martes, 4 de diciembre de 2012

LA POCILGA LITERARIA

   No he escrito nada durante días. Se me quitaron las ganas. Fue tanto el asco que sentí con el último escritor que he conocido, que he repudiado este oficio durante un tiempo. Sin embargo, las espinas duelen y no hay forma de cortar la sangre sin nuevas suturas de palabras. Nunca hablé de ello en este blog, pero yo fundé y coordiné la tertulia literaria de mi ciudad “La gata literata” y, al principio, todo fue maravilloso: buenos amigos, la sala llena y el interés de escritores nacionales por venir. Vinieron muchos y de diversas generaciones. También artistas de la perfomance y soñadores del otro lado del charco. Recuerdo a Vaz de Soto hablándonos sobre cómo escribir una novela y la audiencia impávida a pesar de haber sobrepasado la una de la mañana de un nuevo viernes. Pero todo en la vida sufre erosión. Poco a poco nos fuimos oxidando y al cabo de tres años aquello parecía más un velatorio que una reunión de bohemios y faranduleros. Tres años después del nacimiento, semana tras semana programando nuevos actos, en junio de este año di por muerta la aventura. Se ve que no es buena costumbre en este país hacer las cosas sin esperar rédito, con el único ánimo de acercar la cultura al pueblo. De modo que, a excepción de los ultravanidosos fracasados que veían siempre en el escenario una nueva y maravillosa oportunidad, los demás fueron buscando esquinas más rentables.
   Pues bien, el día 29 del pasado noviembre yo estaba invitado a realizar una lectura en un bar de mi ciudad, el 1900, conocido por su movida cultural, y un ¿amigo?, de esos de los ultravanidosos que colaboraron en los últimos tiempos de “La gata…”, me comentó que había invitado en su día a todo un prócer literario, el prestigioso poeta y editor e hiperpremiado a nivel nacional e internacional en su faceta de traductor J. L. R. P., y que este le comentó que sólo podía venir el 29 de noviembre, que si no me importaba cederle mi lectura en el 1900, que ya lo había hablado con él y estaba dispuesto a venir desde Sevilla. Convine con el gerente del 1900 y con mi ¿amigo? que leeríamos ambos a la vez, en el mismo acto, participando yo con un único poema al final del acto. Cuál fue mi sorpresa cuando días después recibí un correo anunciando un acto organizado por “La gata literata”  en el 1900. En él, mi ¿amigo? se anunciaba como el nuevo coordinador. Hemos de tener en cuenta que hablamos de una asociación legalizada y en la que este supuesto amigo no figura por ninguna parte. No obstante, tratándose de un solo día, no le di importancia. Pero tener que aguantar al saco de pellejos y frivolidades que era el pedante y engreído escritor ya era demasiado. Y estallé.  
   El tipo es una reinona que sólo sabía hablar en primera persona yo, yo, y siempre yo…. Yo y mis viajes, yo y mis premios, yo y mis libros, cada uno por su lado, el flamenco presumido y patético y la osa vanidosa del circo que sueña con ser La Polar. Los premios no están dados de antemano, me decía y, a la vez, me comentaba que, con total seguridad, este año ganaría el premio nacional de traducción una muy amiga suya que vivía en New York. ¿Estaría él en el jurado? Y luego nos hablaba de sus viajes financiados por los distintos institutos cervantes repartidos por el mundo, de su asistencia a innumerables encuentros internacionales. Financiados también con dinero del pueblo, desde luego, le dije yo y comencé ya a notar cierta incomodidad por su parte. También hablamos de literatura, ¡cómo no! Él defendía la exaltación de la belleza en la palabra y rechazaba lo que denominaba panfleto político o social. Para él la metáfora y la métrica eran la esencia del poema y durante la lectura definió sus propios poemas rimados como muy bonitos varias veces. Fue vomitivo, la verdad. Traté de explicarle, en los escasos momentos en los que lograba hablar, que yo estuve toda la vida currando como agente comercial y que en esa faceta de mi vida ya había tragado suficiente mierda para lograr alimentarme, como para tener que hacer lo mismo en el ámbito literario. Expuse que la literatura era, en cierto modo, la parte de mi vida que me purificaba y no me era posible transgredir mi ideal inmaculado de la cultura literaria, y veía vergonzoso que los demás sí lo hicieran. Él ni caso y a lo suyo, abrir la cola de pavo real decrépito ante la escasa afluencia de público y pavonearse suplicante de nuevos admiradores.
   Terminó el acto y el ínclito se puso a regalar libros suyos, firmados in situ, sin esperar a que yo subiera al estrado para leer mi único poema. Mi ¿amigo? se pavoneaba junto a él, como buen lacayo de rey efímero. Pasaron los minutos y yo los veía desde el escenario, sin que nadie reparara en mí. Comenzó a sonar la música en el bar y decidí largarme a casa. Allí estaría más cómodo, desde luego. Al día siguiente me llamó por teléfono para recriminarme mi actitud. Le pregunté si le había gustado el único poema que debería haber leído aquella noche y que me fue imposible leer. No supo qué contestarme, colgó el teléfono y aún no lo he vuelto a ver. Tampoco espero volver a ver al prócer. ¡Qué le vamos ha hacer!, prefiero un cocido de legumbres al más excelso de los caviares. Pero sobre todo prefiero la verdad y realidad mostrada en la ficción, la sinceridad poética, aunque produzca heridas incurables, antes que la impostada supuesta belleza de un mundo sectorial y podrido, el de las letras, del que tanto falso e hipócrita miserable vive a costa del esfuerzo laboral y del sacrificio del sencillo y humilde pueblo de España.

