lunes, 5 de noviembre de 2012

AYA, LA FLOR MARCHITA DE NADOR
                                 
   Aya tuvo suerte. A pesar de haber nacido en una dictadura que mantenía a su pueblo en la miseria, los sueldos de una madre funcionaria del estado y de un padre maestro e intelectual reconocido, le facilitaron una infancia feliz. Otros niños como ella nacieron marcados con el estigma profundo de la pobreza y vivían entre caños anegados de ratas y pestilencia. Con algunos de ellos compartía aula en la escuela local de Nador, en la que destacaba por sus calificaciones y aptitud de aprendizaje. Su padre, a veces, no podía evitar llorar al verla siempre enferma y evitaba en lo posible el contacto de su hija con otros niños portadores de virus o bacterias, como si le bastara una simple observación ocular para detectar los peligros que acechaban a su dulce princesa. Él quisiera construirle una medina, un palacio de cristal y flor de almendro, que la aísle de todo mal que arrastre el viento, pero por ahora le es imposible y se acomoda en el viejo auto, junto a Aya y su mujer, en su circuito de hospitales en los que no encuentran más que incógnitas.

   Así fue hasta el pasado 2 de octubre, en el hospital de Rabat, en el que, por fin, acertaron con el diagnóstico. Mientras, en el transcurso del tiempo, Aya se ha convertido en una adolescente frágil de 15 años y no ha hecho más que empeorar. Podrían pensar que aquí acaba la historia. Nada mejor que un final feliz, pero no es así, El dictamen médico certificaba aplasia medular severa, es decir, que la única posibilidad que Aya tenía para vivir era que se le practicase un transplante de médula, lo cual es absolutamente imposible en Marruecos, un país que vive aún en el feudalismo y ni siquiera se pregunta qué es eso del I+D y en el que sólo tienen derecho a los avances médicos los muy ricos, ya que pueden viajar a occidente para llevarlo a cabo en hospitales privados de alto standing. En fin, que los padres volvieron a Nador abatidos, sintiéndose impotentes, junto al quebradizo cuerpo de su hija amada Aya.

   Aquella misma noche, al abrir la ventana de su dormitorio, el padre pudo ver las luces de Melilla al otro lado de la verja metálica. Así estuvo durante horas, solitario (madre en hija compartían la cama de Aya), orando en silencio a Alá y suplicándole por la vida de su hija. Con el primer rubor del amanecer se puso en marcha. No, no lo había pensado bien, pero sabía que era lo único que podía hacer, ¿qué otra opción le quedaba si no quería enterrar el cuerpo de su hija en breve? Tenía un primo al otro lado de la verja y les ayudaría con el español en el flamante hospital de Melilla. De modo que levantó a Aya con delicadeza y dulzura y ambos la ayudaron a caminar hasta el paso fronterizo de Beni Enzar. Como único equipaje llevaban todo el dinero que pudieron acumular en los últimos días. No les importaba perderlo todo, mientras la vida, como una granada en flor, amaneciera nuevamente en los ojos de su niña.

   En el hospital de Melilla un obstáculo más. Un hospital tan aislado carece de especialistas y el tratamiento no funciona, se hace necesaria la evacuación y el transplante y lo habitual en estos casos es el traslado urgente al hospital Carlos Haya de Málaga. El día 17, la administración del hospital de Melilla elabora el  “Informe de Evacuación a Centro de Referencia”, pero la dirección del Hospital de Málaga se niega al traslado aduciendo motivos económicos. En el hospital de Melilla, durante 15 días alternaron los intentos de traslado a otras ciudades de la península, todos denegados por iguales motivos, con los consejos a la familia de retorno a su país.

   El pasado sábado Aya fue enterrada en el cementerio musulmán de Nador. Tenía 15 años y aunque se fue con una leve sonrisa en los labios mientras miraba a su madre, al final, no tuvo suerte en su cercenada y corta vida. Sus padres la lloraron desolados y, ahora, al girar el cuello y ver la verja no pueden evitar que el odio hacia España crezca y recorra sus entrañas.

