sábado, 22 de septiembre de 2012

LA CORTINA DE HUMO INDEPENDENTISTA

   Y no sé porqué, será que soy andaluz y la distancia me posibilita más para la objetividad, pero me da la impresión de que, en esta historia absurda de desprecios entre hermanos, el catalán y el español están siendo maquiavélicamente manipulados y ni se enteran. Veamos, analicemos sin vehemencia y con rigor lógico la chorrada independentista de Cataluña. Lo de chorrada no es en absoluto peyorativo, créanme, es solo que, teniendo en cuenta que la evolución humana habría de llevarnos –por nuestro bien- a la desaparición paulatina de fronteras, me parece ridículo pelear para construirlas. Pero, preguntémonos ¿a quiénes benefician esta historia patética y absurda de ruptura social entre dos pueblos hermanados por la historia? Pues bien, yo tengo la teoría de que toda está “algarabía” de imprevisibles consecuencias –quién sabe si dramáticas- ha sido orquestada, en acuerdo secreto, entre dos aparentes enemigos, el señor Rajoy y el señor Mas, que interpretan lo contrario sobre el escenario del teatro político, tratando de engañarnos a todos, catalanes y españoles. Sí, porque es evidente que ambos salen ganando, mientras nosotros seguiremos siendo los eternamente jodidos.

Veamos, por un lado  está el líder de CIU, presidente de la comunidad más endeudada del estado y que se ha visto obligado a llevar a cabo recortes inhumanos sobre su población, con tal de llenar caja y afrontar los vencimientos de la impresionante deuda producida por la codicia y ambición de los políticos catalanes. La cohesión social en Cataluña se encontraba al borde del abismo, las manifestaciones de protesta contra el gobierno aumentaban exponencialmente, los sondeos pronosticaban para CIU una próxima debacle electoral. Y de repente, el señor Mas abraza la bandera independentista y pasa de ser el gobernante odiado y repudiado por su pueblo a héroe venerado, el gran lobo alfa, líder de la gran manada catalana. No hay más que ver cuál fue el recibimiento que tuvo en el Prat tras la pantomima de su reunión en Mocloa de hace un par de días. En fin, que muy posiblemente la jugada le saldrá bien y tras el inteligente adelanto de las elecciones, vuelva a votarle su hipnotizado pueblo para que siga jodiéndole cuatro años más. Y una vez conseguido el objetivo ya verá qué hace, porque es nítido, evidentísimo, que la historia esa de la independencia no es más que un cuento chino, una mentira burda, ya que él, al igual que el gran sabio Jordi Puyol (lo admitió recientemente en unas declaraciones a la prensa), sabe que es jurídica y económicamente imposible.

   Por otro lado está el PP, Rajoy y su gobierno herido por las llagas supurosas de su inutilidad e ineficaz gestión. Toda esta historia absurda les otorga el aura de ser los únicos defensores de una patria grande, unida y poderosa (de risa, ¿verdad?), lo cuál le viene muy bien para afrontar las elecciones gallegas y vascas, más teniendo en cuenta las dosis de información que reparten estratégicamente en los telediarios sobre un nuevo grupo independentista gallego que ya hasta manipula explosivos (lanzamiento de cócteles molotov y esas cosas, ya saben). Nada mejor que inventarse conflictos o amenazas externas para que los ciudadanos temerosos te voten como borregos. Y cuando las cosas se tuercen y se ponen peligrosas para uno, pensarán, nada mejor que entregar al pueblo la posibilidad de odiar más y más abiertamente a otro, un tercero en discordia. Así con la invención de este conflicto ficticio y absurdo sobre fronteras de pacotilla entre Cataluña y España, ya nadie habla de otra cosa. La cortina de humo se extendió, cegando la capacidad racional en la mayoría. Y es que ya llamaban demasiado la atención los señores del SAT con sus requisas alimentarias en los supermercados. Ya se estaba hablando demasiado sobre el crecimiento del hambre y la pobreza sobre esta inhóspita piel de toro, o sobre el expolio nacional que los más ricos están llevando a cabo en nuestras narices, o sobre el rescate que nos arruinará durante décadas, o…