lunes, 26 de noviembre de 2012

CUIDADO CON LOS ABUELOS, SEÑOR PRESIDENTE

   La cosa comienza a ponerse dura de verdad y no me refiero al inicio de una fiesta sexual y desenfrenada, no, ese estado de euforia ya sólo pueden permitírselo algunos privilegiados. Como digo, la cosa comienza a ponerse muy, pero que muy negra y cruel. No sé si habrá ocurrido allende mis fronteras provincianas, pero aquí, en la provincia desde la que partió Colón en busca del oro americano, el día 25 del mes no se les ha hecho el ingreso de la paga extraordinaria a los pensionistas. Ignoro si el problema ha ocurrido en el resto del territorio andaluz y español, pero si así ha sido, que se vaya preparando este gobierno, porque ni imagina el caos social que se le puede venir encima. He llamado al CAISS (organismo andaluz que se encarga del tema) para preguntar y quejarme por ello. Al principio las líneas estaban colapsadas, lo cual me llevaba a presagiar lo peor, pero finalmente me han atendido y, sin cuestionarse el motivo de mi llamada, me ha dicho una chica que todo es un error bancario, que ellos sí han ingresado los importes en el banco, pero que éste no hará efectivos los pagos en la cuentas de los usuarios hasta el 30 o 31 del mes. Lo cual me lleva a dos conclusiones evidentes, si es que el problema resulta ser nacional.
   La primera es que el problema de caja del Estado es aún peor del que nos dicen y siguen manteniendo administraciones y cargos duplicados, privilegios inmorales autoconcedidos, asesores superfluos, amiguetes contratados, sueldos exorbitantes, etc… y la cara más dura que el cemento armado. Está claro que pedirán el rescate antes de que finalice el año, necesitan más dinero que arramplar, aunque el pobre pueblo se ahogue en el lodo miserable de la pobreza y la inanición. La segunda conclusión a la que llego es que los bancos tienen bien agarrados a los políticos por los huevos. El estado hace todas su transacciones a través de ellos y si les da por cortar el grifo de ingreso en las nóminas aquí se arma la de Dios, el  Castigador, claro está. Cómo para que el poder legislativo se ponga chulito y les pretenda derogar la rentabilísima ley hipotecaria, que esas chorradas bruselescas de ilegalidad ellos se las pasan por el forro de sus cojones. Que nos los toquen, que nos los toquen, que se va a enterar el pueblito español de lo que puede llegar a costarles una barra de pan, dirán los muy hijos de puta.
   Sea como fuere y culpa de quien la tenga, ambos se equivocan si piensan que esto sólo va a afectar al número de jubilados y pensionistas del país. Ya son casi seis millones de parados en España y muchos de ellos sobreviven gracias al sacrificio de sus mayores, muchos dispuestos ha pasar necesidades verdaderas antes de ver con hambre a sus hijos. Dos millones de niños españoles viven por debajo del umbral de la pobreza y si aún sobreviven es gracias a la gratitud de sus abuelos. Cientos de miles de desahuciados viven y comen en los hogares de sus ancianos. Otro tanto ocurre con los dependientes, con los autónomos arruinados, con mujeres trabajadoras a las que jamás se les hizo contrato alguno, con los jóvenes, albañiles o licenciados, que llevan años sin encontrar trabajo… y así suma y sigue y el resultado final es abrumador, inquietante, el claro antecedente, como una semilla a punto de brotar, de una revolución social de catastróficas dimensiones. Ellos sabrán qué es lo que buscan, aunque yo creo que esos señores no viven en nuestro mundo, el mundo real de la herida abierta y la dentellada. Ellos se deben de creer elegidos, intocables, indestructibles, pero cuando el pueblo decida bajarlos del pedestal y mostrarles la realidad de frente ya será tarde para ellos, ya serán sólo pedazos muertos de un cuerpo humano despedazado.
   A los jubilados y pensionistas de España ya no nos queda nada, ni siquiera la esperanza de ver cómo nuestra estirpe crece sana y feliz. Desde hace algunos años tan sólo adivinamos sombras funestas en los ojos de nuestros hijos, cada día nos vemos obligados a sobrellevar penas y angustias demasiado pesadas para nuestros frágiles cuerpos. Nada hay más terrible que un nieto proclame su hambre y no tengas nada que darle de comer. El corazón ya se nos ha endurecido tanto… Pero, a pesar de nuestras carencias físicas, los jubilados y pensionistas españoles aún mantenemos intactos nuestro pundonor y dignidad, nuestra integridad ética por ser hombres y mujeres que lucharon por la libertad y los derechos humanos, por la constitución que ahora vosotros pervertís, por la democracia que ahora vosotros manipuláis, por una clase política honesta y preocupada por el bienestar de sus ciudadanos y no por la sarta de ladrones codiciosos y engreídos en la que os habéis convertido. A los jubilados de España, señores políticos, comenzáis a darles asco, asco de verdad, y, teniendo en cuenta lo poco que deben arriesgar si ya no les queda nada, es muy posible que ahora sí, por fin, decidan echarse a la calle. Y ¿quién los moverá entonces, señor Rajoy? o ¿acaso tendrá usted el valor de azuzarle sus antidisturbios, con sus porras y su rabia?
   ¡Despierte, señor presidente del gobierno! ¿Qué cree usted que ocurrirá cuando ordene a un nieto aporrear a su abuela?