   Aquí en España nadie se ha enterado. Nada ha comentado la televisión (todavía) y apenas nada en los medios escritos o radiofónicos. Pero, por si acaso, ya debemos reflexionar sobre la política estéril y de destrucción que el gobierno del PP está llevando a cabo con el I+D. Y también hemos de tener en cuenta lo que dice la  Ley Orgánica 2/2009, de 11 de diciembre, de reforma de la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre Derechos y Libertades de los Extranjeros en España y su Integración Social, en su artículo 12.3, sobre Derecho a la Asistencia Sanitaria, establece que “los extranjeros menores de dieciocho años que se encuentren en España tienen derecho a la asistencia sanitaria en las mismas condiciones que los españoles”. Términos idénticos en los que se expresa el artículo 3.Ter del Real Derecho-Ley 16/2012, de 20 de abril, sobre Medidas Urgentes para Garantizar la Sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y Mejorar la Calidad y Seguridad de sus Prestaciones.

   Ya puede estar satisfecho este gobierno. Ya se ha convertido también en asesino de una niña de 15 años. Está ha sido la primera víctima (si exceptuamos a los que han sido conducidos al suicidio), pero no parece que hallan saciado su sed de sangre. ¿Vamos a permitir que sigan asesinando a más inocentes sin hacer nada? Una de dos: o arreglamos esto entre todos o mejor nos dedicamos a pulir el mármol de los cementerios. También el de nuestra propia losa, por supuesto.

domingo, 4 de noviembre de 2012

VEN Y DIVIERTT

   La noche es oscura y tiene el corazón negro. Los crímenes más atroces se ocultan bajo su manto de impunidad, el ocaso de las leyes, el abrazo mortal de las influencias entre el político y el mafioso, la codicia, la negritud densísima del oro, las drogas y los coños fáciles, la brisa lujuriosa de los secretos, el poder de hacer posible los deseos, el climax del diablo victorioso sobre los cadáveres humillados de inocentes ángeles. La noche es una rata siempre en busca de carroña. El basurero de Madrid, entre salas de fiestas y lujosos reservados.

   Al  otro lado, el día luminoso de Marbella, bajo el sol protector de las monedas. Billetes violetas con el alma negra engarzan al político y al empresario del buen vivir y buen matar. Allí también habría noches, pero fueron noches íntimas, con langostas sobre la mesa y polvo blanco en las bandejas. Con nuestras narices nadie podrá oler mejor el devenir, se dirían entre cócteles sexuales y risas de satisfacción. El concejal de reluciente calva disfruta sin complejos y promete más favores al rey de la noche madrileña. Locales públicos con alquiler escuálido, un capote con el que torear las leyes, multiplicación de los aforos, nada de control en las normas, en la vigilancia policial, en el conteo de las entradas, en el balance de la taquillas, en la cruda realidad de los chavales pendidos del abismo virtual de sus ensoñaciones, mientras a mis hijos los trates como a príncipes y la pasta circule hacia mis cajas invisibles. ¡Qué maravilloso parece todo cuando se vislumbra el horizonte desde la más alta de las cumbres! Sobre todo si por las venas vuelan raudas las alas de una mariposa más química que vegetal.

   Más abajo, entre la masa de inocentes, ingenuos y “vivalavidas”, el terremoto nace de forma silenciosa. Mientras las abejas polinizadoras curvan y alargan con el rímel sus pestañas y los gallos lustran el nácar de sus plumajes, las cápsulas de la felicidad hacen su agosto y el agosto interminable del empresario se expande por despachos institucionales y bancarios. Promesas de futuro a los maniquíes como divas gogo en todas las fiestas, y avanzarás rayita a rayita hasta que encajes profundamente en mi erguido mástil. Promesas que el viento matinal se llevará hasta las costas grises del olvido. Nada quedará después de sus palabras, acaso otra noche de breve ambrosía destilada desde las fauces del diablo, lo demás será tan sólo un recuerdo doloroso y punzante que llevan en su espalda, como un tatuaje sin cicatrizar, todos los ángeles caídos. Y todo eso si tienen suerte, si aún les queda algo de aire con el que insuflar sus frágiles pulmones.

