pero nombrar no es sueño.
No sigáis las palabras. Contra ellos
yo canto hombres que tienen las tiránicas caras
como rostros con látigo: sonríen
al dolor, pero miran
al sol, y aprietan
los firmes dientes.
Y ya acabo.
(Esto no es un poema; son palabras
apretadas también, con saña.) Adiós. Es tiempo
de no plantar rosales. ¡Acordaos!
viernes, 28 de marzo de 2014
I JORNADAS UNIVERSITARIAS “EL DERECHO A UNA VIVIENDA DIGNA Y EL DRAMA DE LOS DESAHUCIOS. ANÁLISIS Y RESPUESTAS ALTERNATIVAS“.
“Amigas y amigos todos; compañeras y
compañeros: me he dado un respiro; me he venido a duchar y cambiar de ropa, y
vuelvo para la casa que me da de comer. Quiero agradeceros la colaboración que
estáis prestando a la causa. Evidentemente no es en la calle, pero sí es
contribuir como estáis comprobando a pasos revolucionarios en las aulas y en
los sacrosantos campos universitarios. No es fácil, creedme, encontrar en mi
disciplina personas comprometidas y que entiendan su trabajo como parte integral dentro de su concepto de vida:
el que catedráticos, profesores, notarios, abogados ó jueces se presten
desinteresadamente a participar junto con los movimientos sociales dentro de un
espacio intelectual común, es digno de resaltar y de contribuir con ellos a ser
voces que clamen por los más desfavorecidos. A dar voz a los sin voz.
¡¡¡¡Gracias a todas y a todos¡¡¡¡”
Esta frase la ha colgado en Facebook mi buen amigo Javier Arellano,
supongo que ayer, en suspiro que le quedó libre de la coordinación del
increíble encuentro que ha ideado y organizado en la Universidad de Huelva.
Aquí está el programa:
I JORNADAS UNIVERSITARIAS
“EL DERECHO A UNA VIVIENDA DIGNA Y EL DRAMA DE
LOS DESAHUCIOS.
ANÁLISIS Y RESPUESTAS
ALTERNATIVAS“.
Estas Jornadas se abren a la
sociedad en general, y especialmente a los aprendices y profesionales de las
ciencias sociales y jurídicas, con la finalidad de dar a conocer y aportar
algún halo de claridad a la actual situación por la que atraviesa un buen
número de personas cuando se enfrentan a unas de sus necesidades básicas, cual
es la de tener un lugar donde desarrollar su vida y su intimidad de una manera
digna. La diversidad de aspectos sociales, politicos, culturales y económicos
que circundan a la vivienda, unido al hecho de que el modelo jurídico de libre
intercambio y aprovechamiento privado de bienes y servicios no ha sabido
establecer con claridad las diferencias que marcan el transito hacia un Estado
social, ha provocado un cierto desquebrajamiento del propio sistema. La
complejidad de la situación requiere pues un esclarecimiento, y una puesta en
marcha de respuestas alternativas, que en muchas ocasiones no pasan más que por
utilizar los mecanismos y técnicas puestas a disposición del jurísta, y en
otras por proponer e impulsar medidas de política social y de justicia material.
En la medida de lo posible, a ello nos dedicaremos en los próximos días.
Tendran lugar los días 27 y
28 de Marzo en
SALON DE ACTOS DE LA
FACULTAD DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE HUELVA, CAMPUS DE EL CARMEN
PROGRAMACIÓN
DIA 27 DE MARZO
De 9’30 a 12’00:
Acto de Inauguración.
Presentación:
Rector de la Universidad
Huelva, D. Francisco Ruiz
Consejera de Fomento y de la
Vivienda de la Junta de Andalucía, Dª Elena Cortés
Decana de la Facultad de
Derecho, Dña. Aurora López
Conferencia:
“Derecho, Autonomía Privada
y Condiciones contractuales predispuestas”, a cargo de
D. José María Miquel González,
Catedrático de Derecho Civil, Universidad Autónoma de Madrid
De 12’30 a 14’30:
Programa de innovación docente “Ejecuciones
hipotecarias y desahucios”
Documental “La navaja“, a
cargo de
D. Antonio Rodríguez Ramos,
Prof. Titular de Derecho Civil, Universidad de Córdoba.
