jueves, 27 de septiembre de 2012

UNA GOTITA DE REALIDAD

   Se llama Toñi y anoche la invitamos a cenar. Tuvimos que encerrar al perro en el balcón, pues le tenía pavor a todo lo que le mostrará los dientes. Ella es de un pueblo serrano y vive sola en la ciudad, sobreviviendo desde que llegó, esculpiendo a base de paciencia su corazón de encina y alcornoque, como un pequeño gorrión con las alas heridas, rodeado de cumbres en las que anidan águilas y halcones. Ya tiene cuarenta años y, la pobre, no es de belleza afortunada. Sin embargo sabe arreglarse y mejorar su rostro con unas pinturillas que usará sólo un par de veces al mes, en ocasiones especiales como ésta. Trabaja limpiando una casa, la casa de una gorda sirena socialista que tiene su despacho en la oficina de empleo de la ciudad. Una mujer ejemplar, prestigiosa, que la tiene declarada desde hace unos cuatro meses, el tiempo, más cuatro años, que existe relación laboral entre ambas.

   Toñi no se queja. Sabe que la cosa está muy mal. Ella comenzó trabajando ochos horas al día, que a veces eran diez, para cobrar 500 euros al mes. Luego, tras el recorte en el sueldo de los funcionarios que llevó a cabo Zapatero, su jefa le hizo comprender que esa era una medida que afectaría a todos y le rebajó el sueldo a 450 euros. Con la promulgación de la ley (PP) que obligaba a dar de alta en la seguridad social a las empleadas de hogar, su sueldo se quedó en 400 euros, ya que su jefa le redujo el coste que le suponía contratarla. Y ahora, su jefa vuelve a sufrir más recortes y, encima la han dejado sin paga extra de verano, ya apenas le llega para pagar sus varias hipotecas y se ha visto obligada a cambiarle el contrato a Toñi por otro de media jornada, por el que ya sólo cobra 250 euros al mes.

    Me diréis que eso es imposible. Que nadie puede sobrevivir con esa cantidad al mes, más teniendo en cuenta que ha de pagarse un alquiler. Sí, yo tampoco lo podía creer. Hasta que me lo contó. Vive alquilada en una habitación, en un piso donde comparte cocina y aseo, con una, dos y a veces tres chicas, generalmente estudiantes que llegan desde fuera. Aunque en julio y agosto estas chicas se van, en esos meses comparte piso con sus propios caseros, unos señores de Extremadura que aprovechan el piso para acercarse a la playa. Según ella son los peores meses, pero los sobrelleva. No paraba de hablar, se sentía a gusto. Se ve que eran escasas en su vida las ocasiones de conversar amigablemente con alguien. Mi mujer la conoce porque ambas trabajan cerca y suelen coincidir en el autobús. Y ayer quedaron para tomar un café y, según me dio a entender, hablar de amores. ¡Qué sería de esa mujer sin la esperanza incombustible de encontrar algún  día su príncipe azul!, pensé después durante la cena, viendo sus ojos vidriosos al leer los whatsapp enviados a su móvil por el supuesto pretendiente.  Total, que vino a casa para preguntarme una cosa sobre facebook (lo usa por el móvil) y la invité a cenar. Me lo agradeció profundamente, una cena que me ahorro, le dijo alegre a Ana, una filigrana menos que hacer para llegar a fin de mes.

   Toñi es una chica curiosa y simpática que, posiblemente, tuvo la mala suerte de nacer en un ambiente familiar cerrado y hostil hacia lo externo. La familia, cada vez menos típica, de la sierra que vivió aislada, sin posibilidad de acceso al conocimiento, sin más estudios que la observación de la naturaleza. Ella no sabe demasiado de números, aún cuenta con los dedos, pero sabe muy bien cuanto esfuerzo le cuesta ganar lo que gana y procura administrarse bien, sin lujos, como mucho una cocacola dos sábados del mes. Ella no sabe qué es eso de la crisis y le da igual quien gobierne, mientras ese gobierno mejore sus condiciones de vida. Dice que se sorprendió con las imágenes de las cargas policiales en Madrid, que no entendía qué pasaba, ni porqué pasaba. Que es verdad que estamos jodidos todos, pero de ahí a querer matarnos, chiquillo, con lo bonita que es la vida, sonreía, a la par que enseñaba a mi mujer el nuevo mensaje que le acababa de mandar su príncipe. Está vez puede que me salga bien, susurró al oído de mi mujer, pero no pudo evitar que yo la oyera. Y yo no pude evitar sonreír al imaginarme a Toñi como un Sancho singular que ya estaba harto de recibir palizas por culpa de los líos de Don Quijote y había decidido abandonarlo para buscar a su Dulcinea particular. Tan delgadita como era y, sin embargo, me recordaba al tierno de Sancho Panza. Un Sancho Panza o una Toñi que por mucho que intente huir del corral, del redil, siempre permanecerá encerrada en él.