   Ellas no tuvieron tanta suerte. Aún niñas, soñadoras, amantes de la risa y la amistad, creían en la benevolencia de los carteles publicitarios, en los sueños electrónicos como motor vital de la existencia, en la asombrosa realidad de esta catarata de mentiras. Y ahora todos las lloramos compungidos. ¿Qué pasó para que la vida les mostrase su lado cruel, precisamente en la festiva noche de los muertos? ¿Una concepción equivocada de la existencia? ¿Unos padres orgullosos de la libertad e independencia de unos hijos que pulen su paga semanal en sucedáneos químicos y diapositivas lumínico-electrónicas? ¿Un hastío bestial de sus prediseñadas vidas? ¿Una huida visceral de esta mal estructurada civilización? ¿Una búsqueda sin fin de necesidad tribal, de identificarse plenamente, aunque sea en el llano más inhóspito de los espejismos? Posiblemente sí, pero todo esto forma parte de la vida, de las dudas existenciales de la vida perra que arrastramos.

   Aquí el culpable somos todos y en este orden. El descerebrado que lanzó bengalas. La hiena carroñera de la noche madrileña, el empresario M. A. Flores, que ha ceñido el lazo de su codicia alrededor de las niñas, asfixiándolas hasta la muerte. Su socio de secretos inconfesables y de tráfico de influencias, el concejal Villanueva, que ha de saber de forma explícita que ha sido él con su cicatera actitud quien ha sembrado la muerte sobre el terrazo ardiente del Madrid Arena. El ayuntamiento de Madrid con su alcaldesa Botella al frente, soltando falsas lágrimas de cocodrilo ante las cámaras, anunciando un luto más que anunciado, mientras concede privilegios a los carroñeros de la ciudad para que así brille aún más su reflejo luminoso en el espejo, su ebriedad de gloria. Y este puñetero mundo occidental en el que vivimos, con sus vallas publicitarias tan hipócritamente impolutas y que nos conducen al averno. Ven y Diviertt. Ven a la macrofiesta de los muertos resucitados. A la noche mágica de los Zombies. Vivirás experiencias jamás imaginadas. Te quedarás sin respiración. Y no querrás que llegue un nuevo amanecer.  


   Katia, Rocío, Cristina y Belén descansen en paz. Que su recuerdo esté siempre perenne en nuestras memorias y que éste sirva para que se desenturbien nuestros ojos y nuestra razón. Sus fotografías deberían presidir la entrada a todas las macrofiestas futuras, pero no como un anuncio mortal, sino como un grito diáfano por la vida.  

  

sábado, 3 de noviembre de 2012

EL PULPO

Un pulpo que agonizaba de hambre fue encerrado en un acuario por muchísimo tiempo. Una pálida luz se filtraba a través del vidrio y se difundía tristemente en la densa sombra de una roca. Todo el mundo se olvidó de este lóbrego acuario. Era de suponerse que el pulpo debía estar muerto y sólo podía verse el agua podrida iluminada apenas por la luz del crepúsculo.
Pero el pulpo no había muerto. Permanecía escondido detrás de la roca. Y cuando despertó de su sueño tuvo que sufrir un hambre terrible, día tras día en esa prisión solitaria, pues no había carnada alguna ni comida para él. Empezó a comerse entonces sus propios tentáculos. Primero uno, después otro. Cuando ya no tenía tentáculos empezó a devorar poco a poco sus entrañas, una parte tras otra. De esta forma el pulpo terminó comiéndose todo su cuerpo, su piel, su cerebro, su estómago, absolutamente todo. Una mañana llegó el celador, miró dentro del acuario y sólo vio el agua sombría y las algas ondulantes. El pulpo había virtualmente desaparecido. Pero el pulpo no había muerto. Aún estaba vivo en ese acuario mustio y abandonado.  Por espacio de siglos, tal vez eternamente, continuaba viva allí una criatura invisible, presa de una horrenda escasez e insatisfacción.