sábado, 24 de noviembre de 2012

EL FRANCOTIRADOR
(Dedicado a los banqueros) 

   El francotirador nació ya con el ojo del halcón incrustado en sus pupilas. De pequeño sufría la carencia de todo aquello que los otros poseyeran. Racionaba con exactitud el fruto e ideaba pactos con las ilusiones de la cáscara. En cuanto a la diana, según se preparaba puliendo durezas y afilando estiletes, iba siendo más certero, centrándose en el objetivo concreto, ese corazón que palpita como un colibrí y que, desaforado, busca alguna apertura en la jaula de cristal. El primer disparo mortal le produjo cierto ardor en la conciencia, pero activó enseguida sus escudos, echó mano a antídotos y desarrolló aún más la precisión de su armamento.
   El francotirador conoce la importancia del terreno. Dominar la cota más estratégica se convierte en esencial. Ha de poseer el lugar desde el que puede observarlo todo, las costumbres, la rutina de cada una de sus futuras víctimas. Él no habla, no hace ruido, sólo observa en la distancia y dispara. Y, además, calcula el recorrido de la bala, la velocidad del viento, el impacto climatológico, el índice barométrico, pluviométrico y de otras bolsas, el coste de la munición y la rentabilidad y el interés de cada muerte. Algún día disfrutaré de la cosecha de tanto latrocinio y sonreiré bajo el sol de algún Caribe, eyaculando sobre la piel del ébano tropical, dirán, mientras los casquillos de los proyectiles se amontonan a sus pies.
   Según aumenta el número de víctimas se crece en su codicia. Sin embargo, hay sentimientos que él no logra domar. Cuando ve a una madre o a una abuela cubriendo con su cuerpo a sus vástagos. Cuando se enfrenta a ese amor total, incólume y, para él, indescifrable de alguien que, con orgullo, se interpone entre su bala y la víctima. Cuando esa nueva víctima inesperada se entrega consciente de su fatalidad a cambio de nada. Cuando ocurre esto el francotirador acaba confundido. Liquida a ambos objetivos, pero acaba confundido. Y un temblor inesperado comienza a gestarse bajo sus músculos. Él es un cazador solitario, un ermitaño de la intriga, un anacoreta del caos y la destrucción. ¿Cómo soportar las muestras de amor y de amistad? ¿Cómo no quebrarse, tras la lente, al ver un acto de altruismo? Pero él, con rigor y disciplina, rechazará siempre aquello que le convierta en vulnerable.
   El francotirador dispara hoy desde sus despachos financieros, domina desde su cima ciudades y continentes, y sobre la vasta llanura de la mediocridad pastan sus víctimas ciegas, sin saber que les apunta. Cada día caen mortalmente un número ya definido que son devoradas al instante, dejando sólo algunos restos para traidores y cómplices. No existe un sorteo que predetermine quién, sólo un número que puede ser el mío, el tuyo o el de otro. Y el sonido de los disparos es ahogado por la súplica del silencio y los sobornos. Sólo algún grito desesperado o la rabia valerosa de algún suicida zurea bajo un arcoíris de diseño. Todo lo demás es silencio. El impuesto silencio constitucional. Y todos callan. Ninguna pregunta puede soñar con las alas aterciopeladas de las mariposas. Porque hay una al que francotirador teme: ¿Qué ocurrirá cuando acabe con mi última presa y regresen los pájaros airados de los muertos, con sus alas de metal y guillotina, cuando el prado y la llanura se extiendan en un vacío abismal y desde la oscuridad de las cavernas manen dentaduras sedientas de mi sangre?, es la pregunta que palpita, oculta en su silencio.  

miércoles, 21 de noviembre de 2012

TÚ PUEDES

