lunes, 13 de mayo de 2013

CÓMO RESUCITAR A UN MUERTO (EL 15M)

   Pasado mañana se cumplirán dos años del nacimiento de un milagro en nuestro país, aquel que llenó las plazas de indignación, transformándolas en unidad sin grietas, solidaridad y esperanza en un futuro que se antojaba sombrío. Hoy ese futuro se ha hecho realidad con más de seis millones de parados, centenares de suicidios por la situación de desesperación económica y los injustos desahucios, la pobreza sistemática de las familias, el desmantelamiento de la sanidad, la justicia y la educación públicas y de las políticas de la dependencia, el deterioro total de nuestras instituciones, el riesgo de quiebra en nuestro sistema de pensiones, la absoluta desprotección laboral, etc. Y todo esto mientras se rescata a los bancos, las empresas del ibex35 aumentan sus inversiones en paraísos fiscales, se abren cada vez más tiendas de lujo, como la de Ferrari en Madrid, los grandes consorcios empresariales, como las SICAV, siguen abonando a Hacienda un irrisorio 1% de sus inmensos beneficios y los juzgados se hacinan de políticos, banqueros e, incluso, miembros de la casa real imputados. No sólo existen razones para el resurgir del movimiento 15M, siempre las hubo para que nunca dejara de existir. Entonces ¿por qué le dejamos morir y cuáles fueron las causas?
   Como ya comenté en otros artículos relacionados con el tema, el 15M, como movimiento unificado, ya no existe. La escisión de DRY, las disensiones,  provocaciones y las acciones violentas de grupos anarquistas, los intereses particulares de otros grupos antidemocráticos, etc, lo minaron de explosivos. Y ahora sólo queda una lucha soterrada por la consecución de nuevos clientes o afiliados entre diversos intereses partidistas. Sólo nos quedan algunas islas vírgenes, como la PAH o los yayoflautas y a las que se insulta, faltándoles al respeto, como ocurrió el sábado pasado en el debate televisivo nocturno de La Sexta, en el que el líder del sindicato de estudiantes llegó a afirmar sin pudor que nada hubiera conseguido la PAH sin la fuerza del 15M, cuando la PAH surgió con anterioridad al 15M y, hoy en día, sigue manteniendo el apoyo intacto de los ciudadanos, mientras el 15M casi lo ha perdido por completo. Lo que queda hoy del aquel movimiento se parece más a un campo lleno de vallas publicitarias que a un movimiento solidario y unido, como lo fue antaño, allá por sus inicios. Las derechas se ríen de la efectividad del movimiento y las izquierdas, en vez de relanzarlo, se están repartiendo el pastel de la masa social indignada, sin importarles la disgregación y su consiguiente volatilización, en una lucha competitiva y sin piedad, con tal de conseguir un mayor número de votos en las próximas elecciones, lo que les dará mayor poder y dinero. La palabra nosotros está desapareciendo de las pocas asambleas que quedan en pie y cada vez es más acusada la imposición del “yo” o, al menos, de varios nosotros aún más pequeños y que ostentan orgullosos sus simbologías, sus banderas y sus diferencias ideológicas. Sólo hay una cosa en la que todos coinciden: la culpa de todo siempre la tiene el otro. En este país nadie asume su cuota de culpa. Las distintas mareas coloreadas se acercan al dique de contención pero sin la fuerza necesaria que si les daría el avance unificado y sin diferenciaciones. Las reivindicaciones cada vez son más, llegando a ser algunas ciertamente exóticas y resaltando las diferencias particulares entre los grupos. No existe unidad verdadera, por mucho que nos empeñemos en publicitarla, engañándonos a nosotros mismos. Una cosa es lo que desearíamos y otra muy distinta la palpable realidad. Entonces, ¿cómo resucitar el cadáver del 15M?
   A mi modo de ver, y en primer lugar, se debería buscar la unión de todos, pero con la clarísima excepción de los grupos antidemocráticos, ya sean de derecha o de izquierda. Anarquistas, fascistas y demás grupos antidemocráticos deben ser expulsados del 15M sin dilación. No se puede mantener el lema “Democracia Real Ya” manteniendo en su estructura a grupos que luchan, con violencia o no, a favor de la ruptura del sistema democrático. En segundo lugar deberíamos comenzar a condenar el uso de la violencia por parte de algunos que dicen pertenecer al movimiento y esa condena se ha de ejercer con el mismo rigor con el que condenamos la violencia policial. Ya esta bien de excusas, como también hizo el líder estudiantil en el programa de La Sexta, al decir que los violentos no son insurrectos del movimiento, sino policías infiltrados con la intención de romper la protesta pacífica de las manifestaciones, porque eso no es verdad o, al menos, no lo es en todos los casos. Y, por último, deberíamos volver a los inicios, con un programa de mínimos que sea apoyado por la gran generalidad de los ciudadanos y que sea defendido por todos sin disensiones internas, sin mareas coloreadas, sin banderitas diferenciadoras, sin luchas ideológicas y sin ínfulas de heroicidad o mesianismo por parte de algunos. Pero todo esto se me antoja imposible pues, ya ven, la próxima manifestación presentará aún más reivindicaciones (lógicas, pero inútiles en la búsqueda de unidad), tendrá más colorido que nunca y, posiblemente y desafortunadamente, claro está, volveremos a ver imágenes de tipos destrozando cajeros, escaparates y mobiliario urbano. Ojalá me equivoque, pero lo dudo. Es evidente que debemos volver a salir a la calle para mostrar con fuerza pacífica nuestra lógica indignación, pero debería salir aquel 15M inicial que ya no existe y no el corral de zorros y gallinas en el que nos hemos convertido con el tiempo, porque así tan sólo conseguiremos dos cosas: que la ciudadanía se aleje cada vez más del 15M y, con el tiempo, matarnos entre nosotros sin habernos dado nunca la oportunidad de entendernos.