    

miércoles, 26 de septiembre de 2012

¡QUÉ PENA DE PAÍS!

   Bueno, los sedientos de sangre estaréis contentos. Ya ha corrido el líquido rojo por las calles de Madrid. ¡Ya estalló la revolución!, gritaréis eufóricos, tras la noche desbordada de adrenalina. ¡Esto no hay quien lo pare ya! ¡Viva la anarquía o Viva Franco!, yo qué se. ¡Muerte a la democracia! ¡Abajo el estado!, gritaréis los más fanáticos y descerebrados, en plan chulitos, como grandes héroes patéticos o mártires con pose de osito de peluche frente a las cámaras, si formáis parte de los detenidos. Todo muy guay, muy chachipiruli. Sí, pero a ver quien es el guapo que le dice a la madre del chico herido grave que su hijo volverá de la capital con una lesión medular, más o menos, convertido en un vegetal. ¡Qué vergüenza y asco me dais y qué avergonzado me siento de pertenecer a vuestro país! Y algunos aún exponíais anoche vuestros comentarios en las redes sociales con una inmensa V de victoria. ¡Seréis cabrones! Pero ¿es que aún no habéis tenido suficiente? ¿Qué cojones queréis? ¿Conducir a este país a otra guerra civil, para luego enjuagaros vuestras sucias manos con las lágrimas de los abuelos que asistan a la muerte de sus nietos en directo? Porque esta vez será distinto. El drama produce morbo a una sociedad enferma como la nuestra y eso genera audiencia.

   La convocatoria del 25S siempre estuvo mal diseñada. Siendo sus reivindicaciones justas y necesarias y ciertamente reflejando el drama actual que viven los ciudadanos españoles, se equivocaba, sin embargo, en el concepto democrático en sí mismo, dando cabida en la protesta ciudadana a grupos antidemocráticos que, de forma espontánea, se adscribieron a las miles de convocatorias lanzadas por las redes sociales. Eso, para entendernos, sería como decir que tan buen defensor del fútbol es un hooligan neofascista, como lo es el bueno de Iniesta. Pero es que además, era evidente que la manifestación carecía de una mínima organización que solidificase la homogeneidad de postulados, los mensajes aparentaban ser unitarios, pero no lo eran en realidad. Ya a las dos de la tarde pude ver en el telediario de La Sexta como, mientras entrevistaban a uno de los organizadores y que decía expresar con rotundidad la única intención de rodear pacíficamente el congreso, otro manifestante, junto al entrevistado, pintaba en una pancarta la frase: ¡Ocupemos el congreso! Más tarde, durante la cadena humana de miles de personas que caminaba hacia el parlamento, la unidad se rompía claramente desde el cielo por el colorido tan desigual de las banderas. ¿Y aún seguimos cometiendo la soberbia estúpida de pensar que reflejamos el sentir de la mayoría de los españoles, cuando hubo más gente celebrando la victoria en la supercopa de Europa del atlético de Madrid que ayer en la protesta? ¿Acaso estamos ciegos o es que no somos más que unos pobres idiotas, incapaces de comprender la realidad? Si el 15M no estaba muerto como movimiento social (no así como conciencia), ayer lo acabaron de asesinar los malnacidos que usaron la violencia.