   Nunca compré un piso. Nunca poseí un automóvil o una moto. Nunca pedí un crédito. Y logré sobrevivir. Sólo tuve cuenta corriente en un banco los últimos años de mi vida, después del infarto y la pensión, y porque no hay otra forma de cobrarla, que si no seguiría sin tenerla, pues jamás me gustaron esos buitres de corbata que lucían falsas sonrisas Profidén. Sólo accedí a sacarme el DNI cuando me hicieron imposibles muchas cosas. Y el pasaporte lo saqué de buen grado, ¡qué iba a hacer!, si viajar formaba parte de mis vicios. Y, sin embargo, sobreviví. Y os aseguro que jamás simulé pose de anarco por ello. Había cosas complicadas, claro está, pero con tesón y mostrando mi valía, convencía a todos mis jefes para que me pagasen en efectivo, sin dármelas de capitalista liberal por ello. Era, simplemente, cuestión de necesidad. Rebeldías y errores de juventud me condenaron al exilio administrativo. Y, a pesar de todo, logré sobrevivir. 
   El camino fue duro, y cruel a veces. Y otras veces fue tan sólo un paraíso efímero que se apagaba al día siguiente, cuando comenzaba a despuntar el alba. Es cierto que en muchas ocasiones pensé en rendirme, en abandonarme en cualquier pozo oscuro y mandar todo al infierno en el que estaba a punto de entrar. Pero algo, no sé qué, me daba fuerzas desde lo más profundo del hundimiento y me volvía a levantar. Esos eran los mejores momentos, porque eran momentos de gloria y asombro. Como si volviese a nacer y viese ahora todo con los ojos de un bebé. La vida renovaba su sentido, su esencia milagrosa, su euforia liberada. Entonces me reinventaba, desechaba la puñetera idea de que todo en este mundo es cuestión de competir por la supervivencia, de herirnos los unos a los otros por codicia o ambición, y buscaba cómplices con los que compartir el fraternal latido de la humanidad. Por supuesto que fui traicionado y puede que yo también traicionase alguna vez. No somos dioses. Y, además, la perfección no existe. De modo que qué otra cosa podemos hacer, sino tratar de mejorar un poco cada día. Si no recibiésemos palos en la vida, tampoco tendríamos la oportunidad de volver a recuperar el asombro ante el misterio desvelado de la existencia. 
   Por eso este escrito va dirigido a ellos. A los que están a punto de dejarse abandonar en ese oscuro pozo de la exclusión y el ostracismo. Se puede, os digo. Yo estuve varias veces en él y logré salir y, ahora vivo precariamente, sí, pero soy feliz porque tengo a una mujer al lado a la que amo y ella me cuida, me protege y me quiere con locura, y porque tengo amigos con los compartir sufrimientos y alegrías. Y si yo lo pude conseguir, ¿por qué no has de conseguirlo tú?, si todos somos iguales, si todos valemos igual, si todos somos parte del mismo corazón de la humanidad. Se puede, creélo. TÚ PUEDES. El final que auguramos nunca es el final. Siempre hay alguna nueva estación que visitar y, en ella, siempre aparece un nuevo tren al que podemos subir. No te abandones. Sal a la calle sin pudor, sin miedo (tú vales tanto como todos) y si te miran a los zapatos rotos, mírales tú fijamente a los ojos y sonríe, mientras les hablas sin afección. Si miran exclusivamente tu porte de pobreza, eleva la mirada, muéstrate altivo y orgulloso de ti mismo, porque ese indeseable es un pobre ciego que no puede ver tu alma esplendorosa. No te escondas. Sal a la calle y grita exigiendo tus derechos, los de todo ser humano. Grita fuerte, desde la humildad, hasta que te duela la garganta. Porque si tú estás convencido firmemente de la igualdad de tus derechos, algún día les lograrás convencer también.