domingo, 12 de mayo de 2013

CERTÁMENES LITERARIOS

 
 
Hoy les quiero explicar cómo funcionan la mayoría de los premios literarios de este país, sin importar la región, ni el color del gobierno bajo el que se auspicia, y siendo algo enquistado en el sistema desde hace ya muchas décadas. Todo comienza con la convocatoria del mismo por parte de algún organismo público (ayuntamiento, diputación provincial, fundación, etc) o alguna entidad (banco, caja de ahorros, etc) y cuyos importes económicos destinados salen finalmente del erario público, ya sea directamente o a través de las excepciones fiscales que se otorgan a estos últimos por el supuesto de fomento a la cultura. Para entendernos mejor pongamos el ejemplo de una diputación provincial (DPX) y de un montante económico redondo (20.000 euros). Bien, los funcionarios y políticos de DPX, como todos los funcionarios y políticos, buscarán lo mismo: la mayor rentabilidad con el mínimo esfuerzo. En el caso de los funcionarios lo que buscarán con ahínco será la merma de trabajo y, en el caso de los políticos, la rentabilidad política, es decir, titulares en la prensa, prestigio, etc. Se dan cuenta de que la distribución del libro premiado  desde la misma DPX sería inexistente y, en vez de ponerse en contacto con alguna distribuidora para que se encargue del tema, como sería lo lógico, lo que hacen es cerrar el trato con alguna editorial importante a nivel nacional y estipulan el negocio de la edición con un precio acordado, encargándose la editorial de la distribución y, de paso, uniendo el prestigio de la misma al del premio en ciernes. Por su parte, la editorial impone que dos miembros de la misma pertenezcan cada año al jurado o, al menos, su voto se tenga en cuenta a la hora de escoger a los premiados, aunque, a nivel de prensa y público, dichos miembros no figuren como parte del jurado. Aquí es donde la espita de la putrefacción se abre.

  
La editorial, normalmente, tiene a algunos autores a los que desea publicar en la recámara, a la espera de poder publicarles sin coste alguno. ¿Por qué van a correr con los gastos de la edición de su autor si, consiguiendo que sea el premiado del certamen literario de DPX, será ésta la que abone los gastos o, incluso a veces, pague el doble o el triple del gasto necesario? Los otros miembros del jurado suelen ser volubles y, con la promesa o la ensoñación de una futura publicación en la editorial si fueren sumisos, se les compra o se dejan comprar con facilidad. ¡Todo sea por el bien de la cultura!, claro está. Luego, una vez el premiado ha ganado su galardón se le obliga a firmar un contrato en el que renuncia a todos los derechos sobre su obra durante varios años (esto figura normalmente en las bases del certamen). El escritor ha de conformarse con el montante económico que le queda finalmente, una vez descontado el 18% que habrá de abonar a Hacienda y el 15% de lo que quede al agente editorial, en caso de que lo tuviere y que es lo más normal en estos casos. Total, que al autor finalmente le queda sólo 13.940 euros de la totalidad del premio, un suculento montante para un regalo preconcedido de antemano y que, posiblemente, nunca mereció, mientras que la editorial ha hecho el negocio del siglo, editando un libro sin costo alguno y sin derechos de autor y cuya venta producirá beneficios netos, a excepción del coste de distribución, siendo todo, coste y beneficios, abonados y producidos desde la inversión con dinero público, es decir, el que usted, yo y todos los demás pagamos en impuestos. El negocio editorial es redondo; el autor no pone objeciones a la pasta pública regalada y no le importa pisotear su propia dignidad como escritor renunciando a los derechos de la obra porque sabe que, si accede, le vendrán más premios económicos inmerecidos en el futuro y más prestigio que le otorga la editorial en la que edita; los funcionarios de DPX no se cargan de trabajo, sólo reparten entre los miembros del jurado los ejemplares recibidos y poco más; y los políticos tienen sus titulares en prensa y su falso prestigio cuando son fotografiados junto al autor (normalmente de prestigio reconocido también). Todos contentos y orgullosos, mientras en asuntos sociales se niega la ayuda a los verdaderamente necesitados. Esta es la esperpéntica fiesta de la cultura en España, la normalidad extendida entre el chabacano negocio de la intelectualidad. Premio más premio más premio de la geografía española: millones de euros de pasta pública para una élite de privilegiados estafadores. Porque si comprueban las listas de premiados de los distintos certámenes literarios verán que suelen ser los mismos (ahora tú aquí y yo allí, y mañana los mismos pero al revés). Las instituciones públicas de la cultura, por dejación de sus funciones o por pura negligencia, han renunciado a sus deber de servicio público y han entregado, en estos casos, todo el poder y manejo a las editoriales importantes del país.