   No, es mejor que hablen de nuestra peleílla ficticia, se dirán Rajoy y Más, mientras degustan con deleite el champán con el que brindan y comprueban cómo en todos los periódicos, telediarios, programas de debate, tanto en la radio como en la televisión y tertulias callejeras no se habla más que de la chorrada independentista catalana. Ambos saben que se necesitarán otras veces en el futuro. Tal vez, tal y como están las cosas, en la próximas elecciones generales no saque mayoría absoluta el PP y necesite negociar con CIU la creación de un nuevo gobierno cuyo objetivo principal sea que todo, absolutamente todo, permanezca igual. ¿Y el pueblo? Bueno, con respecto al pueblo, ya se inventarán otros cuentos con los que nos sigan sometiendo al redil.

viernes, 21 de septiembre de 2012

FARMACIA GRATIS PARA LOS POLÍTICOS


Texto de María Tordera en Facebook

   Si esto es verdad, me cago en la miserable cara hipócrita de todos nuestros políticos. Sí, en la de todos y todas. No salvo a ninguno. Porque hay que ser indigno para aceptar un privilegio tan inmoral como el que nos comenta Maria Tordera en la foto que expongo más arriba de este texto. De las bestias inhumanas del PP, incluyendo a los verdugos del gobierno, ya me lo esperaba. Pero de todos esos hipócritas de la izquierda (se ve que sólo lo son en su semántica) no. ¿Cómo se puede aceptar algo así sin que se les caiga la cara de vergüenza? Tipejos impresentables, atroces carroñeros, que destrozan su propia dignidad por unos miserables céntimos de euros. Esos son los viles despojos humanos que nos representan, gente sin honor, sin ética ni moral, sin valores humanísticos, con desiertos de hielo en sus almas. Personas que venderían al matadero a su propia madre, a cambio de dinero y de prestigio.

   ¿Cómo es posible, si existe un Dios, que no les fulmine con su látigo, expulsándoles del templo, tal y como mandó hacer a Jesucristo? ¿Cómo es posible que el pueblo permanezca adormecido, que aún no se haya enterado de que Dios es él? ¿Cómo es posible que aún permanezcamos discutiendo por los toros, el fútbol, las titis, los chorbos, los pájaros, los sueños, las aspiraciones individuales, las… gilipolleces y no nos hayamos unido para pararles los pies? Cualquier parásito de estos ronda un sueldo mínimo de tres mil euros al mes y si va a la farmacia a comprar aspirinas no paga absolutamente nada por ser diputado. Y yo, enfermo crónico del corazón y diabético, estando obligado por ello a tomarme 16 pastillas diarias, algunas de un precio exagerado, y, pensionista, con una paga de 600 euros, sí tengo que pagar. Y usted también. Y usted. Y usted. Y hasta el parado que ya no recibe ayuda, bueno, ese más, a ese lo echan directamente de la seguridad social. ¿Y no se nos cae la cara de vergüenza por permitirlo?

   No puedo entender a este país. ¿Y ante esta discriminación tan inhumana nada tienen que decir la fiscalía, la judicatura, la defensora del pueblo, las agencias de consumidores, los periódicos, las televisiones, los defensores de los derechos humanos y, si me ponen, hasta el tribunal de la Haya? ¡Qué asco de país! Vivimos en el claroscuro de una permanente historia medieval, en el esperpento más atroz de un escenario gótico. En la ignorancia irónica de los estúpidos. Si seguimos así, algún día nos robarán hasta a los hijos sin que seamos capaces de plantar queja. ¿Les suena? A algunas madres de las cárceles franquistas y de la clínica Santa Cristina seguro que sí.

   Y no me entendáis mal. No niego el ejercicio de la política, es más, creo que ahora la política es más necesaria que nunca, porque el debate es necesario para que, entre todos, hallemos una mejor manera de convivir en paz y felicidad. Eso debiera ser la política, gente honrada en el arte de organizarnos mejor como sociedad y no la cloaca codiciosa que son los partidos a-democráticos que tenemos en la actualidad. Esto ya apesta demasiado. El pueblo está muy harto y será difícil contener la diarrea y la rabia posterior. Necesitamos aire nuevo, abrir las ventanas, las rejas, las listas e instaurar las bases para una verdadera y real igualdad democrática entre todos.

jueves, 20 de septiembre de 2012

¿POR QUÉ NEGAMOS LA CODICIA?