martes, 20 de noviembre de 2012

EL NIDO DE LAS SERPIENTES

  El huevo de la serpiente lleva tiempo incubándose y, si no lo evitamos, eclosionará muy pronto.
   Hitler no ganó las elecciones democráticas alemanas de la noche a la mañana. Necesitó casi una década para conseguirlo. Las condiciones de aquella Alemania de entreguerras era muy similar a la que vivimos actualmente en España. Su economía estaba hundida y completamente ahogada por las deudas externas contraídas, tras la derrota en la primera gran guerra;  sobrepasaban los 5 millones de parados; y la miseria y el sufrimiento se extendían por aquel  vasto y gélido territorio. Los muchachos alemanes carecían hasta de unas alpargatas con las que combatir el invierno. Por ello muchos de aquellos muchachos y ya no tan muchachos aceptaron de buen grado los uniformes de las nuevas milicias del partido nazi, pues no disponían de otras prendas con las que abrigarse. Con las mujeres otro tanto. Hartas de vagar por las calles, vendiendo sus cuerpos al mejor postor o, simplemente, a cambio de algo que llevarse a la boca y que les mitigase el hambre, aceptaron eufóricas su enclaustramiento en la cocina, ya que eso significaba poseer un fogón con el que cocinar y un hombre al lado y al que parirle muchos hijos. El pueblo aceptó el nazismo porque éste se preocupo de colmar sus necesidades y, bueno, si eso significaba la caza indiscriminada de judíos y extranjeros, pues ojo que no ve corazón que no siente, exceptuando, claro está, a algún carnicero que otro que no le ponía reparos a nada a cambio de un mejor trozo del pastel. No lo olvidemos. Fue el pueblo alemán quien, con sus votos, otorgó el poder a la serpiente.
   Se multiplican los áspides progenitores y la temperatura del huevo aumenta. En cuanto la frágil cáscara se quiebre, los crótalos tratarán de abandonar la cueva y desearán mostrarse esplendorosos bajo la plenitud del sol.
   “Y lo peor de todo es que mientras nosotros discutimos, protestamos y copiamos sin pudor las ideas de los otros, la miseria crece en nuestro país, el sufrimiento es cada vez más extremo y el drama de la imposibilidad de subsistencia se acrecienta cada vez más en las familias y en los barrios de nuestras ciudades, siendo la mejor semilla para abonar los campos del odio hacia el otro, ese semejante que ya empezamos a catalogar como el mayor de todos los enemigos y al que sería necesario exterminar”. Terminé con esta frase mi artículo “Las semillas del odio”, allá en agosto y la evidencia lo es cada vez más. Seguimos discutiendo entre nosotros, sin ponernos de acuerdo en nada. La izquierdas y el sector moderado más centrista está hiperdividido en innumerables matices, tan absurdos como innecesarios en este momento. Que si las corridas de toros, que si la tetas de la concejala en internet, que si el viaje de la Botella, que si el elefante del rey, que si una parlamentaria bocazas dijo que se jodan, que si… Unos defendiendo a los animales, otros el voto en blanco, otras el feminismo radical, otros el matrimonio como Dios manda, otro a los indios aimara… Cada uno por su lado, en una discusión eterna en la que ninguno de los muchísimos actores ni cede, ni está dispuesto a llegar a un acuerdo. Mientras tanto, ellos, los reptiles y los lobos, se allanan el terreno y preparan su ofensiva con una hábil estrategia ya prediseñada.