© Sakutaro Jaguiwara(1886-1942) Poeta japonés.
© Del libro “ladrando a la Luna” (1917).Traducción del japonés por Elena Sánchez

viernes, 2 de noviembre de 2012

EL FIN NO JUSTIFICA LOS MEDIOS



Hiroshima, tras el lanzamiento de la bomba nuclear

  “El fin justifica los medios”, el asumido concepto de esta nefasta frase de Maquiavelo por parte de la humanidad viene defenestrando los valores morales y humanísticos desde tiempos ancestrales y, hoy, en España, mantiene a nuestra sociedad al borde del abismo. En nombre de está frase se han cometido los crímenes más atroces: el lanzamiento de las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaky se justificaron como necesarias para evitar la muerte de más de un millón de estadounidenses, Stalin depuró (aniquiló) a más de 20 millones de personas con la justificación de salvar el comunismo, Hitler asesinó a seis millones de judíos con la justificación de purificar la raza aria y, hoy, los mercados justifican sus crímenes por la libertad del comercio entre personas civilizadas. Sí, con el uso de palabras como libertad y civilización también los eufemismos han entrado en la partida.

   En el ámbito político español “El fin justifica los medios” ha pervertido absolutamente la función de los políticos. Han dejado de ser hombres y mujeres preocupados por el bienestar de la comunidad y se han convertido en competitivos ganadores (al perdedor suelen eliminarlo). Ahora nada es más importante que gobernar y cuando eso se consigue lo siguiente más importante es seguir gobernando. Los proyectos políticos y sociales, incluso los económicos más allá de los propios bolsillos de nuestros políticos, han pasado a ser algo secundario. Lo más importante es llevar una estrategia adecuada para ganarse el poder. Y no importa si han de mentir, realizar un programa populista pero que nunca piensan realizar o convencernos y engañarnos a través del miedo y la amenaza soterrada. Las necesidades del pueblo no les interesa, les interesa sus votos. Los que sufren que esperen, pensaría el gobierno ante el conveniente retraso de los presupuestos por las pasadas elecciones andaluzas, gallegas y vascas. Se maquillan los números, se falsean balances, se usan los medios de comunicación públicos para la promoción partidista, etc, sin pudor alguno y todo porque “El fin justifica los medios”. Y así, en nombre del crecimiento económico y una falsa idea del progreso, de forma paulatina, hemos ido dejando tirados los valores que nos humanizaban en la escombrera que produce nuestra codicia y ambición. ¿Qué futuro podemos esperar entonces, si hemos anulado la capacidad de pensar  en los ciudadanos y en la juventud, fomentando la dogmatización ideológica del voto?

   “Joven toma y lee. Si puedes llegar hasta el final de esta obra, no te costará comprender otra mejor. Como me he propuesto no tanto instruirte como ejercitarte, poco me importa que admitas mis ideas o que las rechaces, con tal de que ocupen toda tu atención. Alguien más capacitado te enseñará a conocer las fuerzas de la naturaleza; me bastará con haber puesto las tuyas a prueba.” Estas palabras escritas por Diderot en el prólogo de “Pensées sur l'interprétation de la nature” (1753) ya anunciaban el lema de la Ilustración “Sapere aude” (atrévete a saber). Ahora, para nuestros políticos que tanto hablan de la necesidad de erradicar el fracaso escolar, lo más importante es la dogmatización ideológica, el adoctrinamiento grupal frente al enemigo, la educación teledirigida del voto. Da igual si el poder lo ostenta la derecha o la izquierda, da igual si el medio es una educación para la ciudadanía ideologizada o la obligatoriedad de la asignatura de religión católica y la separación académica por sexos. La educación de nuestros hijos, a unos y a otros, les importa, en realidad, una mierda. Todos buscan lo mismo, idiotizar a los hombres y mujeres del futuro para lograr así gobernar eternamente. Saben que la mejor manera de permanecer es evitar que otros te hagan sombra. Pero los jóvenes de este país están hartos de tanta manipulación externa y algún día se rebelarán y temblará la tierra bajo los pies de los poderosos.