   Diréis que por qué no hablo de la desmesurada reacción policial. Bueno, ese es un capítulo que deseo dejar para otro día. Quizá mañana. Lo que está claro es que el gobierno tiene miedo y ha perdido el Norte. Fueron indignas las órdenes de los mandos policiales y sus jefes políticos. No se puede criminalizar a todo el mundo, tal y como hicieron desde tempranas horas de la mañana, registrando vehículos, cacheando a personas pacíficas cuyo único crimen es vivir una situación económica y familiar desesperada, provocando en cierto modo al pueblo, coaccionándolo y llevándolo a límites inhumanos de humillación pública. Algunos parecían mercenarios, más que servidores del pueblo. También los habría –cómo negarlo- tan asustados y confusos como los indignados indefensos que les mandaban apalear, seguro, aunque supieron disimularlo ante sus mandos, temerosos de que, con la reforma laboral aprobada por el PP, los dejarán en la puta calle sin indemnización alguna. Está claro que se soporta mejor la mala conciencia si dispones de un buen sueldo. También siento vergüenza y asco de estos tipos y también me siento avergonzado de pertenecer a su país. La utilización de la fuerza bruta para humillar, vejar, someter y torturar a otro ser humano es abyecta e inmoral, venga de donde venga, y jamás puede ser purificada, ni justificada.

En fin, ¿asistiremos hoy a un nuevo capítulo de la atípica y original toma del congreso, al estilo de Berlanga, pero con muchos más tintes dramáticos, o el sentido común se impondrá en ambos bandos? Esperemos que sea lo segundo, aunque mucho me temo que los incidentes de ayer, provocarán una estampida entre los ingenuos e incautos que ayer fueron arrastrados y encerrados en la ratonera en la que se convirtió el perímetro del congreso. Amas de casa, ancianos que sufren por la situación de sus nietos, jóvenes pacifistas de verdad, padres preocupados por el futuro de sus hijos, dependientes que reclaman su derecho a una existencia digna, etc… Cientos o miles de personas que llegaron ilusionados a Madrid con la sana intención de defender una justa y consensuada democracia para todos los españoles y que se irán amargamente defraudados y doblemente indignados por la deriva irracional en la que muchos otros indeseables desean navegar. ¡Qué pena de país!  ¡Qué maldita pena de país!  

lunes, 24 de septiembre de 2012

AUSTERIDAD Y EL 25S
                     
   ¡Qué difícil es soportar la austeridad impuesta por los otros, pero que reconfortante para nuestro espíritu altruista resulta la autoimpuesta!, está frase pronunciada por el sabio José Luis Sampedro, en el programa Salvados emitido ayer, debería presidir todos los lemas del 15M y, sin embargo, jamás la he visto escrita en una pancarta. Sí, porque en esa frase está la madre del cordero sagrado, el quid de la cuestión, la toma de conciencia y el realismo absoluto sobre los graves problemas que acucian a la sociedad española en este momento de nuestra historia. Todos queremos más y nada nos parece suficiente, sin darnos cuenta de que todo aquello que en demasía nos sea entregado, se convertirá inmediatamente en carencia vital para otro. Y decimos ser solidarios, cuando la verdad es que no somos más que unos oportunistas que, sin reflexionar, anunciamos milagros imposibles, como demagogos irremediables, sólo porque por ello conseguiremos sin esfuerzo los aplausos del pueblo incauto, ese tan necesitado de esperanza. La vanidad es un demonio con cara de ángel y, a veces, ha provocado sin querer el nacimiento de algún que otro manantial de sangre. Esperemos que mañana no sea el caso.



