miércoles, 5 de septiembre de 2012

SINFONÍA DE ÓRGANOS (Cap 8. Tokyo, Japón)


Suiko Yoshina era famoso en Japón como innovador televisivo al ser el precursor de los reality show americanos adaptados a las producciones niponas. Y cuando apareció el padre de Yo Hana, reclamándole ayuda para posibilitar el transplante, auguró en la historia un gran éxito de audencia. Se movió rápido.

   En pocos días consiguió prendas y enseres cedidos por las mayores celebridades del país. La cámara con la que Oshima rodó su primera película, el piano usado por el músico Yamamoto... además de otros bártulos que dotarían al programa de una suntuosidad que daría más sentido al altruismo requerido para la ocasión.

   Primero proyectó imágenes de un vídeo doméstico realizado por el padre donde la niña aparecía plena de salud. Publicidad. Luego planos en la habitación del hospital resaltando la lividez de la niña y el dolor del padre echado a sus pies. Publicidad. Finalmente consternación, lloros, súplicas de familiares y amigos salpicando los amplios descansos publicitarios.

   Se dio comienzo a la subasta y la carrera desaforada de las cifras aniquiló toda previsión. Éxito inmejorable. Todos los ciudadanos japoneses se erigieron aquella noche en única y leal hermandad.


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(Este texto forma parte de un relato que me publicaron en México. Lo publico aquí desde 7 entrada atrás, en 10 entregas diarias, bajo el mismo título: "Sinfonía de órganos", pero subdividido en 10 capítulos muy cortos que llevarán como subtitulos 10 ciudades distintas del planeta. Este es el 8º capítulo. Espero que disfrutéis con la lectura.) 
  
SINFONÍA DE ÓRGANOS (Cap 7. Nangnim, Corea del N.)


   Nacer mujer en Corea del Norte significa venir al mundo marcada por el estigma de la miseria. Fue educada para agradecer a los dirigentes de la dictadura el exiguo bol de arroz diario, pues ello implica, según reza la propaganda del régimen, que en su país se vive mejor que en el resto del mundo.

   No era corriente ver a un occidental por la pequeña ciudad de Nangnim, sin embargo, a Tom Ashita no le llamó la atención su cabello rubio, ni el color de su piel. Al contrario, su curiosidad quedó fijada en su extraño atuendo y, sobre todo, en su magia: ¿Cómo era posible alimentarse de una lata?
   A la luz de la luna, entre arbustos de arce, fundieron sus cuerpos anulando linajes étnicos y derramando fuego fértil sobre la tierra. Con el paso de los años, en este mismo lugar, crecería un imponente abeto azul que rozaría con los dedos de su copas el vuelo grácil de las nuebes.

   De vuelta a la comuna compartió las latas regaladas con sus amigas. Una de ellas la delató, nunca supo cuál. Acusada de prostitución fue condenada a muerte. En la prisión de Kilchu sólo halló amagos de humanidad hasta el día que apareció un funcionario que la fotografió desnuda varias veces. Después los continuos golpes y la desaparición del más mínimo alimento la apocaron a tal infierno que deseó con premura la llegada del día fatal.

   Comparecieron al alba. La condujeron fuera del edificio, junto al hoyo que sería su tumba. Una vez allí se le acercaron tres, armados con estacas, la munición era demasiado valiosa para tales menesteres. Sólo golpearon su cabeza. Dejó de sentir dolor. Yaciente sobre la hierba, con el sabor acre de la sangre anegando su garganta, aún advirtió cómo le abrieron el vientre y como seccionaron su hígado. Los seis metros cúbicos de tierra que derramaron sobre su cuerpo inerte la hubieran ocultado en el anonimato de no existir el catálogo de Macao.


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(Este texto forma parte de un relato que me publicaron en México. Lo publico aquí desde hace 6 entradas, en 10 entregas diarias, bajo el mismo título: "Sinfonía de órganos", pero subdividido en 10 capítulos muy cortos que llevarán como subtitulos 10 ciudades distintas del planeta. Este es el 7º capítulo. Espero que disfrutéis con la lectura.) 


 

martes, 4 de septiembre de 2012

SINFONÍA DE ÓRGANOS (Cap 6. Hong-Kong)


   Para mister Hill la noticia fue una patada en el pecho que le arrancó de cuajo el oxígeno. "Su hija necesita un hígado urgentemente". El ingeniero de la compañía Wharp sudó, lloró, comprimió rabioso los dientes. Los médicos lo consolaban:

   - No se abata mister Hill, esto tiene solución, confíe en nosotros... El único problema es que es algo costoso.