   Desde las instancias de poder se ha parcelado la Ilustración, guardándose para los sectores sociales más elitistas el acceso al conocimiento. Para el resto, adoctrinamiento en la granja laboratorio de los partidos políticos. Pero lo que me niego a creer rotundamente es que sean tan ingenuos como para pensar que eso no tendrá terribles consecuencias en el futuro. No son tontos y han de saber que cuando se apaga la luz refulgente de la Ilustración, se está abriendo las puertas a la barbarie, los extremismos se expanden y la sangre hierve en los corazones ansiosa por la confrontación violenta. Y llegado ese momento no existirá la compasión. Lo saben, pero les da igual. ¡Serán hipócritas! Y luego tendrán la desfachatez de decirnos que todo cuanto hicieron lo hicieron por sus propios hijos.

miércoles, 31 de octubre de 2012

LA MITAD DEL MUNDO

La mitad de la cosecha de cereales
se la comen los coches.
La mitad de la pesca que se pesca se tira.
La mitad de casi todo lo que da el campo
en el campo se pudre.
La mitad del presupuesto de Etiopía
se gasta en armas.
La mitad del presupuesto de Defensa
es lo que invierte España en Educación.
La mitad del sueldo mensual del Presidente del Gobierno
da a una pensionista con 4 hijos
 para vivir año y medio.
La mitad de los familiares de los eurodiputados
trabajan en el Parlamento Europeo.
La mitad de los de abajo
se enfrentan, en realidad, con los de en medio,
los de arriba les quedan muy lejos.
La mitad de los de en medio
sirven a los de arriba para contener a los de abajo.
La otra mitad de los de en medio
es esquilmada por los de arriba
en beneficio de los de abajo
para impedir que terminen yendo contra ellos.
La mitad del 15-M
es una manifestación de soledades.
La mitad del botín de la crisis es del Botín.
La mitad de los campeones deportivos
son drogadictos.
La mitad del mundo pasa hambre
la otra mitad padece colesterol.
La mitad de lo que compartimos es una tarjeta de crédito,
la otra mitad una hipoteca.
La mitad de lo que compramos es humo
la otra mitad vanidad.
La mitad de la democracia es de los bancos,
la otra mitad de la publicidad que pagan los bancos.
La mitad de los discursos del rey
parecen pésames,
la otra mitad no hay quien los entienda.
La mitad de los políticos apelan al esfuerzo de todos,
la otra mitad pone el cazo.
La mitad que los españoles trabajan los alemanes
Y la mitad de paro que España tiene Alemania.
La mitad de los premios de poesía están dados,
la otra mitad están comprados.
La mitad de nuestro ocio se llama alcohol,
la otra mitad se llama televisión.
La mitad de nuestra vida nos la pasamos preparándonos
para un trabajo que después no existe
y la siguiente mitad de nuestra vida
el que no existe para el trabajo es ya uno mismo.
La mitad de mí es tuya
la otra mitad del Ministerio de Educación y Ciencia.
La mitad de la mitad es un cuarto
y la mitad de un cuarto es un cuartito,
y en un cuartito los dos
veneno que tu me dieras
veneno tomaba yo. 

Este es un poema inédito de mi amigo y excelente poeta Antonio Orihuela, que muy pronto formará parte de la antología “Alquimía de la Tierra”(varios autores), publicada por el editor, biólogo y reconocido poeta Santiago Aguadeb. Estoy corrigiendo los textos por encargo del editor y he querido compartir con vosotros está maravillosa primicia. A aquellos que disfruten con las letras les aconsejo la búsqueda sobre estos autores. No tienen desperdicio.