   Una vez explicado todo esto desearía que se pusieran en el lugar del joven escritor que se presenta una y otra vez a estos certámenes, con costes insufribles, pues presentarte a un premio de novela te puede salir por más de 200 euros y, a pesar de su indiscutible calidad literaria, jamás es tenido en cuenta, de tal modo que ni tan siquiera llega a ser leído en algunas ocasiones. Pónganse en el lugar de los cientos y cientos de autores que se presentan a dicho premio, sin tener la más mínima posibilidad. Piensen en los centenares de miles de euros en papel, en tinta y en costes de envío tirados a la basura en cada certamen. Piensen… y respóndanme si esto no es una flagrante injusticia contra la que el pueblo también debiera alzar la voz, porque yo sí tengo claro que esto sigue siendo así desde hace décadas por culpa de nuestro silencio absoluto. Y si nosotros, los autores, preferimos seguir callando y esperando nuestro turno de efímero cartel en el circo editorial español, es que ya no nos queda ni una pizca de dignidad, ni de integridad alguna.    

jueves, 9 de mayo de 2013

EXCÚSENME

   Cuando cree este blog tenía dos cosas muy claras: no pretender hacer en él literatura, pues la mayoría de artículos serían de opinión política y social, además de ser escritos y colgados sobre la marcha y sin corregir apenas; y no hablar en él sobre mi vida (¿a quién le iba a importar la puñetera vida de un viejo?). Hoy voy a romper la segunda regla, pero será una excepción. Lo prometo.
   Ayer me llevé una sorpresa inesperada. Sinceramente, yo pensaba que mi blog no era interesante para los grandes adalides de la cultura, y mucho menos para la élite cultureta de mi ciudad. Lo cual me parece bien, pues nunca fue mi intencionalidad llegar a ellos. Pero, al parecer, estaba equivocado y resulta que sí están extrañamente interesados y sí me siguen, auspiciados quizás por la curiosidad de ver palabras de crítica feroz hacia ellos, palabras a las que parecen temer más de lo que yo nunca pude imaginar. De modo que, sin yo buscarlos, me están saliendo más enemigos de la cuenta. Tiene guasa, ahora que con mi dolencia cardíaca no aguantaría ni un asalto a una mosca. La sorpresa fue el siguiente comentario…