   ¡Qué bonito suena todo! ¡Qué armonía de deseos inspiradores! Suena a música celestial, a querubines tocando en el arpa una melodía dulzona sobre nuestras cabezas. ¡Y cuánta ingenuidad en todo! Sobre todo en el 5º punto. ¿Cómo pretenderán pagar a todos sin un euro en la caja del tesoro público? Anular los recortes me parece justo, pero ¿cómo afrontaría el gasto un estado que inmediatamente se vería obligado a declarar la suspensión de pagos? A esto me refería cuando os hablaba de prometer milagros, algo que, al parecer, ya no es exclusivo de los políticos. O ¿es que acaso los convocantes de esta manifestación del 25S tienen ínfulas de serlo? No obstante, todas las demás peticiones quizá fueran posibles y, desde luego, necesarias. Pero echo en falta otras de mayor enjundia y enfocadas hacia una sociedad más justa e igualitaria. Por ejemplo, nada se dice de anular los privilegios de los políticos, ya que tan sólo se habla de la dimisión del gobierno y nada se dice de revocar su acta a los demás parlamentarios. Nada se dice sobre la democratización interna y real de los partidos, sindicatos y federaciones. Nada sobre la estipulación de un sueldo mínimo de subsistencia para las personas (al inicio de la convocatoria, los anunciantes prometían un sueldo de 2000 euros para cada españolito, pero afortunadamente han comprendido su necedad y lo han borrado). Nada sobre el acceso a la alimentación y a un techo para aquellos que han dejado de tenerlo. Nada sobre la expansión del hambre que el estallido de esta bomba de irracionalidad (si llega a ocurrir mis peores presagios) puede acarrear. Nada de organización, de consenso estratégico, de unidad real y sin fisuras. En fin, queda poco más de 24 horas para saberlo. Pero yo estoy convencido de que mañana será un día negro para la historia de España, en el que la sangre volverá a correr por las calles de Madrid. Ojalá me equivoque y tenga que tragarme mis palabras públicamente, lo haría sin dudarlo si todos me demostráis vuestras intenciones pacifistas y la acción transcurriese sin violencia. Todos. Desde el anciano, lógicamente airado tras ser estafado en las preferentes bancarias, hasta el joven que, desgraciadamente, nunca ha podido contribuir con el estado de bienestar, pero reclama sus derechos ganados con el sudor de la frente de sus abuelos.

   Ya ven, en esta parodia esperpéntica que es la España actual hasta es posible perder lo que jamás se ha tenido ni merecido. Así de lloricas somos. En vez de colaborar, solidariamente, con el esfuerzo conjunto de todos, gritamos y exigimos más regalos, como el niño travieso que promete ser bueno mientras cruza los dedos de sus manos, ocultas tras la espalda. No sé qué pasará mañana. Imagino que las emociones serán fuertes e indómitas, difíciles de contener. El grito unido de la masa hará temblar los corazones enjaulados en la caja torácica de cada uno y el río recorrerá el curso impuesto por la corriente. Las piedras del camino serán ¿esquivadas o arrasadas? ¿Será acallada la melodía celestial por la percusión cruel de los disparos? No lo sé. De lo que sí estoy seguro es que mañana cambiará el curso de la historia española. Para bien o para mucho peor, depende de lo que ocurra.

   Pase lo que pase, lo que sí me atrevo a afirmar es que mientras no comprendamos la importancia y altura humanística de la frase pronunciada por José Luis Sampedro,  la raza humana estará en peligro. Aquí, en España, y en todas partes. Deberíamos oír más a sabios imprescindibles como él y prestar menos atención a mesiánicos ingenuos, irracionales y pletóricos de vanidad.


    

sábado, 22 de septiembre de 2012

LA CORTINA DE HUMO INDEPENDENTISTA

   Y no sé porqué, será que soy andaluz y la distancia me posibilita más para la objetividad, pero me da la impresión de que, en esta historia absurda de desprecios entre hermanos, el catalán y el español están siendo maquiavélicamente manipulados y ni se enteran. Veamos, analicemos sin vehemencia y con rigor lógico la chorrada independentista de Cataluña. Lo de chorrada no es en absoluto peyorativo, créanme, es solo que, teniendo en cuenta que la evolución humana habría de llevarnos –por nuestro bien- a la desaparición paulatina de fronteras, me parece ridículo pelear para construirlas. Pero, preguntémonos ¿a quiénes benefician esta historia patética y absurda de ruptura social entre dos pueblos hermanados por la historia? Pues bien, yo tengo la teoría de que toda está “algarabía” de imprevisibles consecuencias –quién sabe si dramáticas- ha sido orquestada, en acuerdo secreto, entre dos aparentes enemigos, el señor Rajoy y el señor Mas, que interpretan lo contrario sobre el escenario del teatro político, tratando de engañarnos a todos, catalanes y españoles. Sí, porque es evidente que ambos salen ganando, mientras nosotros seguiremos siendo los eternamente jodidos.