   Ayer, tras la publicación de mi artículo ¿Sirve para algo protestar?, mi amigo Ismael se puso en contacto conmigo. También habréis notado, como él, que llevaba casi una semana ausente de las redes sociales y sin publicar nada nuevo en el blog. No me pasaba nada, le respondí. Es que, a veces, uno acaba hastiado por tanta hiperinformación, desinformación, y manipulaciones mediáticas de la realidad y decide que es mejor fundirse en la cotidianidad de la ficción. Ya sé que eso es un error, que de ese modo pierdes la noción de cuanto ocurre a tu alrededor y te olvidas de la defensa de tus derechos como ser humano digno, que te conviertes en carnaza para los buitres carroñeros del poder económico mundial. Pero también es verdad que, en momentos puntuales, es necesaria la evasión. Porque si no lo haces, corres el riesgo de perderte en la deriva de una tormenta confusa, entre las olas encabritadas del peligroso mar de la obsesión. Y cuando eso ocurre, se pierde la objetividad y los análisis de la realidad dejan de ser fiables, siendo siempre tamizados con el cedazo de una misma tendencia tan obsesiva como alejada de la lógica y la razón.

   Cuando eso me ocurre me inmerso en la lectura compulsiva de novelas. Me sumerjo en la ficción para tratar de hallar en ella las claves (los porqués) de esa terrible realidad que, obcecadamente, nos negamos a ver. Y creedme, si la buscas, la encuentras. Hace justo un momento, por ejemplo, he leído una frase que me ha dejado perplejo. No es una gran frase literaria, a pesar de haber sido escrita por una escritora inconmensurable, la norteamericana Joyce Carol Oates, una de esas poquísimas escritoras capaz de escribir con la crudeza de un mercenario y, sin embargo, su lectura produzca que un colibrí aletee en el pecho de quién la lee. Pero es una frase lapidaria que resume en once palabras la atroz realidad en que vivimos. “En una economía capitalista y consumista, nadie, absolutamente nadie, es incorruptible”.

   Es verdad. Es terrible, pero es verdad. ¿De qué sirve protestar, plantar batalla, incluso vencer y derrocar gobiernos injustos, si seguimos aspirando a lo mismo, la acumulación de capital y patrimonio, el coche guapo para fardar, la tía buena, la victoria y el reconocimiento social, la fama, la adoración de los demás? ¿De qué sirve cambiar la constitución, crear leyes justas y equitativas, imponer las mayores medidas de control institucional, la apariencia de una justicia basada en la dignidad humana, si seguimos falsificando nuestros valores éticos con justificaciones injustificables que enmascaran nuestra autodenigración moral? “La codicia acabará con la raza humana”, ya lo dijo Freud. Si seguimos así caminamos hacia la autoextinción, nos quedaremos sin agua potable en el planeta, cada vez seremos más y los recursos serán cada vez más escasos.

   Tenemos que cambiar de sistema, eso está claro. Y no sé qué otro será el adecuado, imagino que será el que entre todos los seres del mundo escojamos libremente algún día, si nos llega esa oportunidad, claro está. Pero para que demos con el adecuado sería interesante un índice de cultura superior, el justo y necesario como para llegar a comprender que el conocimiento de las nuevas tecnologías y el desarrollo de las investigaciones científicas y filosóficas han de estar siempre en las manos del pueblo y nunca en la manos de gobernantes que las usan para someternos. El justo y necesario como para entender que el perfil de nuestros gobernantes debiera ser otro muy distinto, algo parecido a personajes como Vicente Ferrer o José Luis Sampedro. El justo y necesario para comprender que más vale ser gobernados por sabios honestos, que por el tipejo que algún día nos mintió al prometernos alguna suculenta prebenda. Porque así es como suelen ganar sus elecciones siempre los estafadores, diciéndonos una y otra vez te daré a ti lo que le quitaré a otro y con nuestra propia codicia nos engañan. Ellos también saben que en esta economía capitalista y consumista, nadie, absolutamente nadie, es incorruptible. Y nosotros, ¿por qué somos incapaces de admitirlo?





miércoles, 19 de septiembre de 2012

¿SIRVE PARA ALGO PROTESTAR?