 Salió del hospital destrozado. A su querida hija se le agotaba la vida. Olvidó sus obligaciones laborales y comenzó su andadura por el desasosiego de las finanzas y, tras varias negativas, lo consiguió gracias a una cadena de televisión. Allí halló el significado de la palabra solidaridad.

   Helmut Krieguer, administrador del Royal Green Hospital, acaba de llegar a Macao y camina por las calles malolientes de un arrabal de las afueras. Todos desconfiarían de su traje de sastre y su maletín si no lo conociesen bien. Se detiene ante una puerta y golpea dos veces su aldabón. Al entrar todo parece agrietarse, excepto la penumbra. Lo esperan en los confines de la estancia y, como siempre, sin mediar palabra, le muestran el catálogo. "Hembra, entre 14 y 17 años, de unos 42 kilos aproximadamente y 160 centímetros de estatura", eran las instrucciones que le dieron los doctores. Su elección fue breve.

   Días más tarde, mister Hill agarra tembloroso la mano de su hija Joan e, inundado de ternura, besa con la mirada la sonrisa vital de la adolescente. Ambos piensan con agrado en aquellas personas que la hicieron posible.



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(Este texto forma parte de un relato que me publicaron en México. Lo publico aquí desde hace 5 entradas, en 10 entregas diarias, bajo el mismo título: "Sinfonía de órganos", pero subdividido en 10 capítulos muy cortos que llevarán como subtitulos 10 ciudades distintas del planeta. Este es el 6º capítulo. Espero que disfrutéis con la lectura.) 


lunes, 3 de septiembre de 2012

SINFONÍA DE ÓRGANOS (Cap 5. Cali, Colombia)


   Sus manos alzan pústulas. Sus labios quebrados por la dilatación del cilindro metálico al fumar carack no eclipsan la magnificiencia de sus ojos verdes, ni siquiera las palizas terribles de su madre pudieron apagar el brillo de la vida en ellos. Tampoco los golpes de porra y culatazos de escopeta de la policía, ni los navajazos de otros niños abandonados o fugados y asesinos como él. Nómada desde hace tres años deambuló por adoquines y barro, por lupanares de olor a vinagre y antros colmados de pólvora y cocaína. Desgajó poco a poco su alma de pureza en los tugurios de ese maldito barrio a las afueras de Cali.
   Ahora domina las leyes de la supervivencia y se siente poderoso. A sus 14 años Tomasito es el jefe de su banda y, a veces, es solicitado por algún cártel de narcos como emisario de un paquete o de sicario para liquidar a algún traidor. Se cree autosuficiente, y más aún en este momento, aspirando el humo del cilindro. La sangre se agolpa en su cabeza y comienza a volar a la imposible cima de su sueño: ver algún día la maravillosa Norteamérica. Apoyado sobre la pared marmórea de un comercio, ante la borrosa imagen de los faros de los automóviles y las trémulas luminarias, resbala hasta el suelo vencido por el cansancio. Mirando sonriente a su amigo le dice:

   - Como no saben qué hacer con tantas ratas construyen más alcantarillas.

   Horas después su sueño se hace realidad. Tras un fugaz paseo por las tinieblas de un basurero logra volar al fin para despertar en Norteamérica.


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(Este texto forma parte de un relato que me publicaron en México. Lo publico aquí desde hace 4 entradas, en 10 entregas diarias, bajo el mismo título: "Sinfonía de órganos", pero subdividido en 10 capítulos muy cortos que llevarán como subtitulos 10 ciudades distintas del planeta. Este es el 5º capítulo. Espero que disfrutéis con la lectura.) 



domingo, 2 de septiembre de 2012

SINFONÍA DE ÓRGANOS (Cap 4. Ottawa, Canadá)


   Ya desde pequeño apuntaba inclinaciones solidarias. Sus arraigadas convicciones católicas le llevaron en su adolescencia a abandonar Puerto Cartier e ingresar en un seminario de Quebec para forjarse misionero. Sin embargo, el hallazgo prematuro del amor carnal en sus relaciones con Alberta Brunswick, le hizo olvidar el deseo de vestir hábitos, no así su afán de ayudar a los más necesitados. Hoy el doctor Laurier, eminente oftalmólogo, está orgulloso de haberlo conseguido. Todas las noches en sus oraciones agradece a Dios el don otrogado, unas manos hacedoras de milagros.