Veamos, por un lado  está el líder de CIU, presidente de la comunidad más endeudada del estado y que se ha visto obligado a llevar a cabo recortes inhumanos sobre su población, con tal de llenar caja y afrontar los vencimientos de la impresionante deuda producida por la codicia y ambición de los políticos catalanes. La cohesión social en Cataluña se encontraba al borde del abismo, las manifestaciones de protesta contra el gobierno aumentaban exponencialmente, los sondeos pronosticaban para CIU una próxima debacle electoral. Y de repente, el señor Mas abraza la bandera independentista y pasa de ser el gobernante odiado y repudiado por su pueblo a héroe venerado, el gran lobo alfa, líder de la gran manada catalana. No hay más que ver cuál fue el recibimiento que tuvo en el Prat tras la pantomima de su reunión en Mocloa de hace un par de días. En fin, que muy posiblemente la jugada le saldrá bien y tras el inteligente adelanto de las elecciones, vuelva a votarle su hipnotizado pueblo para que siga jodiéndole cuatro años más. Y una vez conseguido el objetivo ya verá qué hace, porque es nítido, evidentísimo, que la historia esa de la independencia no es más que un cuento chino, una mentira burda, ya que él, al igual que el gran sabio Jordi Puyol (lo admitió recientemente en unas declaraciones a la prensa), sabe que es jurídica y económicamente imposible.

   Por otro lado está el PP, Rajoy y su gobierno herido por las llagas supurosas de su inutilidad e ineficaz gestión. Toda esta historia absurda les otorga el aura de ser los únicos defensores de una patria grande, unida y poderosa (de risa, ¿verdad?), lo cuál le viene muy bien para afrontar las elecciones gallegas y vascas, más teniendo en cuenta las dosis de información que reparten estratégicamente en los telediarios sobre un nuevo grupo independentista gallego que ya hasta manipula explosivos (lanzamiento de cócteles molotov y esas cosas, ya saben). Nada mejor que inventarse conflictos o amenazas externas para que los ciudadanos temerosos te voten como borregos. Y cuando las cosas se tuercen y se ponen peligrosas para uno, pensarán, nada mejor que entregar al pueblo la posibilidad de odiar más y más abiertamente a otro, un tercero en discordia. Así con la invención de este conflicto ficticio y absurdo sobre fronteras de pacotilla entre Cataluña y España, ya nadie habla de otra cosa. La cortina de humo se extendió, cegando la capacidad racional en la mayoría. Y es que ya llamaban demasiado la atención los señores del SAT con sus requisas alimentarias en los supermercados. Ya se estaba hablando demasiado sobre el crecimiento del hambre y la pobreza sobre esta inhóspita piel de toro, o sobre el expolio nacional que los más ricos están llevando a cabo en nuestras narices, o sobre el rescate que nos arruinará durante décadas, o…

   No, es mejor que hablen de nuestra peleílla ficticia, se dirán Rajoy y Más, mientras degustan con deleite el champán con el que brindan y comprueban cómo en todos los periódicos, telediarios, programas de debate, tanto en la radio como en la televisión y tertulias callejeras no se habla más que de la chorrada independentista catalana. Ambos saben que se necesitarán otras veces en el futuro. Tal vez, tal y como están las cosas, en la próximas elecciones generales no saque mayoría absoluta el PP y necesite negociar con CIU la creación de un nuevo gobierno cuyo objetivo principal sea que todo, absolutamente todo, permanezca igual. ¿Y el pueblo? Bueno, con respecto al pueblo, ya se inventarán otros cuentos con los que nos sigan sometiendo al redil.

viernes, 21 de septiembre de 2012

FARMACIA GRATIS PARA LOS POLÍTICOS


Texto de María Tordera en Facebook

   Si esto es verdad, me cago en la miserable cara hipócrita de todos nuestros políticos. Sí, en la de todos y todas. No salvo a ninguno. Porque hay que ser indigno para aceptar un privilegio tan inmoral como el que nos comenta Maria Tordera en la foto que expongo más arriba de este texto. De las bestias inhumanas del PP, incluyendo a los verdugos del gobierno, ya me lo esperaba. Pero de todos esos hipócritas de la izquierda (se ve que sólo lo son en su semántica) no. ¿Cómo se puede aceptar algo así sin que se les caiga la cara de vergüenza? Tipejos impresentables, atroces carroñeros, que destrozan su propia dignidad por unos miserables céntimos de euros. Esos son los viles despojos humanos que nos representan, gente sin honor, sin ética ni moral, sin valores humanísticos, con desiertos de hielo en sus almas. Personas que venderían al matadero a su propia madre, a cambio de dinero y de prestigio.