“Me das asco Francis. Francamente, me das asco. Tú eres el que vas a levantar una nueva sociedad, tú? Mientes cuando dices que yo he ganado todos los premios prenosequé y lo sabes tan bien que me das pena. Pena porque no puedes sufrir que alguien, con su esfuerzo, con su trabajo y con su honestidad sea capaz de ganar un premio y de dignificar tu profesión, esa que tú tanto desprecias. Te he oído hablar mal de todos los compañeros sin excepción y he visto arrodilarte ante esos que tanto despreciabas. Lamiéndoles el culo. Me dio asco verlo y te lo referí en más de una ocasión. Así eres tú. Eres un envidioso abyecto, un maleducado sin remedio, un ignorante y un puto desagradecido. Sí, Francis, un ignorante y, además, escribes como el culo. No sólo eres insufrible como persona, lo eres también como poeta. Para mí es un alivio no verte, no tener que sufrir tus puyas hacia los demás. Siempre traté de ayudarte, honestamente, pero tú muerdes la mano que te ayuda. Eres así de ciego, así de ingrato, así de injusto, así de hijodeputa. Porque, Francis, sí, lo siento, eres un hijodeputa. Yo no estaba en Huelva el otro día para dirimir ningún premio, no formé parte del jurado, yo estaba para hablar bien de un amigo, Rafael Vargas, porque yo sí hablo bien de mis amigos, porque yo tengo amigos, porque me los he ganado. Pero así son todos tus infundios. Tú sólo tienes dos amigos, el alcohol y el resentemiento. A mí me tienes ojeriza simplemente porque gano premios (por cierto, ayer recogí uno), porque llevo una vida sosegada y no necesito el alcohol para vivir, porque nunca he ganado un premio que no mereciera (puedes decir tú lo mismo?). Yo sé, Francis, cómo conseguiste tu pensión y nunca lo he referido a nadie. Descuida, no lo haré. Tú sí que vives del erario público, tú sí que vives pensionado, tú sí que vives de mi esfuerzo y del de todos. Lo que yo gano lo lucho y lo trabajo. No quisiera vivir en una sociedad con gente tan abyecta como tú. Me suicidaría ahora mismo si fuera un escritor tan malo y tan acabado como lo eres tú. Acabo: de dignidad mejor no hables, Vale? Me tiraría riendo hasta mañana. Vete al carajo. Olvídame”
                                                                                              … publicado en la entrada que colgué en este blog con el título EL PRECIO DE LA DIGNIDAD, hace poco más de una semana. Obvia decir que quién lo colgó era el interpelado en mi artículo y que, si lo volvéis a leer, entenderéis por qué. También obvia decir que de todo lo que me acusa en ese texto es falso, aparte de dos cosas: soy un mal escritor y no me produce escozor admitirlo y antes bebía quizás demasiado, antes, claro, porque desde que la salud me lo impide no lo hago y bien que me molesta, pues al igual que la marihuana, para mí constituyen dos de los grandes placeres de la vida. En cuanto a lo demás: injurias e ignominias que es como suele desenvolverse en la vida este tipejo. Sólo una aclaración más que creo necesaria: es cierto que este señor no formaba parte de jurado oficial del premio de la crítica andaluza y acepto mi error de apreciación, pero también es cierto que él forma parte de la asociación de críticos andaluces, cuya función, entre otras, es la de aportar tres libros para optar a dicho premio y que el nivel de influencia que dichos miembros tienen sobre los monigotes que ponen como jurado es absoluto. Mi contestación fue privada, por email y en ella entenderéis porqué decidí borrar el nombre del individuo en cuestión y su comentario, al que nada temo.

“1º- Gracias por participar en mi blog
2º- He  borrado tu comentario por una única razón, yo jamás, ni antes, ni ahora desvelé el nombre del interpelado en mi artículo, por respeto a la que fue una amistad querida. (Créeme, es así, aunque otros te hayan dicho lo contrario). Y no voy a dejar que tú lo hagas ahora.
3º- La amenazas sobre cómo obtuve mi pensión me las paso por los cojones, la obtuve porque sufrí un infarto y sólo me funciona un 49% del corazón, según los distintos partes médicos y todos los tribunales médicos por los que tuve que pasar. Tengo los documentos que lo prueban en mi poder. Tomo 16 pastillas diarias para sobrevivir y no puedo caminar más de 500 metros sin tener que pararme a descansar. Con tus amenazas e injurias demuestras la bajeza de tu catadura moral. Cómo siempre, no tengo ni puñetera idea a que te refieres. Ten cuidado con lo que te dicen por ahí, porque pueden estar muy equivocados.
4º- Jamás tuve envidia de nadie, ni antes ni ahora y jamás le lamí el culo a nadie (otra ignominia más por tu parte) y por eso estoy donde estoy, aunque muy orgulloso de ello, y tú estás donde estás.
5º- Nunca dije que no merecieras premios, es más, sigo diciendo que tienes la calidad necesaria para ello, lo que me apena y me decepciona es saber CÓMO los ganas.
6º- Yo nunca te falté el respeto y no lo voy a hacer ahora. No te llamaré lo que tú si me has llamado a mí. Yo no te odio, a pesar de todo, ni me das asco. Cuando pienso en ti únicamente siento pena y decepción. Además, comprendo que tus palabras son producto de la mirada ante el espejo por una verdad incómoda.
7º- Agradezco tu sinceridad sobre lo que opinas de mí como escritor y poeta. Ya era hora que lo hicieras, aunque a la misma vez, ello me corrobore aún más mi desazón por haber caminado tantos años junto a una persona que no hacía otra cosa que mentirme.
8º(y último)- Infórmate mejor. Ya no bebo apenas, no salgo apenas, porque la mala salud me lo impide. Y, créeme, sigo teniendo muchos amigos, incluso más y mejores que los que tuve”