martes, 30 de octubre de 2012

FUGITIVOS

   Somos fugitivos. Polen de herida abierta, como una granada en flor, que se yergue ansiando ser polinizado y devorar la vida. O polen ya fecundado pero que está desvalido, al capricho de la brisa o la tormenta. Creemos avanzar, pero en realidad huimos de nuestra propia historia, como una sombra incansable que nos persigue. Tenemos días efímeros y días eternos, aunque algunas veces los días sean años y, otras, volátiles segundos. Sonrisas que perduran muchos años y culpas como látigos que marcan cicatrices invisibles y que procuraremos olvidar. Amaneceres de infierno y soledad entre ladrillos desnudos, pero también ocasos con brazos redentores bajo un cielo acogedor. Desconocemos nuestro destino, si existe una razón, un por qué de tanto dolor, de tanta guerra y hambre, de tanta barbarie social. Pero el asombro… Ay, el asombro ¿quién lo rechazaría? Descubrir lo desconocido, el pálpito de luz que, en su primer latido, vence a la oscuridad, las corrientes subterráneas de todos los océanos, el magma que late en el corazón de la piedra, el pícaro colibrí que habita en la sonrisa de la mujer, el manantial de vida que emana de los ojos de un bebé. ¿Cómo renunciar al milagro de la existencia? Acaso puede existir otra razón, otro destino.

   Y, sin embargo, somos fugitivos. Nos persigue la sombra de nuestro propio mal. Huimos con un esfuerzo descomunal, inhumano. Unos incapaces de caminar por el peso de sus botas de plúmbea codicia; otros dejaron de volar, se arrancaron las alas y las empeñaron en los bancos, ahora los muñones de su espalda son perchas donde los políticos cuelgan sus abrigos; otros perdieron las piernas en choques frontales con la ambición, otros se agarraron a un sueño económico y ahora ya no saben soltarse; otros han preferido comprobar si le pondrían la red cuando lo viesen pendido del vacio y perdieron, claro está; otros vendieron el alma y ahora sus bolsillos pesan más que el mercurio que envenena a los peces; otros ya ni recuerdan qué era aquello de vivir el esplendor, la maravilla; otros dejaron de remar y se tumbaron bajo el sol, otros eligieron emular a Dios y, en sus laboratorios, plagiar el universo; otros… Y el cielo permanece en calma, vacio de alas, de ilusión y de vida, allá en lo alto, con la cara desencajada, al observar tal grado de estupidez.

   Somos fugitivos, huimos en la red desde habitaciones repletas de telarañas virtuales, interiores y exteriores. Somos la presa perfecta. La esencia pegajosa del teclado, del ordenador, de la astillosa silla, nos mantiene atrapados en la trampa. Nuestros sueños circulan ajenos a nuestros cuerpos, despeñándose por cataratas de bits confusos. Ya nada podremos hacer. La araña se acerca. Es negra y azul y la frágil seda que mantiene nuestros cuerpos firmes en el aire tiembla bajo el peso de sus pasos. Y aún así, no nos vence el miedo, sacamos fuerzas del agotamiento, gritamos de rabia y seguimos intentándolo. Textos, reportajes fotográficos, denuncias evidentes, recogidas de firmas en change.org, videos y montajes fotográficos, fanzines, canciones, reflexiones políticas, discusiones políticas, radicalización, fanatismo, vanidad, intereses, compra-venta, partidos políticos, subvenciones, premios inmerecidos. En fin, justas injusticias e injustas justicias. Y así el tiempo pasa, en ráfagas de huida, incapaz de moverse, pero inexorable en su avance. Al igual que la araña inmensa, negra y azul, que ya casi nos roza con sus patas venenosas. Y, plas, en un chasquido infinitesimal dejaremos de ser fugitivos para volver a ser esclavos.