De 16’30 a 18’30:
Proyecto de investigación I+D “Intervención
social en el parque público de la vivienda en Andalucía”, a cargo de
D. Octavio Vázquez Aguado,
Prof. Titular de Trabajo Social, Universidad. de Huelva
“Respuestas penales sobre
los conflictos relacionados con el acceso a la vivienda”, a cargo de
D. Enrique Anarte Borrallo,
Prof. Titular de Derecho Penal, Universidad de Huelva
De 19’00 a 21’00:
“Los préstamos hipotecarios
para la adquisición de viviendas: praxis bancaria y cláusulas abusivas “, a
cargo de
D. Andrés Rodríguez Faure,
Abogado especialista, Il. Colegio de Huelva
“Refinanciación de deudas
hipotecarias, Código de Buenas Prácticas Bancarias y Dación en pago.
Funcionamiento de la Oficina de la Defensa de la Vivienda “, a cargo de
D. José María Márquez Pinto, Técnico de la Oficina de
Defensa de la Vivienda de la Delegación de la Vivienda en Huelva, Junta de
Andalucía
DIA 28 DE MARZO
De 9’30 a 11’30:
“Conexiones entre la tutela
judicial efectiva y el Derecho Humano a una vivienda digna en la aplicación e
interpretación práctica por parte de Juzgados y Tribunales de Justicia“ a cargo de
D. Miguel Ángel Ruiz Albert,
Prof. Dr. de Derecho. Procesal, Universidad de Huelva
D. Andrés Escalante Hidalgo,
Abogado especialista, Il. Colegio de Huelva
De 12’00 a 14’00:
”Planteamientos generales
sobre la situación actual y las alternativas para los deudores insolventes de
buena fe“, a cargo de
D. J. Antonio Navarro
Fernández, Prof. Titular de Derecho Civil, Universidad de Granada
“Ley 4 / 2.013, 4 de Junio,
de medidas de flexibilización y fomento del mercado del alquiler de viviendas.
El “hallazgo “del contrato de arrendamiento como vía de acceso a la vivienda
digna en España y sus contrariedades”, a
cargo de
Dña. Elena López Barba, Profra.
Dra. de Derecho Civil, Universidad de Huelva
De 16’30 a 19’00:
“Un antes y un después en
nuestro país de las Sentencias del T.J.U.E, y del TE.D.HH en situaciones de
crisis habitacional. La incidencia de las PAH en este contexto; la I.L.P:
reclamación de la dación en pago retroactiva“. Vídeo sobre las PAH. A cargo de
Dña. Ada Colau, representante
de la PAH
María Villaverde, Delegada Territorial
de Fomento y Vivienda en Huelva, Junta de Andalucía
De 19’00 a 21’00
“La suspensión de las
ejecuciones hipotecarias por incumplimiento de las Directivas Europeas: la Ley
1 / 2013, de 14 mayo, de medidas para reforzar la protección de los deudores
hipotecarios, reestructuración de deuda y alquiler social”, a cargo de
D. Edmundo Rodríguez
Anchuétegui, Magistrado de la Audiencia Provincial de Álava “Año natural y
año bancario “, a cargo de
D. José Ramón Doria Bajo, Notario
de Marbella.
¡Cuánta razón lleva este
exjuez, profesor de derecho y aspirante a santo rojillo, al que tanto admiro!
¡Qué difícil es encontrar a catedráticos, profesores, notarios, abogados ó jueces que se presten
desinteresadamente a participar junto con los movimientos sociales (PAH) y la
Consejera de vivienda, en este caso de la Junta de Andalucía, dentro de un
espacio intelectual común con el objetivo de hallar soluciones en el problema
de la ausencia de vivienda en los más desfavorecidos! Pero es posible. Él lo ha
demostrado. Todos han venido desde puntos geográficos distintos y sin cobrar un
euro por sus intervenciones. Ese es el camino y Javier nos lo muestra sin
pudor, sólo el diálogo nos puede allanar el terreno para la concordia y sólo
con él y la apertura, sin fanatismos restrictivos, a los múltiples
conocimientos arreglaremos la terrible pobreza que nos asola. Mientras otros se
dedican a quemar contenedores, destrozar escaparates o a la caza o asesinato de
policías, pensando que en el caos podrán sacar tajada, Javier nos da la mano y
nos invita a participar en el diálogo. Más hombres y mujeres como él es lo que
necesitaría este país del esperpento. Lástima que siempre esté huyendo de
protagonismos. Su preparación y compromiso social es tan elevado o más que el
de cualquiera de los invitados a las jornadas, y ni siquiera se ha incluido en
el programa. Mi más sincera admiración, Javier Arellano.