   En fin, EXCÚSENME, perdonad la extensión, sé que ha debido ser un suplicio para algunos leer toda esta mierda pero, ante las acusaciones de ser un cobarde por haber borrado el comentario, he decidido hacer público el mismo y mi respuesta y sin datos que identifiquen al acusador pues, aunque a algunos les cueste creer, no tengo intencionalidad alguna de dañar a nadie, tan sólo pretendí en aquel artículo denunciar el funcionamiento del podrido mundo literario en mi país. Porque formé parte de él y lo conozco bien lo aborrezco. En tiempos como estos recuperar la dignidad perdida es necesario, la resistencia moral ante las tentaciones deshonestas también. Todos hemos tenido en nuestras vidas tormentas y días claros de sol, sombras y luces contrapuestas, nadie es perfecto y nadie lo es durante todo el tiempo, somos humanos y el error forma parte de nuestra vida cotidiana, pero nuestra mayor virtud es la del arrepentimiento de nuestras acciones indignas. Sólo aquellos que se arrepienten con humildad de sus espurias acciones y retomen la senda de la dignidad moral frente a aquellos que deciden seguir hurgando en intereses individuales y oscuros, podrán morir en la paz y el sosiego de ser una persona íntegra. Si algo bueno tiene el hecho de haber renunciado a todo, es que te otorga una libertad que jamás tuviste. Le pierdes el temor a todo. Si nada tienes que perder desaparece el miedo. Como digo en la frase final de EL PRECIO DE LA DIGNIDAD, “Mi blog y la mirada de amor de mi mujer me bastan”. No aspiro a nada más y, por supuesto, no estoy en venta. No pierda el tiempo, señor interpelado, ni me vendo, ni le temo.  Por lo demás, comprenda usted que la historia no está como para que los demás tengan que soportar los cuentos soporiferos de dos viejos, uno que trata de mantenerse digno y sin aspiraciones y otro que se vende por cualquier migaja. Nunca volverá a aparecer usted en mi blog, ni tan siquiera así, innombrado. Hay millones de cosas más interesantes sobre las que hablar. 

miércoles, 8 de mayo de 2013

HACIENDA PREVARICADORA
                           
 
 
Hoy estoy muy cabreado, excesivamente cabreado. De modo que entiéndanme si me excedo demasiado en mi léxico. Acabo de llegar a casa desde la oficina de Hacienda en mi ciudad y si a alguno de ustedes le hubiera ocurrido lo que a mi, sentirían idéntico desasosiego y la misma mala leche. Les explico: resulta que hace como un año más o menos me sancionaron con una multa injusta al ir de copiloto en un vehículo y desabrocharme el cinturón de seguridad para despojarme de la cazadora, hacía calor y la operación tan sólo duró unos segundos hasta que nuevamente me puse el cinturón, pero la mala suerte hizo que un agente de la guardia civil me viera hacerlo desde su moto. El caso es que me sancionaron y el mes pasado me llegó desde Hacienda una orden de embargo a mi cuenta del banco por un importe de 480 euros. En ningún momento pensé en recurrir lo injusto de la multa, pero lo que sí me extrañó fue la orden de embargo y el consecuente bloqueo de una cuenta cuyo único ingreso mensual es el pago de mi pensión por enfermedad cardíaca grave, por un importe inferior al del salario mínimo interprofesional, es decir, inferior a 649 euros, porque la ley deja muy claro que, según el artículo 607.1 de la ley de enjuiciamiento civil y el artículo 82 de la ley de recaudamiento por la que se rige la propia Hacienda, lo prohíben. Cometieron un acto ilegal y así lo hice saber en la oficina de Hacienda de mi ciudad, a través del recurso que les presenté. Y en cuestión de una semana me desbloquearon la cuenta, devolviéndome el importe embargado. Hasta ahí todo muy bien, sin queja alguna por mi parte. La sorpresa llegó ayer, al ir a sacar dinero de mi cuenta y responderme el cajero que mi cuenta estaba nuevamente bloqueada por Hacienda y por el mismo concepto.