   Reptiles o lobos, serpientes o rapaces sangrientas. Se disfrazan, se enmascaran, cambian de estrategia, pero todos comparten un objetivo definido. Sobramos en su concepción de Estado soberano.  
   En sólo dos días ya han salido dos veces en las cadenas televisivas del país. La primera ha sido la visita este domingo del líder del Amanecer Dorado griego para dar una conferencia en Madrid y la sala estuvo a punto de reventar de tanto aforo. La segunda el anuncio del grupo fascista “España 2000” de convertirse en ONG. Han comenzado por Valencia, en barrios marginales como Benicalap o la Fuensanta, en los que el descontento obrero y el desamparo de estos por parte de la administración los convierte en el mejor caldo de cultivo. Pero Valencia sólo es el exponente más diáfano, hay nidos de serpiente en todas las ciudades españolas. No es de extrañar que la inmensa mayoría de sus afiliados sean jóvenes. Jóvenes y adultos en paro, en exclusión, sin estudios muchos de ellos, y carentes del más mínimo recurso, que sobreviven gracias a la ayuda maquiavélica de estos grupos, dejándose adoctrinar por los fascistas, incubando el odio y la violencia que ya empieza a estallarnos en la cara. Como en la Alemania de los años 30. ¿Cuándo tardaremos en vislumbrar las primeras milicias? Según Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia en nuestro país, en España ya existen 2000 webs nazis y cada año los sin techo, los homosexuales y los inmigrantes sufren 4000 ataques violentos por parte de estas asquerosas serpientes. Y peor aún, su discurso xenófobo y visceral, su lenguaje de confrontación y beligerancia, comienza a imponerse en los medios.
   Pronto, muy pronto, intentarán abandonar la oscura humedad de sus madrigueras. Y se metamorfosearán en águilas depredadoras de picos y garras  punzantes. Y pelearán por devorarnos el corazón.
¿Vamos a seguir discutiendo, sin buscar la unidad y sin hacer nada conjunto entre nosotros?
  

lunes, 19 de noviembre de 2012

LA IDEOLOGÍA DEL SENTIDO COMÚN

Tras haber estado presente en una más de esas llamadas “mesa de convergencia” el escepticismo comienza a invadirme, produciendo en mí una mezcla de desasosiego y de desesperanza. Y es que no entiendo a este país que tanto amo. Si tantos sectores sociales nos vemos afectados por los recortes de los sucesivos gobiernos, si autónomos, jóvenes, pensionistas y jubilados, funcionarios en general, usuarios de la sanidad y la educación, investigadores, periodistas y trabajadores en su amplio espectro vemos como nuestras economías se precarizan por un mercado financiero cada vez más codicioso y corrupto y nuestras libertades democráticas y derechos inherentes al ser humano son cada vez más restringidos por unos políticos cuyas únicas preocupaciones son el acaparamiento de poder y el enriquecimiento rápido económico y de prestigio, ¿por qué no hacemos nada?, ¿por qué es imposible la unidad?.