martes, 25 de marzo de 2014
Parte V de "The Dry Salvages" (T.S. Eliot)
Comunicar con Marte, hablar con los espíritus,
dar informes sobre los monstruos marinos
y sacar un horóscopo, augurar, predecir,
leer enfermedades en las firmas,
evocar una vida según las líneas de la palma,
adivinar tragedias en los dedos;
interpretar presagios en las hojas de té,
descifrar lo fatal con naipes, embaucar
con estrellas de cinco puntas y ácidos barbitúricos
o disecar la recurrente imagen
dentro del terror inconsciente--
explorar la matriz, la tumba, los sueños; éstos son
pasatiempos y drogas y asuntos de la prensa:
y siempre será así, especialmente cuando
la zozobra y la duda se adueñan de los pueblos,
sea en las costas de Asia o bien en Edgware Road.
Los hombres, impelidos por la curiosidad,
registran el pasado y el futuro,
se adhieren a esa dimensión. Pero la aprehensión
del punto exacto donde lo atemporal se cruza
con el tiempo es tarea para el santo--
no es tarea tampoco, sino algo que se da y se toma
en un morir de amor que dura el curso de una vida,
pasión y don de sí y entrega.
En muchos de nosotros, sólo hay el solitario
momento, el momento que estamos dentro y fuera del tiempo,
el frenesí perdido en un dardo de sol,
el tomillo invisible, los rayos invernales,
la cascada, la música tan hondamente oída
que no la oímos ya, sino que somos la música
mientras dura la música. Éstos son sólo sugestiones
y barruntos, primero aquellas y luego éstos.
Lo demás es plegaria, ritual y disciplina,
pensamiento y acción. La sugestión medio acertada,
el don medio entendido, esto es la Encarnación.
Aquí la unión imposible
de las esferas de la existencia real,
aquí el pasado y el futuro
son conquistados y conciliados,
donde la acción sería de otro modo movimiento
de lo que es sólo movido
pero no genera movimiento,
es llevado por demoníacos, telúricos
poderes. La acción justa es libertad
del pasado y del futuro.
Para muchos de nosotros, tal es el designio
que nunca será realizado;
sólo somos invictos
porque no cejamos,
nosotros, satisfechos al fin,
si nuestra temporal reversión nutre
(no demasiado lejos del tejo*)
la vida de una tierra significativa.
T.S. Eliot
* En la cultura anglosajona el tejo representa a la muerte. Sería análogo al ciprés de nuestra cultura.
sábado, 22 de marzo de 2014
UNA HISTORIA MILAGROSA
“Ya
tuvimos otras crisis y de todas logramos salir. Las crisis son, por desgracia,
cíclicas, pero todas se superan de la misma forma: con la iniciativa de los
buenos de corazón, la providencia divina y la solidaridad entre los humanos como
norma y obligación. La de la posguerra fue la más dura, todo era escombros y el
hambre una epidemia que no hacía distinciones. Nos alimentábamos de sueños y sacrificios
por entonces. Yo era tan pequeño, pero bien que lo recuerdo, mi familia era muy
pobre y yo hubiese muerto de hambre a no ser por los padres escolapios que me
acogieron en su seno. Luego vino la de la década de los 70, recién muerto el
caudillo, en aquellos tiempos de confusión y convulsión. La crisis del petróleo
la llamaban, quizás no la recuerde, entonces el pequeño debió de ser usted.
Aquella fue tan dura como la actual y también llegamos a índices de paro
insoportables, pero además estaba el grave problema de la violencia diaria de
grupos radicales como ETA o El Grapo que, en cualquier momento, podían quebrar
la cohesión social entre los españoles. Gracias al Señor, nuestro Dios
omnipotente y misericordioso, este país abrazó la cordura y entre todos
logramos sellar la Constitución de la concordia. Fueron años de una gran labor
social en nuestra Iglesia y desde Cáritas y nuestras humildes parroquias
procuramos satisfacer todas las apremiantes necesidades de los más
desfavorecidos. Desde entonces nos ocupamos del bien social, del auxilio de los
más vulnerables del rebaño, y lo seguiremos haciendo en esta crisis y en todas
las futuras, sin fatiga y llenos de ilusión. Pero, como le digo, no es suficiente
con la iniciativa de la Iglesia y la fuerza bondadosa de Dios. También es
necesario contar con la voluntad solidaria de aquellos que viven sin
necesidades, aquellos que tienen el privilegio de un trabajo bien remunerado y
que no han de cerrar los ojos ante el drama terrible de la pobreza”, dijo
está ultima frase con una sonrisa irónica en los labios, mientras señalaba con
el dedo índice hacia el cepillo de madera que colgaba de la pared, junto a la
puerta de la ermita.