   En este instante, mientras libera a Johnnattan de la venda que cubre sus ojos, evoca la conversación que mantuvo con Alberta durante el desayuno acerca de un titular aparecido en la prensa: "Asesinados 500.000 niños en Sudamérica en el último año".
   Dijo a su mujer que, a veces, pensaba dejarlo todo e irse a algún país del sur para difundir la palabra de Dios y ayudar a cuantos sufren.
   Ella, lúcida, le rebatió, mientras retiraba de la mesa los cubiertos de plata.

   - Has de estar aquí, donde hay personas que necesitan un transplante y necesitan tus mágicas manos.

   Johnattan descorrió sus párpados y el doctor Laurier se sintió desbordado por la esplendorosa sonrisa que florecía en el iris de esos ojos, nacientes nuevamente en otra vida. Y piensa: - Es cierto, éste es mi lugar.


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(Este texto forma parte de un relato que me publicaron en México. Lo publico aquí desde hace 3 días en 10 entregas diarias, bajo el mismo título "Sinfonía de órganos", pero subdividido en 10 capítulos muy cortos que llevarán como subtitulos 10 ciudades distintas del planeta. Este es el 4º capítulo. Espero que disfrutéis con la lectura.) 



sábado, 1 de septiembre de 2012

SINFONÍA DE ÓRGANOS (Cap 3. Tegucigalpa, Honduras)


   El Piraña es el agente más temido por la escoria de maleantes. Aquella noche un sudor frío crispaba su cuerpo, mientras una vaharada ardiente de ron de garrafa escapaba volátil por la ventanilla del auto. Esperaba el momento propicio.
   Solitaria al fin la calle, eco silente de las pisadas del agente, fue única testigo de los acontecimientos. El Piraña empuñó su revolver, acercó el cañón gélido como la hiel a la sien cálida del sin nombre y... ¡BANG! Tomasito despertó asustado y su visión primera fue el rostro de la muerte en su amigo, semioculto entre la manta que lo arropaba. Luego tembló adhiriéndose a la piel marmórea de la fachada del comercio. Sabor a pólvora impregnaba su paladar. La pistola lo apuntaba...
   Fue guiado al vehículo policial y, una vez allí, conducido al averno. La tersura fresca de sus nalgas prolongó unos instantes su vida antes de ser arrojado al basurero.
   De vuelta el Piraña sostiene el bote de los ojos entre las piernas. Bebe y bebe imparable de la botella mientras conduce. Piensa que en este mundo todo es cuestión de supervivencia.


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(Este texto forma parte de un relato que me publicaron en México. Lo publico aquí desde hace dos días en 10 entregas diarias, bajo el mismo título "Sinfonía de órganos", pero subdividido en 10 capítulos muy cortos que llevarán como subtitulos 10 ciudades distintas del planeta. Este es el 3º capítulo. Espero que disfrutéis con la lectura.) 

viernes, 31 de agosto de 2012

SINFONÍA DE ÓRGANOS (Cap. 2. Texas. USA)



   Johnattan vio a Dios de golpe. Siempre lo imaginó con larga barba blanca y túnica dorada. En cambio, era lampiño, usaba bata verde y sostenía unas vendas arrugadas en la manos.
   Desde el accidente -cinco años atrás, cuando contaba sólo siete, lo abismó en las tinieblas- nada puede recordar salvo la oscuridad de un túnel sin resquicios. Y ahora, de repente, como un milagro, la presencia de tantos matices irisados horadan unos ojos ya suyos, penetrando en cada célula de su cuerpo como un temblor indómito e inconmensurable. Ante él surge el Universo hasta en las cosas más pequeñas: sus zapatillas, las grietas de su mano, la transparencia de las lágrimas que sobre ellas caen...
   La vida vuelve a Johnattan en hálito diáfano, asombroso y sagrado. Johnattan ansía comerse a besos el alma de quién le hizo tan generoso regalo.



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(Este texto forma parte de un relato que me publicaron en México. Lo publico aquí desde ayer en 10 entregas diarias, bajo el mismo título "Sinfonía de órganos", pero subdividido en 10 capítulos muy cortos que llevarán como subtitulos 10 ciudades distintas del planeta. Este es el 2º capítulo. Espero que disfrutéis con la lectura.)