   Esta es la inquietante pregunta que lanzó Jordi Évole a la audiencia el lunes pasado en su programa “Salvados”. Curiosa la coincidencia tan abrumadora con el título “Salvamé” de Telecinco, en el que los invitados se enzarzan en protestas absurdas, los unos contra los otros, sin que nada parezca tener consecuencias entre la estúpida audiencia que se traga cualquier bodrio morboso, por chabacano y nauseabundo que les resulte. Sin embargo, ante un simple análisis semántico hallaremos las diferencias entre la connotación universal del primer programa y la evidencia egocéntrica del segundo. Esa es la clave principal de la personalidad diferenciadora de los españoles: es imposible la solidaridad entre los españoles que tanto claman por la realidad de una salvación colectiva cuando lo que impera en el fuero interno de cada uno es el auxilio individual y la necesidad imperiosa del ensalzamiento de uno mismo a través de la idolatrada vanidad.

   No obstante, hoy en el telediario de la cadena rosa (nada sospechoso de manipulación mediática), han dado una noticia que me ha llamado mucho la atención. Comentaban lo bien que iba aquel proyecto que hace un par de meses puso en acción el ayuntamiento de Girona. ¿Recuerdan? El consistorio de esa ciudad llegó a un acuerdo con tres cadenas de supermercados para que los productos de primera necesidad que estuvieran a punto de caducar fuesen donados al mismo, con la idea de repartirlos, a través de un banco municipal de alimentos, a las familias más necesitadas de la provincia, tratando así de evitar a estos la humillación de rebuscar comida entre los contenedores de basura. Bien, la noticia de hoy comunicaba el buen resultado de la gestión, habiéndose sumado ya a la misma once cadenas de supermercados en la zona. Ya en el momento del anuncio de dicho proyecto en los medios escritos hubo una avalancha de descalificaciones individuales a través de la plataforma virtual que me llamó mucho la atención. Yo no podía entender entonces cómo era posible que ante una noticia esperanzadora desde mi punto de vista, la gran mayoría de los internautas del facebook gritaban sus protestas al cielo virtual, catalogando como abyectos e inhumanos a los concejales que apoyaban la acción. Miles de fotografías de contenedores con candados salieron entonces en periódicos y páginas y muros de facebook, acusando al consistorio de querer matar de hambre a los hambrientos, comparando ésta acción con otras llevadas a cabo por ayuntamientos del PP, como la del multar con hasta 700 euros a quien buscaba alimentarse de la basura. Yo entonces expuse libremente mi sorpresa y me atreví públicamente a debatir con argumentos lo que me parecía una postura demagógica e irracional. Llegaron a insultarme, llamándome fascista (que tiene cojones la cosa) y acusándome de burgués acomodado (que aún tiene más cojones la cosa, teniendo en cuenta que mi pensión no llega ni a 600 euros al mes). Aducía una tipeja que se denominaba anarquista que en la basura se podía encontrar buenas proteínas (carne) y en los bancos de alimentos no. La misma que me llamó varias veces hijo de puta y fascista sin conocerme. Tiene guasa la cosa pues hablaba como se hablan los personajuchos del “Salvamé” ese del carajo.