(La idea de entrevistar al Obispo en aquel
lugar fue mía, pero no creo conveniente desvelaros todavía la razón, pues
quebraría con ello la estructura del relato. Es bueno mantener la incógnita con
el afán de incentivaros a escudriñar bajo la piel de esta imaginaria realidad.
Pero centrémonos en la entrevista y desvelemos, poco a poco, todas las capas de
apariencia).
“He
elegido este lugar para nuestra entrevista por su gran significado y usted estuvo
de acuerdo. Fue aquí donde Dios le iluminó en 1979, ¿no es verdad?", le
pregunté. Y el Obispo me miró afable, cordial, con una cálida y excesiva
cercanía, mientras acariciaba con la yema de sus dedos el inmenso crucifijo de oro que colgaba de su cuello. Me respondió: “Hijo mío, el
olor a orín era insoportable en aquel arrabal de miseria que constituía por
entonces estas tierras. Desde los años cincuenta los pobres y excluidos de la
sociedad venían a este lugar para recoger agua y adecentarse en la orilla del río y, poco a poco,
construyeron asentamientos, chabolas de maderas, cartones y chapas de metal,
nidos de inmundicia donde compartían con las ratas el calor en invierno. En el
año 1979, cuando yo llegué por primera vez al poblado, ya malvivían aquí más de
5.000 personas. No tenían ni templo de Dios donde reunirse. Tuvimos que
improvisar una capilla en una chabola que nosotros mismos construimos. Nos
mimetizamos todo lo posible con los aldeanos y sus circunstancias, porque si
queríamos ayudarles teníamos que conocer a fondo sus problemas y, en buena
medida, lo logramos gracias al esfuerzo colectivo de todos, a la concienciación
política de las nuevas instituciones democráticas que colaboraron y a la intercesión divina que supo guiarnos en nuestros actos. Aquel
poblado de chabolas sin luz eléctrica ni agua corriente ya no existe y todos
sus habitantes disponen de viviendas dignas, como la de usted o la mía, un
hogar en el que se desarrolle sin temor el futuro de sus hijos”. “Se refiere
usted al barrio Utopía, ¿no es así?”, volví a preguntar. “Sí, por supuesto,
cerramos el acuerdo con el gobierno provincial y local para financiar la
construcción de las viviendas necesarias y acoger hasta el último de los residentes del
poblado. Aquello fue un acto de justicia divino, eran seres humanos y aquí vivían
como alimañas”, me contestó orgulloso. “Pero,
señor Obispo, supongo que usted será conocedor de que ahora Utopía es el barrio
marginal de la ciudad, en el que la delincuencia y el tráfico de drogas imposibilitan
una mínima convivencia cívica”, afirmé. “El
demonio aparece en todas partes, hijo mío, y seguimos combatiendo contra él. El
padre Fabián, párroco del barrio, está ejerciendo una gran labor allí, junto a
otros compañeros y los tan necesarios voluntarios que colaboran con ellos. Pero,
¿no cree usted que exagera un poco? La mayoría de habitantes de Utopía son
personas honestas y trabajadoras. Sigo conociendo a muchos antiguos habitantes
del poblado y le puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que muchos siguen
siendo pobres, pero no son delincuentes. Fue el milagro divino de la Virgen el que
logró cambiar sus vidas para bien y Ella no suele equivocarse, no ayuda a los
malos, créame, señor periodista, pues la experiencia avala mis palabras. El mal
de la droga apareció después, mucho después, con la bonanza económica”, argumentó
el Obispo, moviéndose inquieto en el banco de la ermita, algo incomodo ante mi
atrevimiento.