   Hoy he estado de nuevo en Hacienda, hablando con el jefe de la sección de recaudación, y le he dejado muy claro que ellos, desde el 11 del mes pasado, fecha en la que les entregué el recurso del que os he hablado, tienen plena constancia de que en mi cuenta únicamente se ingresa mi pensión que, como ya les dije, es inferior al salario mínimo interprofesional y que si, a pesar de ello, insisten en la ejecutoria del embargo están cometiendo un delito que se llama prevaricación. Sí, el mismo que han cometido personajes oscuros de nuestra política y contra los que no actúan, tal y como debieran, ni Hacienda, ni los jueces de este país. ¿Por qué se persigue a los ciudadanos de a pie con tal escarnio e insistencia y nada se hace contra esos delincuentes? Entiéndalo, esto ha sido un problema informático, la máquina ha debido emitir la orden por su cuenta, me vuelve a traer la misma documentación del mes pasado y me presenta otra vez el recurso y se lo arreglo, igual que la vez anterior, me dijo, mirándome a los ojos y en plan conciliador, el señor jefe de recaudación. Y yo le contesté que sí, que lo volvería a hacer, pero que, mientras tanto, nos fuera preparando un plato de comida a mí  y a mi mujer en su casa, que iríamos a comer cada día porque cómo usted entenderá con un sueldo de 622 euros al mes y la cuenta bloqueada no tengo más remedio que depender de su buena voluntad y generosidad, le dije. No se preocupe, si me trae los documentos mañana mismo, sobre la marcha, le levanto el bloqueo, me contestó, ya más inquieto que conciliador.
 
 
La verdad es que no puedo entender a este país. Se persigue sin tregua a los pobres y a los delincuentes millonarios, aún cuando estén imputados en un proceso judicial, se le otorga todo tipo de privilegios, tales como permitirles salir de España para ir a esquiar en estaciones de lujo. ¿Qué quieren, acabar con los pobres y los enfermos? ¿Con todos aquellos que no pueden, por falta recursos, valerse por sí mismos? ¿De qué coño va realmente esta historia? ¿Acaso se trata de un genocidio encubierto para ahorrarle gastos al Estado y cumplir el objetivo de déficit exigido por Bruselas? Porque no pueden ni imaginarse el dolor que tengo ahora instalado en el pecho por el sofoco producido y mi dolencia cardíaca. Sé que yo no soy el primero al que se lo hacen, conozco a tres amigos con similar situación a la mía y a los que también les estuvo jodiendo Hacienda con idénticas excusas. Tres amigos que, como yo, hemos tenido la suerte de arreglar la situación gracias a los conocimientos adquiridos y nuestra preparación intelectual, pero ¿cuántos habrá en la misma situación, sin la mínima preparación, ni los conocimientos requeridos?, ¿a cuántos de ellos estará ahora mismo jodiéndoles la vida Hacienda?, esa Hacienda en la que confiamos la persecución de los delincuentes y sus delitos cometidos y, en cambio, comete, una y otra vez, el delito de prevaricación sin pudor alguno contra personas vulnerables e indefensas por su absoluta carencia de recursos. ¿En quién podemos confiar cuando es la propia Hacienda la delincuente e, impunemente, se enorgullece de su fría inhumanidad? ¿Estará el señor Montoro orgulloso de ello?

martes, 7 de mayo de 2013

¡VAYA MIERDA DE PAÍS!

 
“Tú no eres…una ladrona, tu no eres…una ladrona”, le gritaron hace un par de días, durante su último concierto, miles de fans a la Pantoja. Podríamos pensar que es un hecho aislado de retraso mental en un grupo de españoles, gente ciega de mitomanía que está dispuesta a morir por su idolatrada, aunque ésta pretenda robarles y masacrarles, pero no, no es un caso aislado, ese grupo es un ejemplo claro de lo que es el conjunto de la retrasada ciudadanía española. Tenemos incrustada en la sangre la cultura del pícaro desde tiempos ancestrales y premiamos al “listo” que va por la vida jodiendo a los demás. “Ella no es culpable de nada, tan sólo de enamorarse”, decía una fiel seguidora. Como si el amor (interesado o no) le perdonase haber desfalcado, junto a su esperpéntico novio, las arcas del pueblo de Marbella. Vamos, que todos sus últimos inmuebles adquiridos los pagó con billetes de amor. Pues sí que tiene que ser raro, para algunos, eso del amor, porque adorar a la hipócrita llorona tiene un pase, pero ¿quién es el gilipollas que le sigue votando al Fabra por amor? Manda cojones, como diría el gran extorsionador de los jueces. ¡Vaya mierda de País!

 
 