   Esta noticia esperanzadora de hoy sobre el proyecto de “la casa del pueblo” (ayuntamiento) de Girona me ha hecho reflexionar sobre la pregunta de Jordi Évole en “Salvados”: ¿Sirve de algo protestar? Está claro que la protesta por si misma no sirve absolutamente para nada, si esta no va acompañada de acciones conjuntas y solidarias. Es evidente que llevamos meses y meses (algunos de nosotros hasta años) protestando, a través de las redes sociales fundamentalmente, sin que hayamos logrado cambiar nada. Es evidente que una grandísima minoría de este país hemos salido en manifestaciones de protesta en las calles sin que hayamos logrado cambiar nada. Pero es también terrible y evidente la realidad de que no hacemos nada más que eso. Salvo un pequeño porcentaje de voluntarios que sí se dedican a hacer algo por los demás de forma absolutamente altruista, la gran mayoría de ciudadanos de este país únicamente saben mirarse su propio ombligo, aunque su falso discurso esté lleno de tópicos sobre los desheredados sociales. La verdad cruel es que a la mayoría de los ciudadanos españoles les importan un bledo los demás y si se quejan no es más que por la razón de que ellos están al lado de los más desfavorecidos. Sólo saben criticar y protestar sobre los privilegios de los privilegiados porque ellos no pertenecen a esa casta, pero si los estuvieran ni protestarían ni se ocuparían de los que estuviesen pasándolo mal. Y cuando algunos, como los concejales del ayuntamiento de Girona que tuvieron tan genial idea, lo hacen sin exigir nada a cambio, sino simplemente porque aceptan esa obligación como un deber social hacia los más desfavorecidos, entonces los critican, los insultan, los amenazan y los desprecian con la peligrosa soberbia de los ignorantes, llamándolos inútiles de paso, cuando los únicos inútiles son aquellos que, pudiendo hacer más por los demás, no lo hacen y tan sólo saben dedicarse a injuriar a aquellos que si tienen el valor de luchar por los demás sin exigir nada a cambio.

   Desde aquí mi más sincera admiración a esas personas que sí saben entregarse a los demás, desde su posición de concejal; desde su voluntariado en cáritas o en cualquier ong, cristiana o laica, da igual; desde su pequeña aportación en los comedores sociales; desde su ayuda humanitaria atendiendo a ancianos o dependientes; etc… A todos ellos, de corazón, les doy las gracias por ello, porque todos, absolutamente todos los podemos necesitar algún día y sé que ellos no mirarán si antes les hubimos insultado alguna vez. Ellos, si los dejamos, serán los que logren salvar algún día a este país de implacable sombra medieval y oceánica ignorancia.        

miércoles, 12 de septiembre de 2012

MAS, EL INDEPENDENTISTA

Yo soy andaluz, Sr. Mas. Sí, uno de esos andaluces a los que usted llama vagos e ignorantes. Uno de esos que según usted lo que nos gusta es estar todo el día en la taberna gastándose todo el dinero del subsidio en vinos y tapas, aunque la verdad sea muy distinta a la que usted nos trata de vender y tan solo me haya quedado tras el infarto una paga de pensionista que no sobrepasa los 600 euros, ya ve, ni para llenar los platos hasta final de mes, de modo que imagínese el tiempo que llevo sin pisar un bar. Sí soy andaluz y a pesar de ello no niego el derecho de los pueblos a elegir su propia autodeterminación. Pero es que lo suyo es escandaloso por ruin e indigno de un político. Mire usted, yo, desde ésta denostada región del sur de España, me atrevo a decirle que usted es un ser abyecto y manipulador, porque usted miente y engaña a su pueblo, el catalán, tan culto y moderno como usted mismo lo define. Usted le miente cuando dice que toda la culpa de la pérdida del bienestar catalán la tiene el gobierno español y ellos “tan cultos” se lo han creído. Sí, debería felicitarle por su influencia propagandista en los medios catalanes, porque lo ha conseguido, ha transformado lo que no es más que una deficiente y negligente actuación de su gobierno (también de los anteriores), una impresentable y deshonesta gestión económica de las cuentas públicas, en un robo del estado español a las arcas catalanas. Pero ¿qué pasa entonces con los robos descarados del erario catalán a través del liceo para financiar la campañas electorales de su partido, con los chanchullos que han tenido con jueces prevaricadores que también han chupado del bote, con los escándalos de las autopistas y las ITVs catalanas, con…? (Sería interminable la lista). ¿Está usted seguro de que nada ha tenido que ver el desfalco del tesoro de su país con el exponencial aumento de las cuentas bancarias de sus políticos? ¿Me dirá también que usted no ha tenido nada que ver con la ruina de Caixa Cataluña?