 Posiblemente la razón esté en que cada uno lleva adelante la defensa de su ideología como si esta fuera la panacea de un nuevo advenimiento del porvenir y del bienestar. Y esto no es más que otro gran error que estamos cometiendo. Con la inminente caída del capitalismo neoliberal, augurada ya desde demasiadas aristas, se demuestra que ningún modelo gestionado por las ideologías hasta ahora conocidas ha logrado funcionar. Entonces ¿por qué seguimos empeñados en repetir modelos ya derrotados, en vez de tratar de inventar algo nuevo? Debemos erradicar las ideologías de una vez por todas y comenzar a mirar el ámbito social y político desde una nueva perspectiva de pluralidad, colaboración, cooperación y honestidad empática (no desear al otro lo que no deseas para ti) e imaginación. Debemos purificar nuestra mente y participar en el proceso constructivo de una democracia verdadera con la misma capacidad de un libro abierto y con las páginas en blanco, ansioso de adquirir conocimientos y ser escrito. Estoy absolutamente convencido de que a un gran porcentaje de la sociedad española les afectan los problemas de esta crisis en igual medida, sé que es posible que podamos converger en unos puntos mínimos pero de importantísima relevancia, como pueden ser: el cambio de la ley electoral, la construcción de una democracia más participativa (hoy, con el uso de las nuevas tecnologías se puede conseguir fácilmente), elaborar una ley de la transparencia total y lograr erradicar la corrupción del ámbito político, judicial, empresarial y financiero, llevar a cabo una reforma fiscal justa donde pague más el que más tiene y/o gana y menos el que menos tiene y/o gana, la dación en pago de la hipoteca, mayor control sobre las grandes empresas que llevan a cabo despidos masivos teniendo beneficios y rompen cualquier ética en el mercado con la formación de oligopolios que controlan los precios de los productos básicos, una CNMV que haga realmente su trabajo y regule, a la baja, los repartos de dividendos en las grandes corporaciones, bancos y cajas, el gasto público sin restricciones en los servicios fundamentales de los ciudadanos, la desaparición de los paraísos fiscales y la derogación del artículo 104 del tratado de Maastrich, la creación de tasas para los especuladores financieros internacionales y para las empresas que basan su producción en la destrucción irreversible del medio ambiente, etc…

Ha llegado la hora de erradicar las ideologías sectoriales y de luchar juntos por un proyecto común que nos afecta a todos. Ha llegado la hora de que todos asumamos la ideología del sentido común si no queremos que nos estalle la violencia en los ojos. Y si conseguimos cambiar esos puntos esenciales que competen a todos, entonces podremos discutir luego sobre modelos de gestión, y llegaremos a un acuerdo, seguro. Pero si ahora, en estos momentos, sólo nos dedicamos a pelearnos por el modelo de gestión que cada uno defiende, entonces jamás avanzaremos en nada, ni tan siquiera en esos 8 o 10 puntos fundamentales que nos interesan al conjunto de todos, la solución a esos (terribles) problemas que nos afectan a diario en nuestras vidas cotidianas.

Escrito hace casi un año, pero sigue siendo vigente en la actualidad.
Vuelvo a publicarlo vistas las acusaciones y amenazas
recibidas por parte de los radicales tras mis anteriores artículos.

sábado, 17 de noviembre de 2012

¡QUÉ NOS INVADA ALEMANIA YA!

   El Malaya y la bolsas de basura con billetes de 500 euros. El Palma Arena y los palacetes. El Brugal y las basuras sin bolsa. El Mercasevilla y las grabaciones explícitas. El Palau de la música o Liceo barcelonés y las cuentas en Suiza. Noós o Urdangarín, el cuñadito del Rey. El Pokemon  y los viajes a Francia.  El chollo de los chinos, con empresarios, actores porno y concejales de por medio. El Gurtel y la financiación electoral de los populistas. El Campeón entre mariscos y ribeiro. Los EREs de Andalucía con chófer y fiestas blancas entre chanchullo y chanchullo. Camps y el sastre impagado. El Minutas de los futboleros. El Madrid Arena y la connivencia entre un empresario asesino y los sofistas del ayuntamiento madrileño. El Julito Iglesias y sus conciertos íntimos para el Zaplana. Mafia. Fraude institucionalizado. ¿Crisis o estafa? Muertos, con nombres y apellidos, ciudadanos que dejan de ser anónimos porque se ahorcan en el patio de su casa o se lanzan al vacío desde su balcón. ¿Y aún, en los debates televisivos y las cafeterías, nos preguntamos por qué? Y que quede constancia que aquí no hablo de banqueros, ni de casos como el de Bankia, ni del fraude empresarial, deporte nacional de los pudientes, que eso supondría todavía un escándalo mayor y ya de inconcebibles dimensiones.
Equipo español
 