Era el momento esperado por mí, el momento en el que nos hablaría del milagro y, como un torero al final de la faena, anclé con fuerza mis tacones en el suelo y entré a matar, con micrófono en la mano en lugar de espada. “Sí. El Milagro. La primera aparición de nuestra Virgen de la Ribera fue en Abril de 1981, ¿verdad?". Se iluminó, de repente,su rostro y volvió a mostrarme la afabilidad pretendida por mi parte. Frotó sus manos como suelen hacer los banqueros antes de contar billetes y comenzó a relatarme la maravillosa historia del Milagro. “Yo llevaba dos años ejerciendo el evangelio en el poblado, con mucha dedicación pero sin evidentes resultados. Sus habitantes eran reacios a visitar la iglesia. La apertura democrática del país les abrió las puertas de la libertad a los subversivos, pero aún eran perseguidos desde las sombras del poder. Y aquí, en el poblado de chabolas, todos votaban a la izquierda, me comprende, y seguían viendo a la Iglesia como un nido de fascistas y reaccionarios. No entendían que la nueva generación de curas, como la mía, éramos contrarios a la jerarquía superior en cuanto a sus oscuros ideales políticos. Nosotros queríamos cambiar las cosas, convivir con el pueblo en vez de santificar el trono de las élites. Los futuros feligreses desconfiaban y eran pocos los que venían a misa. Sin embargo, el milagro lo cambió todo y el río de acólitos aumentó su caudal de forma sorprendente, hasta los más de seis millones que nos visitaron este último año. Un Milagro, ya ve. Pero centrémonos en lo que a usted le interesa: la aparición. Eran las tres de la tarde de aquel 27 de Abril, tórrido hasta el ahogo. Apenas había llovido aquel invierno y la terrible sequía transformó el río en un hilo de agua. María, aquella buena mujer que se ocupaba de adecentar nuestra capilla chabolera y que llevaba años con su marido e hijo enfermos decidió, desesperada, llevar al pequeño al río para refrescar sus fiebres en el agua. Según nos relató, sumergió al infante en una poza e imploró a Dios por su sanación. Entonces, sintió cómo dos manos se aferraban a las suyas, elevando al niño sobre la superficie del agua. Era la Virgen, nuestra Virgen de la Ribera, que apareció rodeada por un aura de luz ante sus ojos y le dijo que nos trajera al niño para que rociáramos su cabeza con el agua bendita de la pila de la capilla, y sanaría. Así lo hizo María y su hijo sanó. Aquí lo tiene usted, vivito y coleando todavía –llamó al sacristán de la ermita que, en aquel momento, reponía los cirios de San Pascual-. Después de aquello se convirtió en nuestro monaguillo y aún colabora con nosotros, ¿verdad, Cándido?”, le preguntó y éste asistió con la cabeza, sin emitir sonido alguno, con un hilo de baba colgando de la comisura de sus labios y la mirada perdida en algún punto del techo.
Era el momento esperado por mí, el momento en el que nos hablaría del milagro y, como un torero al final de la faena, anclé con fuerza mis tacones en el suelo y entré a matar, con micrófono en la mano en lugar de espada. “Sí. El Milagro. La primera aparición de nuestra Virgen de la Ribera fue en Abril de 1981, ¿verdad?". Se iluminó, de repente,su rostro y volvió a mostrarme la afabilidad pretendida por mi parte. Frotó sus manos como suelen hacer los banqueros antes de contar billetes y comenzó a relatarme la maravillosa historia del Milagro. “Yo llevaba dos años ejerciendo el evangelio en el poblado, con mucha dedicación pero sin evidentes resultados. Sus habitantes eran reacios a visitar la iglesia. La apertura democrática del país les abrió las puertas de la libertad a los subversivos, pero aún eran perseguidos desde las sombras del poder. Y aquí, en el poblado de chabolas, todos votaban a la izquierda, me comprende, y seguían viendo a la Iglesia como un nido de fascistas y reaccionarios. No entendían que la nueva generación de curas, como la mía, éramos contrarios a la jerarquía superior en cuanto a sus oscuros ideales políticos. Nosotros queríamos cambiar las cosas, convivir con el pueblo en vez de santificar el trono de las élites. Los futuros feligreses desconfiaban y eran pocos los que venían a misa. Sin embargo, el milagro lo cambió todo y el río de acólitos aumentó su caudal de forma sorprendente, hasta los más de seis millones que nos visitaron este último año. Un Milagro, ya ve. Pero centrémonos en lo que a usted le interesa: la aparición. Eran las tres de la tarde de aquel 27 de Abril, tórrido hasta el ahogo. Apenas había llovido aquel invierno y la terrible sequía transformó el río en un hilo de agua. María, aquella buena mujer que se ocupaba de adecentar nuestra capilla chabolera y que llevaba años con su marido e hijo enfermos decidió, desesperada, llevar al pequeño al río para refrescar sus fiebres en el agua. Según nos relató, sumergió al infante en una poza e imploró a Dios por su sanación. Entonces, sintió cómo dos manos se aferraban a las suyas, elevando al niño sobre la superficie del agua. Era la Virgen, nuestra Virgen de la Ribera, que apareció rodeada por un aura de luz ante sus ojos y le dijo que nos trajera al niño para que rociáramos su cabeza con el agua bendita de la pila de la capilla, y sanaría. Así lo hizo María y su hijo sanó. Aquí lo tiene usted, vivito y coleando todavía –llamó al sacristán de la ermita que, en aquel momento, reponía los cirios de San Pascual-. Después de aquello se convirtió en nuestro monaguillo y aún colabora con nosotros, ¿verdad, Cándido?”, le preguntó y éste asistió con la cabeza, sin emitir sonido alguno, con un hilo de baba colgando de la comisura de sus labios y la mirada perdida en algún punto del techo.