lunes, 29 de octubre de 2012

AGONÍA INVERNAL

   El frío está llegando. Ya podemos ver la nieve en las copas de los árboles quemados durante el verano. Ha sido tanta la superficie arrasada. Tanto dolor el  provocado por las llamas de la desesperación, que ya apenas nos quedan semillas con las que soñar. Y ahora se acerca la nieve blanca inmaculada como un terrible invierno ruso en la Siberia de las miserias de España. ¿Quién podrá mantenerse firme ante tan inhóspito horizonte? No será un Sandy de paso breve, ni acumulará muertos de golpe como el Katrina. Será lento, silencioso  e invisible, pero grabará el sufrimiento de muchos, demasiados, y la marca de sus huesos devastados en los adoquines gélidos de nuestras ciudades. Sin embargo, nadie piensa en ello. Aquí todos a lo suyo, a lo que se ponga de moda, lo que nos impongan los medios. En este momento chifla opinar sobre el independentismo catalán o sobre el resultado de las elecciones. Los más cosmopolitas hablan de rescate y de las políticas financieras de los Illuminati. Mientras, en garajes granadinos o en las aceras de Huesca florecen cuerpos inertes de suicidas como si fueran oscuros geranios. Y aumenta sin cesar la población callejera sin un techo sobre sus cabezas. -6º C hizo anoche en Segovia, demasiado frío para el juez que firma la orden; imaginen para la víctima desahuciada. Pero hoy todos los telediarios han abierto con el 0-5 del Real Madrid al Mallorca y el viaje del Rey a la India.

   Este verano no había dinero para cuidar el monte y ahora nuestros hijos tendrán que sembrar más árboles para que no se extingan los bosques españoles. El incendio fue terrible, desde Canarias a Mallorca, desde Almería hasta La Coruña, casi todo quedó arrasado. Ahora entramos en noviembre y las familias se agolpan en las estaciones de metro para calentarse con el trasiego del metal sobre las vías. Los bancos buenos, los de los parques y plazas de nuestro país ya no atesoran el descanso de los descendidos al infierno, ahora se convertirán en el umbral de una muerte segura, sobre todo en las ciudades del norte. Ya las colas en busca de una sopa gris pero caliente comienzan a ser impresionantes e imposibles de colmar, parecerán ríos de corrientes tan sólo subterráneas, atenazados por la densidad del hielo. Ya hasta los perros buscarán refugio y se sentirán frágiles como el cristal suspedido en el aire de una irascible tormenta. Pero se ve que no lo debe haber para todos, eso nos dicen, que los refugios escasean más allá de las cajas fuertes de los otros bancos, los de la usura y la codicia legalizada. Y nada pasa, pues seguimos a lo nuestro, lo que se pone de moda, lo que nos imponen los medios. El índice de audencia de La Voz en Telecinco, la corrupción generalizada en nuestro país, la caradura de nuestros políticos traidores. 

   Seguro que estos últimos nos hablarán este invierno más aún de austeridad. Desde sus acondicionados despachos aconsejarán al padre al que le han cortado ya la electricidad y el gas que debe ahorrar, cerrar el grifo del gasto suntuoso y sacrificarse por el bien de todos (fundamentalmente el de ellos, está claro). Y el padre llorará de impotencia mientras ve cómo su pequeña hija se congela entre sus brazos, como en la Rusia zarista de 1915, donde el hambre fue tal que llegaron a practicar el canibalismo con los infantes. Confiemos en no llegar a tal extremo. No obstante, a los suicidios crecientes tendremos que sumar los muertos por frío y/o por inanición que cubrirán como la túnica sombría del jinete apocalíptico de la guadaña nuestras fértiles calles de cadáveres. Pero no pasa nada. Nadie habla de ello. A nadie interesa tanto drama, es mejor reír, no mirar y olvidar o, mejor incluso, ni siquiera hacer el ejercicio de recordar. Los desposeídos no existen, ¿verdad? Y así todo nos irá mejor y nadie se sentirá obligado a preparar un plan de contingencia para lo que se nos adviene. ¿Será porque no hay dinero? o porque ya nos estamos acostumbrando a contar los muertos y, en el fondo, esa es la esperanza de nuestro país, de nuestros políticos, de nuestro gobierno y, sobre todo, de la señora ministra Fátima Báñez cuando exclama  a la prensa que España está saliendo de la crisis: cuántos menos queden, menos se apuntarán al paro y más dinerito en las arcas, debe pensar, aunque lo calle. ¿Qué color tendrán las últimas nieves del verano, cuando asome la sombra luminosa de una nueva primavera? Ya veréis como la tonalidad carmesí de la sangre enturbia tanta blancura inmaculada.