Somos idiotas, retrasados mentales. Nos roban en las narices, ostentan del producto de su codicia sin pudor, arruinan nuestras instituciones y, de paso, nuestra economía familiar, nos llevan a la ruina social y, en muchos casos, a la moral y les seguimos amando. Perdonando a la choriza cantante y votando, una y otra vez, a los abyectos delincuentes que nos gobiernan y roban desde nuestras propias instituciones.  ¿Y después nos quejamos de lo que nos pasa y echamos la culpa de todo a los alemanes? Si nuestro país fuera Alemania, la mayoría de nuestros políticos estarían en la cárcel. Deberíamos aprender de ellos, en vez de criticarlos. Ellos eran un país en ruina –literalmente- hace poco más de 50 años y a nosotros nos han bastado 35 para derruir con nuestras propias manos (y votos) el paraíso democrático. Ellos, en poco más de medio siglo han alcanzado un nivel cultural más que aceptable y, nosotros, a pesar de esa “maravillosa” educación que defendemos, somos cada vez más los pseudoanalfabetos, llegando en muchos casos a la universidad sin saber escribir o expresarse correctamente y sin saber siquiera pensar. ¿Qué futuro podemos esperar de una mayoría de burros sin bozal? Seguirán votando ciegos a quién les vendan en pantalla, aunque nos muestre su Ferrari comprado con la tarjeta del banco suizo donde guarda los millones de euros robados al erario público. Es más, posiblemente, la chulería del Ferrari, unida a su altanería de chorizo impune, le otorgará más votos de tanto imbécil. ¡Vaya mierda de país!

 
 
No sé cuándo se arreglará esto, no sé siquiera si seremos capaces de arreglarlo, pero si ocurre el milagro y los conseguimos sin sangre, deberíamos aprender de la experiencia y no cegarnos nuevamente con el crecimiento de la economía. Pienso que nuestra prioridad debiera ser la de culturizar al pueblo, de modo que éste llegue a ser capaz de pensar por sí mismo. Deberíamos olvidarnos de una puñetera vez de luchas en pro de la evangelización ideológica, de la ciega fe dogmática del partido que ostenta el turno del gobierno, de los decretos por cojones, y comenzar, seriamente, a educar al pueblo en el pensamiento libre, en el ejercicio democrático y en la acumulación de los indispensables conocimientos que necesitamos para poder desarrollar una mente lógica y llena de sentido común. Porque este país y su ciudadanía, así, cómo están, no es más que una inmensa cagada que apesta y avergüenza al mundo. Mientras el nivel cultural de este país siga naufragado en el barro y los excrementos no tendremos solución, seguiremos teniendo políticos corruptos, incluso condenados, gobernando en nuestras instituciones, seguiremos votándoles fanáticamente por amor (interesado o no). Chorizos y folclore, que no es un tópico, es nuestra puta realidad. ¡Vaya mierda de país!  

sábado, 4 de mayo de 2013

NO TIENEN LÍMITE

  ¿Por qué no hacen leyes que les permitan fusilarnos? Total, el resultado final sería el mismo en la buscada intencionalidad de los verdugos, pero al menos acortarían la lenta agonía de las víctimas. Y si no fuera por la presión internacional, posiblemente, lo harían, aunque evitaran mancharse las manos con nuestra nefanda sangre. Serían otros, los que se venden, los que apretasen el gatillo. Los viejos y los dependientes estorbamos y, además, tenemos la virtud de morirnos en silencio, lo que indudablemente les encanta. Por mucho que nos duela la enfermedad ante la obligada ausencia de los medicamentos, seguimos sin quejarnos. Habrá que escoger entre calmar el dolor o alimentarse, entre morir de frio por la imposibilidad de calefacción o dejar que la enfermedad te muela a palos cada día. ¿Nos vamos a resignar a pudrirnos lentamente frente al espejo? Porque está claro que ellos no tienen límite, pero nosotros sí lo tenemos, el nuestro y el de ellos.

    El actual sistema de pensiones es insostenible, nos dicen, mientras callan que el 97% del fondo de pensiones lo han invertido en deuda española. Sí, en parte, la bajada de la prima de riesgo se ha conseguido gracias al sacrificio de los viejos. Para nuestros políticos es más escandalosa la subida de ese puñetero índice que el abandono y la consecuente muerte de los que no pueden valerse por sí mismos. Si hay que recortar asesinan a los viejos impertinentes y, de ese modo, se consigue la pasta para los colegas nombrados asesores. Porque en eso de sus ostentosas remuneraciones, dietas, gastos varios de representación y demás privilegios de la casta política NO SE METE LA TIJERA.

   Enterémonos de una vez: el déficit somos nosotros, los pensionistas, jubilados y dependientes de este país y ya ha comenzado el exterminio. Enterémonos de una vez: les estorbamos en su planes de codicia y su estrategia es la de aniquilarnos. Enterémonos de una vez: a nadie le importamos. Ellos saben que las sillas de ruedas no se mueven si nadie las empuja y los otros, aunque también jodidos, van a lo suyo, sus enfrentamientos ideológicos, su camisetita de colorines, sus mareas sin salitre, su costumbre de pedir y pedir, y exigir y exigir, tan sólo para ellos. Esté viernes comenzó la extinción y a nadie parece importarle. El que no pueda moverse que no se mueva, el que no pueda alimentarse que no se alimente y el que no pueda vivir que no viva. ¡Qué se mueran todos los viejos y todos los inútiles dependientes!, gritan con una sola voz todos los patriotas. ¿Se lo vamos a permitir?   