Lo cierto es que aquella historia no tenía
nada que ver con la que me fue revelada por María semanas atrás. Aquella mujer era hoy una
frágil anciana a la que cuidaban las Esclavas de la Caridad en el convento de
la ciudad. Las monjas eran sus cuidadoras, pero también sus carceleras, pues
impedían a toda costa que nadie la pudiese entrevistar. Sin embargo, yo
aproveché una estancia de la anciana en el hospital para colarme en su
habitación y charlar unos minutos con ella, confesándome, desde su confusa
senilidad, la verdad: “Mi marido estaba a
punto de morir, dejándome únicamente con la desgracia de un niño que nació tonto. Estaba
desesperada, no sabía qué hacer, por eso le dije a Cándido que simulase tener
fiebres, para que los curas se apiadasen de mí y me ayudaran, pero estos me
tenían todo el día limpiando la capilla para luego darme tan sólo unos pocos
mendrugos de pan. La situación se hacía cada vez más insoportable y aquella
tarde enloquecí. Llevé a mi hijo al río con la intención de ahogarle, esa es la
verdad, porque si no lo mataba yo, lo mataría el hambre. Pero no pude hacerlo,
rompí a llorar y entre lágrimas se me ocurrió la idea. Conté a todos la
falsa aparición de la Virgen y mi hijo pudo dejar de simular tener la misma
maldita enfermedad que se llevó a su padre. Dios se vengó de mi llevándose con
él a mi marido, pero yo engañé a sus curas. Aunque lo cierto es que a ellos
tampoco les ha ido mal. Aquel cura era muy listo y supo ver rápido la afilada
punta del negocio”.
“¿Usted ha visto alguna vez a la Virgen, señor
Obispo?”. “No, hijo, no he tenido esa suerte, parece ser que sólo los puros de
corazón pueden verla en su aparición anual cada 27 de abril. Yo soy un humilde
pecador y aún no he sido bendecido con ese privilegio, pero cada año son más los
que tienen la suerte de verla. Ella sigue viniendo a nosotros y realizando más
milagros como aquel, de eso no hay duda, pues ya son miles las declaraciones y
los misterios recogidos en nuestros archivos. Puede documentarse en ellos cuando
quiera, sólo tiene que pedírmelo y le concedo el permiso, señor periodista”. “Y, a partir de ahí, la fe en nuestra virgen prendió como la pólvora, ¿no es así?, se corrió la voz y comenzaron a llegar tantos feligreses que ya se hizo necesaria la construcción de esta ermita, junto
al río, muy cerca del lugar de la aparición mariana, y la urbanización de la aldea para
el hospedaje y la atención de los romeros. ¿Fue esa la razón por la que el Ayuntamiento
y la Diputación Provincial decidieron donarles la titularidad de los terrenos y
apostar financieramente por la construcción del barrio Utopía, con el objeto de
trasladar allí a todos los habitantes de las chabolas?”. “Ya veo que está usted bien informado, señor
periodista. Así fue, todos hicimos un esfuerzo para construir este sueño. Las
instituciones públicas donándonos los terrenos y financiando Utopía. Los
constructores levantando nuestra ermita a cambio de dejarles construir
también la casa de la hermandades y los hoteles y restaurantes en los que
pernoctan y se alimentan los millones de romeros que nos visitan cada año. Y nosotros haciendo lo de siempre, ocupándonos del bienestar del
cuerpo y el alma de todos y cada uno de nuestros feligreses”.