   ¿Cómo es posible, si existe un Dios, que no les fulmine con su látigo, expulsándoles del templo, tal y como mandó hacer a Jesucristo? ¿Cómo es posible que el pueblo permanezca adormecido, que aún no se haya enterado de que Dios es él? ¿Cómo es posible que aún permanezcamos discutiendo por los toros, el fútbol, las titis, los chorbos, los pájaros, los sueños, las aspiraciones individuales, las… gilipolleces y no nos hayamos unido para pararles los pies? Cualquier parásito de estos ronda un sueldo mínimo de tres mil euros al mes y si va a la farmacia a comprar aspirinas no paga absolutamente nada por ser diputado. Y yo, enfermo crónico del corazón y diabético, estando obligado por ello a tomarme 16 pastillas diarias, algunas de un precio exagerado, y, pensionista, con una paga de 600 euros, sí tengo que pagar. Y usted también. Y usted. Y usted. Y hasta el parado que ya no recibe ayuda, bueno, ese más, a ese lo echan directamente de la seguridad social. ¿Y no se nos cae la cara de vergüenza por permitirlo?

   No puedo entender a este país. ¿Y ante esta discriminación tan inhumana nada tienen que decir la fiscalía, la judicatura, la defensora del pueblo, las agencias de consumidores, los periódicos, las televisiones, los defensores de los derechos humanos y, si me ponen, hasta el tribunal de la Haya? ¡Qué asco de país! Vivimos en el claroscuro de una permanente historia medieval, en el esperpento más atroz de un escenario gótico. En la ignorancia irónica de los estúpidos. Si seguimos así, algún día nos robarán hasta a los hijos sin que seamos capaces de plantar queja. ¿Les suena? A algunas madres de las cárceles franquistas y de la clínica Santa Cristina seguro que sí.

   Y no me entendáis mal. No niego el ejercicio de la política, es más, creo que ahora la política es más necesaria que nunca, porque el debate es necesario para que, entre todos, hallemos una mejor manera de convivir en paz y felicidad. Eso debiera ser la política, gente honrada en el arte de organizarnos mejor como sociedad y no la cloaca codiciosa que son los partidos a-democráticos que tenemos en la actualidad. Esto ya apesta demasiado. El pueblo está muy harto y será difícil contener la diarrea y la rabia posterior. Necesitamos aire nuevo, abrir las ventanas, las rejas, las listas e instaurar las bases para una verdadera y real igualdad democrática entre todos.

jueves, 20 de septiembre de 2012

¿POR QUÉ NEGAMOS LA CODICIA?

   Ayer, tras la publicación de mi artículo ¿Sirve para algo protestar?, mi amigo Ismael se puso en contacto conmigo. También habréis notado, como él, que llevaba casi una semana ausente de las redes sociales y sin publicar nada nuevo en el blog. No me pasaba nada, le respondí. Es que, a veces, uno acaba hastiado por tanta hiperinformación, desinformación, y manipulaciones mediáticas de la realidad y decide que es mejor fundirse en la cotidianidad de la ficción. Ya sé que eso es un error, que de ese modo pierdes la noción de cuanto ocurre a tu alrededor y te olvidas de la defensa de tus derechos como ser humano digno, que te conviertes en carnaza para los buitres carroñeros del poder económico mundial. Pero también es verdad que, en momentos puntuales, es necesaria la evasión. Porque si no lo haces, corres el riesgo de perderte en la deriva de una tormenta confusa, entre las olas encabritadas del peligroso mar de la obsesión. Y cuando eso ocurre, se pierde la objetividad y los análisis de la realidad dejan de ser fiables, siendo siempre tamizados con el cedazo de una misma tendencia tan obsesiva como alejada de la lógica y la razón.