viernes, 3 de mayo de 2013

EL PRECIO DE LA DIGNIDAD

 
 
Ayer, en la presentación de una nueva antología de autores, esta vez unidos por el concepto de la Tierra, volví a ver al autor más laureado de la provincia. Sí, ya saben, ese que se lleva la mayoría de los premios (pre)otorgados (como ocurrió con aquel de novela, cuyo montante era de 30.000 euros y al que él ni tan siquiera se presentó). Han pasado los años y él ya se ha alzado en el escalafón y, al parecer, ahora le toca devolver los favores. En los últimos años verás que constituye parte de todos los jurados y cómo son ahora sus amigos y compañeros de viaje pucheril los que suelen llevarse los galardones. Pero no, no seáis tan poco imaginativos. Sigue sin llevar chaqueta, sin cortarse su barba y su melena de aspecto revolucionario y, además, sigue levantando el puño izquierdo y manteniendo su falso discurso progresista. ¡Qué asco me dan estos tipos! Son aún más vomitivos que los fachas hipócritas que nos gobiernan.


   Parece ser que está en la ciudad porque forma parte del jurado del premio de la crítica andaluza. Llegó anoche, pues tiene hotel pagado por la Junta de Andalucía, a pesar de vivir a escasos kilómetros de la ciudad, en un pueblo que no merece tan barato ciudadano. Y ayer, ya confabulaba a solas, apartado en un rincón aislado del bar, con otra compañera de poesías y lamidas de culo a los señores políticos de la cultura, los que manejan la pasta. Porque, aunque nos parezca inconcebible, en este país no hay dinero para los viejos y discapacitados que mueren solos en el abandono, ni para los enfermos crónicos (en el hospital de mi ciudad en el que se atiende a los ciudadanos de los pueblos adyacentes han cerrado el departamento de cardiología), pero si lo hay aún para los canapés elitistas de la cultura, los cachés inflados de los faranduleros de las letras, y los montantes económicos de los premios que se reparten entre ellos y sus colegas más fieles, los que callan y tragan pollas o lo que haga falta por tal de estar en el cartel.
  
 
Algunos pensaréis que esta vez me estoy pasando un huevo, que ya está mal esto de la cultura como para que yo encima ande metiendo mis narices en tan escasa sopa. Pero, señores lectores, créanme cuando les digo que sé muy bien de lo que hablo, a pesar del dolor que me produce, personalmente, esta verdad tan incómoda. Al muchacho en cuestión, en realidad ya bastante madurito, lo conocí muy bien, pues fuimos íntimos amigos durante un tiempo en el que, sin yo saberlo, ya ejercía de Maquiavelo, mientras yo lo admiraba como escritor, pues nunca estuvo falto de calidad literaria, lo que aún me produce mayor desazón en la actualidad. Fue él mismo quien me confesó en su día que había ganado el U. de novela sin haberse presentado y, a partir de ahí, se rompió nuestra relación. Él y sus otros amigos de interés monetario me excluyeron cuando decidí hacer público lo que sabía. Miren, yo puedo entender la necesidad, los muchos años trabajando en solitario frente al ordenador sin que nadie te reconozca nada, durante años hurgando en la manera de salir a la superficie, mientras tus hijos se hacen mayores y los gastos aumentan: la universidad de los hijos, la conveniencia de un vehículo para desplazarte aquí o allá en tus lecturas públicas y remuneradas, las facturas que se han de pagar, etc. Pero es que siempre ocurre igual, cuando ya tienes eso no te basta y ahora, de repente, aspiras a poder viajar para documentarte, a estar en la élite burguesa de las letras provincianas, a vender millones de novelas, aunque para ello tengas que escribir al dictado de tu editorial, a llenar tu cuenta corriente y la de tu agente sin tener que preguntar dónde y cómo se cocinó el negocio. Yo admiraba al escritor puro de antes, al que aún tenía dignidad, y no al mercader de ignominias silenciadas que veo ahora cuando le miro. ¿Cuánto vale la dignidad de un ser humano? La de ciertos intelectuales muy poco al parecer. ¿Y así vamos a salvar el mundo? Porque con eso soñaba en sus principios el muchacho, cuando ambos éramos unos jóvenes ilusos. Y ahora ya ven cómo cambia la historia. Él, un paje de la mercadería literaria y yo el príncipe del escepticismo. No sé, llámenme tonto si quieren, pero yo prefiero mantener intacta mi dignidad frente a los ojos de la mujer que amo. Mi blog y su mirada de amor me bastan.