Era el momento de clavar la espada y no lo dude, miré fijamente a los ojos del toro con sotana y alzacuello y le pregunté: “Entonces, ¿me está diciendo usted que la Iglesia no ha sacado ningún beneficio por la venta de los solares a las constructoras?”. El Obispo volvió a removerse inquieto sobre el banco, tragó saliva, inspiró aire profundamente y me contestó: “No le negaré, amigo periodista, que algunos empresarios fueron generosos, pero eso no significa que la Iglesia buscará rentabilidad o negocio, más teniendo en cuenta que todo lo que entra en nuestra caja luego se invierte en la erradicación de la pobreza y la proyección del evangelio. No se deje llevar por las malas ideas que el demonio pueda meterle en la cabeza. Nosotros somos hijos de Dios y acatamos su voluntad. Ésta no es nuestra casa, es la casa de Dios y, por tanto, la del pueblo. Nada nos pertenece a nosotros, los hijos del Señor, sólo la voluntad de velar por las almas de su rebaño”. Fueron sus últimas palabras. Dio, en ese momento, por concluida la entrevista y me animó a acompañarle hasta el Mercedes negro que le esperaba frente a la puerta de la ermita. A la salida, antes de bajar la escalinata, se detuvo en uno de los puestos de ventas de reliquias y souvenirs que la parroquia había instalado allí, cogió una medalla de plata de la Virgen de la Ribera y me la colgó del cuello, luciendo una esplendorosa y afable sonrisa mientras lo hacía. “Le dará suerte, hijo, y dotará a su alma de prudencia y sabiduría en la elección del buen camino”, me susurró al oído. Luego subió al vehículo. El chófer cerró la puerta y él bajó la ventanilla, para que, antes de partir, viésemos su cordial despedida con un leve y aséptico movimiento de su mano, esa misma mano con la que, en otras ocasiones, nos suele bendecir a tanto incrédulo.
Era el momento de clavar la espada y no lo dude, miré fijamente a los ojos del toro con sotana y alzacuello y le pregunté: “Entonces, ¿me está diciendo usted que la Iglesia no ha sacado ningún beneficio por la venta de los solares a las constructoras?”. El Obispo volvió a removerse inquieto sobre el banco, tragó saliva, inspiró aire profundamente y me contestó: “No le negaré, amigo periodista, que algunos empresarios fueron generosos, pero eso no significa que la Iglesia buscará rentabilidad o negocio, más teniendo en cuenta que todo lo que entra en nuestra caja luego se invierte en la erradicación de la pobreza y la proyección del evangelio. No se deje llevar por las malas ideas que el demonio pueda meterle en la cabeza. Nosotros somos hijos de Dios y acatamos su voluntad. Ésta no es nuestra casa, es la casa de Dios y, por tanto, la del pueblo. Nada nos pertenece a nosotros, los hijos del Señor, sólo la voluntad de velar por las almas de su rebaño”. Fueron sus últimas palabras. Dio, en ese momento, por concluida la entrevista y me animó a acompañarle hasta el Mercedes negro que le esperaba frente a la puerta de la ermita. A la salida, antes de bajar la escalinata, se detuvo en uno de los puestos de ventas de reliquias y souvenirs que la parroquia había instalado allí, cogió una medalla de plata de la Virgen de la Ribera y me la colgó del cuello, luciendo una esplendorosa y afable sonrisa mientras lo hacía. “Le dará suerte, hijo, y dotará a su alma de prudencia y sabiduría en la elección del buen camino”, me susurró al oído. Luego subió al vehículo. El chófer cerró la puerta y él bajó la ventanilla, para que, antes de partir, viésemos su cordial despedida con un leve y aséptico movimiento de su mano, esa misma mano con la que, en otras ocasiones, nos suele bendecir a tanto incrédulo.
Del libro "historias de la puta crisis"
miércoles, 19 de marzo de 2014
UNA TONTERÍA
Puede parecer
una tontería. Sin embargo, hazlo. Hoy mismo. Sin dilación. Párate en mitad de
la vía y alza la mirada. Observa ese azul inmenso que te contempla.