   Cuando eso me ocurre me inmerso en la lectura compulsiva de novelas. Me sumerjo en la ficción para tratar de hallar en ella las claves (los porqués) de esa terrible realidad que, obcecadamente, nos negamos a ver. Y creedme, si la buscas, la encuentras. Hace justo un momento, por ejemplo, he leído una frase que me ha dejado perplejo. No es una gran frase literaria, a pesar de haber sido escrita por una escritora inconmensurable, la norteamericana Joyce Carol Oates, una de esas poquísimas escritoras capaz de escribir con la crudeza de un mercenario y, sin embargo, su lectura produzca que un colibrí aletee en el pecho de quién la lee. Pero es una frase lapidaria que resume en once palabras la atroz realidad en que vivimos. “En una economía capitalista y consumista, nadie, absolutamente nadie, es incorruptible”.

   Es verdad. Es terrible, pero es verdad. ¿De qué sirve protestar, plantar batalla, incluso vencer y derrocar gobiernos injustos, si seguimos aspirando a lo mismo, la acumulación de capital y patrimonio, el coche guapo para fardar, la tía buena, la victoria y el reconocimiento social, la fama, la adoración de los demás? ¿De qué sirve cambiar la constitución, crear leyes justas y equitativas, imponer las mayores medidas de control institucional, la apariencia de una justicia basada en la dignidad humana, si seguimos falsificando nuestros valores éticos con justificaciones injustificables que enmascaran nuestra autodenigración moral? “La codicia acabará con la raza humana”, ya lo dijo Freud. Si seguimos así caminamos hacia la autoextinción, nos quedaremos sin agua potable en el planeta, cada vez seremos más y los recursos serán cada vez más escasos.

   Tenemos que cambiar de sistema, eso está claro. Y no sé qué otro será el adecuado, imagino que será el que entre todos los seres del mundo escojamos libremente algún día, si nos llega esa oportunidad, claro está. Pero para que demos con el adecuado sería interesante un índice de cultura superior, el justo y necesario como para llegar a comprender que el conocimiento de las nuevas tecnologías y el desarrollo de las investigaciones científicas y filosóficas han de estar siempre en las manos del pueblo y nunca en la manos de gobernantes que las usan para someternos. El justo y necesario como para entender que el perfil de nuestros gobernantes debiera ser otro muy distinto, algo parecido a personajes como Vicente Ferrer o José Luis Sampedro. El justo y necesario para comprender que más vale ser gobernados por sabios honestos, que por el tipejo que algún día nos mintió al prometernos alguna suculenta prebenda. Porque así es como suelen ganar sus elecciones siempre los estafadores, diciéndonos una y otra vez te daré a ti lo que le quitaré a otro y con nuestra propia codicia nos engañan. Ellos también saben que en esta economía capitalista y consumista, nadie, absolutamente nadie, es incorruptible. Y nosotros, ¿por qué somos incapaces de admitirlo?





miércoles, 19 de septiembre de 2012

¿SIRVE PARA ALGO PROTESTAR?

   Esta es la inquietante pregunta que lanzó Jordi Évole a la audiencia el lunes pasado en su programa “Salvados”. Curiosa la coincidencia tan abrumadora con el título “Salvamé” de Telecinco, en el que los invitados se enzarzan en protestas absurdas, los unos contra los otros, sin que nada parezca tener consecuencias entre la estúpida audiencia que se traga cualquier bodrio morboso, por chabacano y nauseabundo que les resulte. Sin embargo, ante un simple análisis semántico hallaremos las diferencias entre la connotación universal del primer programa y la evidencia egocéntrica del segundo. Esa es la clave principal de la personalidad diferenciadora de los españoles: es imposible la solidaridad entre los españoles que tanto claman por la realidad de una salvación colectiva cuando lo que impera en el fuero interno de cada uno es el auxilio individual y la necesidad imperiosa del ensalzamiento de uno mismo a través de la idolatrada vanidad.