   Madrid. Cataluña. Galicia. Murcia. Andalucía. Valencia que se lleva la palma. Y La Palma como ejejmplo de Baleares. Canarias también. Y Asturias. Así como ambas Castillas. No se salva ni una de las 17 comunidades de nuestro país y el pueblucho que no está metido en el ajo resulta llamativo por excepcional. En cuanto a los partidos (también sindicatos y fundaciones y…) resulta igual de abrumadora la coherencia entre ambos a la hora de apropiarse de lo ajeno, es decir, de lo del pueblo. Entiendo que no todos los políticos son corruptos pero esta tan generalizada la vocación de carterista entre ellos que pido perdón a los escasísimos horados. Porque supongo que alguno habrá, ¿no? En mayo de 2011 la lista publicada de corruptelas comprobadas y juzgadas en nuestro país era la siguiente: 177 casos del PP, 128 del PSOE, 14 de CIU, 13 del PNV, 10 del PAR,  9 de Coalición Canaria, 8 de IU, 6  de Unió Mallorquina, 3 del BNG, 2 del GIL, 2 del PA, 2 de Nueva Canarias, 2 del PAR,  2 de UPN y 1 de los partidos Alternativa dos Veciños, ASI, Bloc Progresista, Centro Canario Nacionalista, ERC, GIM, Independientes Portuenses, PIL, PIM, Sineuers Independents, Unión Cordobesa y Unión Bagateña. 384 casos a los que habrá que sumar los de este último año y medio. Una suma que deja en pañales a los casos Matesa y Filesa juntos, ambos casos predemocráticos. Es decir, que los sibilinos políticos de nuestra era democrática están defenestrando nuestro precario sistema democrático y de paso arruinando al país. Por tanto, nadie más que ellos se están currando la degradación de nuestras instituciones, con el peligro que eso conlleva para que los radicalismos se acrecienten y podamos ver algún día las orejas, los dientes amenazadores y las garras asesinas del fascismo.
   El grave problema de España es que tiene un código penal (obviemos aquí los cohechos y prevaricaciones judiciales) que condena a los débiles y que premia, vista la ausencia de control a los pícaros y truhanes del poder económico y político. No, nuestro problema no es de índole política o ideológico de quienes nos gobiernan tanto estatal, como autonómico o municipal. Nuestro gravísimo problema es la ausencia de honestidad total en dichos gobiernos. No, aquí no pasa como en Alemania que, por plagiar una simple tesis doctoral, tras la universidad, te ponen de patitas en la calle, ya puedas ser un simple funcionario o la presidenta del país, y sin que sea necesario juicio alguno si las pruebas son evidentes. Un ejemplo de la desfachatez y caradura de nuestros legislativos la hemos comprobado este mismo fin de semana cuando, tras la reunión entre PSOE y PP para tratar de arreglar el problema de los desahucios por temor a la rebeldía popular se anuncia, tan sólo, una moratoria de dos años para los casos de urgente ¿necesidad?, obviando la advertencia de Bruselas de que nuestra centenaria ley hipotecaria es flagrantemente ilegal, según las leyes europeas. Nada, que a nuestros líderes les importamos un comino, mientras ellos sigan llenándose los bolsillos a través de la connivencia con financieros y empresarios. ¿Quién es tan ingenuo de pensar que, si seguimos en esta deriva suicida para el pueblo y tan lucrativa para los privilegiados, algún día seremos capaces de normalizar nuestro balance y deshacernos de las deudas contraídas con los bancos internacionales? Al contrario, ésta aumentará cada día más. Por eso yo exclamo: ¡Qué nos invada Alemania ya! Sí, y que instaure sus mismas medidas de control contra el fraude y la falsedad. Que castigue a nuestros políticos de igual manera que castigan a los suyos. Y que cambien nuestra ley hipotecaria y muchas de las leyes permisivas que fueron dictadas para proteger a los señores potentados de este injusto país. Que luego, una vez hayan hecho todo eso, ya sabrá el PUEBLO humilde y sencillo de España cómo echarlos de nuestro territorio soberano, así como supimos echar a los franceses napoleónicos. Pero ahora mismo, en estos momentos, necesitamos a alguien que ponga orden en este caos. Y si ese alguien han de ser los alemanes, pues que vengan. ¡Venid, venid, malditos alemanes, e invadidnos ya!