Comprenderás lo pequeño que es el hombre y, a la vez, qué grande, porque es el
único ser capaz de comprenderlo. Pero no, no lo hacemos. Caminamos por el mundo
a toda ostia, pisando el acelerador de esa potente moto que imaginariamente
solemos llevar entre las piernas. Siempre con la mirada fija en el asfalto, más
allá del arcén ya todo en negro, con la adrenalina bombeando ante la ansiedad
adictiva de las curvas y el campo de visión reducido a la diana. Sólo el
objetivo nos importa. Competir y ganar. Aferrarse a la victoria, al vil metal,
a la calavera de los muertos que ciegos nos siguen. Sólo el dinero importa, y
el poder. Ser la casta de más alta alcurnia. Y ni vemos las flores que pisamos
en ese trayecto de locura y ambición. ¿Somos capaces de comprender el cosmos y
pasamos de saber que es en el estiércol donde nace el manantial de la belleza
de las flores?
Nos
autoengañamos. Nos autoengañamos constantemente. Nos pensamos únicos cada uno
en su faceta. El cachas dándose la paliza en el gimnasio y alimentándose de
esteroides para ser único en su selfies
del facebook. La poetisa obesa cantando
odas al amor y al sexo desde la eterna soledad de su hogar. El gran ejecutivo
pisando y machacando todo cuello que se le ponga por delante, excepto el de los
jefes, claro está, a quienes suele ponerles el culo nada gustosamente. (Aún así,
imposible imaginar sexo blando en esta especie. Tratando de imaginar, sólo
alcanzo al coito de un león y una hiena, por ejemplo). Y todo para qué, si con
el paso de los años al cachas se le caerán las carnes; la poetisa obesa hará,
por fin, el amor con algún calvo arrugado y se enamorará y dejará de escribir y
comprenderá que el amor era, en realidad, esta otra cosa tan distinta; y el
rico y exitoso ejecutivo, ya con cáncer de colon, seguirá sobornando a
periodistas para que ninguno investigue sus memorias.
No. Ninguno de nosotros es único. Porque para que algo
sea único ha de ser extraordinario y nosotros demasiado corrientes, clones
absurdamente repetidos del vulgar álbum de cromos que es la humanidad. Lo
verdaderamente extraordinario, lo único, es la vida. Nuestras vidas. ¿Qué vamos
a hacer con ellas? Sin embargo, preferimos soñar. Soñamos con llegar a la Luna
y llegamos. Soñamos con vernos desde el espacio y nos vimos, pequeñitos, como
hormiguitas locas y vulnerables, sin cerebro capaz de comprender. Convertimos
nuestros sueños en realidades palpables. Volar. Respirar bajo el mar. Danzar
sobre las olas. Caer desde el cielo, meciéndonos en el aire, como plumas. Ser
veloces. Ser el más rápido, sin obstáculos que aminoren nuestra marcha o
derribarlos, si nos estorban, desde la inconsciente distancia, antes de lograr la conquista del terreno. Destruir. Destruir todo a nuestro paso. Reducirlo todo a
escombros y, con ellos, sepultar la frescura miserable del estiércol.
¿Por qué no
comprendemos nuestro error? ¿Acaso estamos ciegos? ¿No vemos los muñones en la
espalda del misterio, sus ángeles, ya sin plumas en las alas? ¿Preferimos la
negritud del petróleo a la luminosidad estrellada del cielo nocturno, los
pixeles de la pantalla al parto milagroso de una flor, el enjambre
esquizofrénico de la hora punta a pararnos y observar el milagro de la luz
entre los dedos de un bebé, el tacto frío del móvil a ese azul abovedado que
nos revela frágiles, pequeños y estúpidos temerosos del asombro, esa plenitud, su latido de amor?
Yo quiero ser
corriente, maravilloso y frágil como lo es un corazón. Un milagro poblado de
errores, como su caducidad, pero capaz de agitarse ante la visión de un nuevo y
esplendoroso horizonte, alzar eufórico sus sístoles ante un paisaje inexplorado,
el roce de otra piel o el desarrollo de las ideas. A todos nos abraza el mismo
azul inmenso que nos envuelve. A todos nos sabe vulnerables, pequeños y, a la
vez, qué grande, porque sólo nosotros podríamos llegar a comprender.
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