   No obstante, hoy en el telediario de la cadena rosa (nada sospechoso de manipulación mediática), han dado una noticia que me ha llamado mucho la atención. Comentaban lo bien que iba aquel proyecto que hace un par de meses puso en acción el ayuntamiento de Girona. ¿Recuerdan? El consistorio de esa ciudad llegó a un acuerdo con tres cadenas de supermercados para que los productos de primera necesidad que estuvieran a punto de caducar fuesen donados al mismo, con la idea de repartirlos, a través de un banco municipal de alimentos, a las familias más necesitadas de la provincia, tratando así de evitar a estos la humillación de rebuscar comida entre los contenedores de basura. Bien, la noticia de hoy comunicaba el buen resultado de la gestión, habiéndose sumado ya a la misma once cadenas de supermercados en la zona. Ya en el momento del anuncio de dicho proyecto en los medios escritos hubo una avalancha de descalificaciones individuales a través de la plataforma virtual que me llamó mucho la atención. Yo no podía entender entonces cómo era posible que ante una noticia esperanzadora desde mi punto de vista, la gran mayoría de los internautas del facebook gritaban sus protestas al cielo virtual, catalogando como abyectos e inhumanos a los concejales que apoyaban la acción. Miles de fotografías de contenedores con candados salieron entonces en periódicos y páginas y muros de facebook, acusando al consistorio de querer matar de hambre a los hambrientos, comparando ésta acción con otras llevadas a cabo por ayuntamientos del PP, como la del multar con hasta 700 euros a quien buscaba alimentarse de la basura. Yo entonces expuse libremente mi sorpresa y me atreví públicamente a debatir con argumentos lo que me parecía una postura demagógica e irracional. Llegaron a insultarme, llamándome fascista (que tiene cojones la cosa) y acusándome de burgués acomodado (que aún tiene más cojones la cosa, teniendo en cuenta que mi pensión no llega ni a 600 euros al mes). Aducía una tipeja que se denominaba anarquista que en la basura se podía encontrar buenas proteínas (carne) y en los bancos de alimentos no. La misma que me llamó varias veces hijo de puta y fascista sin conocerme. Tiene guasa la cosa pues hablaba como se hablan los personajuchos del “Salvamé” ese del carajo.

   Esta noticia esperanzadora de hoy sobre el proyecto de “la casa del pueblo” (ayuntamiento) de Girona me ha hecho reflexionar sobre la pregunta de Jordi Évole en “Salvados”: ¿Sirve de algo protestar? Está claro que la protesta por si misma no sirve absolutamente para nada, si esta no va acompañada de acciones conjuntas y solidarias. Es evidente que llevamos meses y meses (algunos de nosotros hasta años) protestando, a través de las redes sociales fundamentalmente, sin que hayamos logrado cambiar nada. Es evidente que una grandísima minoría de este país hemos salido en manifestaciones de protesta en las calles sin que hayamos logrado cambiar nada. Pero es también terrible y evidente la realidad de que no hacemos nada más que eso. Salvo un pequeño porcentaje de voluntarios que sí se dedican a hacer algo por los demás de forma absolutamente altruista, la gran mayoría de ciudadanos de este país únicamente saben mirarse su propio ombligo, aunque su falso discurso esté lleno de tópicos sobre los desheredados sociales. La verdad cruel es que a la mayoría de los ciudadanos españoles les importan un bledo los demás y si se quejan no es más que por la razón de que ellos están al lado de los más desfavorecidos. Sólo saben criticar y protestar sobre los privilegios de los privilegiados porque ellos no pertenecen a esa casta, pero si los estuvieran ni protestarían ni se ocuparían de los que estuviesen pasándolo mal. Y cuando algunos, como los concejales del ayuntamiento de Girona que tuvieron tan genial idea, lo hacen sin exigir nada a cambio, sino simplemente porque aceptan esa obligación como un deber social hacia los más desfavorecidos, entonces los critican, los insultan, los amenazan y los desprecian con la peligrosa soberbia de los ignorantes, llamándolos inútiles de paso, cuando los únicos inútiles son aquellos que, pudiendo hacer más por los demás, no lo hacen y tan sólo saben dedicarse a injuriar a aquellos que si tienen el valor de luchar por los demás sin exigir nada a cambio.

   Desde aquí mi más sincera admiración a esas personas que sí saben entregarse a los demás, desde su posición de concejal; desde su voluntariado en cáritas o en cualquier ong, cristiana o laica, da igual; desde su pequeña aportación en los comedores sociales; desde su ayuda humanitaria atendiendo a ancianos o dependientes; etc… A todos ellos, de corazón, les doy las gracias por ello, porque todos, absolutamente todos los podemos necesitar algún día y sé que ellos no mirarán si antes les hubimos insultado alguna vez. Ellos, si los dejamos, serán los que logren salvar algún día a este país de implacable sombra medieval y oceánica ignorancia.