Usted miente, Sr. Mas y su “culto” pueblo se lo cree a pies juntillas. A usted le importa un carajo la independencia que tanto dice defender. A usted lo único que le importa es seguir manteniéndose en el poder para poder seguir manejando la caja de caudales, lo único que en realidad le importa. Porque usted no es más que un ladrón, tan ladrón como los caciques ancestrales de Andalucía, esos a los que les importa tan poco el pueblo de a pie, lo mismo que le importa a usted, que es nada. Desde su poltrona ejerce su dominio, con la impunidad que le dan las leyes dictadas a su gusto y hará lo que tenga que hacer para seguir en el trono, lo que sea y a costa de quien sea. Los enfermos a los que USTED roba un euro por receta y les cierra hospitales; los trabajadores a los que USTED roba en los peajes de las autopistas; los ancianos a los que USTED roba negándoles la atención, dejando de pagar por ella; los parados a los que USTED roba negándoles un trabajo, porque prefiere destinar el dinero público a subvencionar fundaciones afines a su partido antes que destinarlo a políticas de empleo; los… (Sería interminable la lista). ¿Está usted seguro que toda la gente, el millón y medio de catalanes, que salieron ayer a las calles barcelonesas gritando a favor de la independencia lo hacían porque están con usted?

La gente que salió ayer a gritar en Barcelona lo hizo porque está desesperada. Porque están hartos de recibir tanto palo. Porque no llegan a fin de mes, como en Andalucía, y ven que sus hijos se denigran sin posibilidades de futuro. Porque ya no pueden aguantar más y han decidido rebelarse. Porque son personas dignas que han de vivir sometidos a la humillación continua por parte de los políticos que los gobiernan y han decidido rebelarse y gritar primero como antesala de la ira, la furia y la venganza. ¿Entiende usted de qué le hablo o es que usted vive en la inopia, protegido en su jaula de cristal? La gente, el pueblo, también el que le ha votado a usted (le convendría no olvidarlo) lo que quiere es ser feliz, vivir en paz y con sus necesidades cubiertas. Y cuando eso se consigue, si es que alguna vez lo conseguimos, las chorradas independentistas y demás se van al carajo y a todos deja de importarle el color de su bandera. ¿Qué es eso de “Cataluña, nuevo estado europeo? ¿Pero saben de qué están hablando? Si salir de España (y reitero que a mi personalmente me da igual lo que decidan) implica salir de Europa y del euro. Si eso llevaría a su país a una devaluación monetaria con respecto al euro de inimaginables proporciones y, díganme, ¿cómo lo harían con la caja vacía como la tienen?, ¿con qué dinero?

Esto no es más que un sinsentido más del Sr. Mas, un señor que lo único que quiere es acumular. Más poder y más dinero, si es que logra engañar a algunos más, para seguir manteniendo su lujoso nivel de vida. El problema es la confrontación social que generan los políticos como el Sr. Mas. Fomentan el odio entre los pueblos, radicalizan el diálogo social y confrontan a los unos con los otros a través de las manipulaciones informativas, sin importarle las terribles consecuencias de sus acciones. ¡Mientras ellos permanezcan en el poder que se jodan los otros! ¿Tendrá límite la codicia y ambición del presidente catalán o, por el contrario, también tiene interés en acaparar muertos? Porque cada vez es más evidente que volvemos a cometer los mismos errores que cometimos en el primer lustro de la década de los años 30 del siglo pasado y todos sabemos cómo acabó la historia.   



lunes, 10 de septiembre de 2012

¡ESPAÑA VOLVERÁ A SER GRANDE Y PODEROSA!


   ...nos dicen nuestros gobernantes, y rumiamos entre dientes lo hijos de puta que son porque a quién le importa ya el futuro cuando el presente es tan asfixiante y estrecho. Que no nos llega, que los últimos días del mes los platos son un pozo vacío y tan oscuro como nuestro destino. Y nos cagamos en la madre que los parió porque les vemos henchidos de ostentación, rodeados de parásitos con glamur, y en plan chulitos mientras nos tratan de aprovechados, de no querer trabajar en un país de caciquil solera y nos recortan la pensión, el subsidio y las ayudas. Y nos desahucian y nos abandonan en la enfermedad y nos aniquilan (3.158 suicidios en 2010, siendo ya la primera causa de muerte violenta en España). 

   ¿Y qué podemos hacer? Mientras sólo se consigue recaudar el 2% de lo estimado con la indignante y vergonzosa amnistía fiscal aprobada por el gobierno, muchos de los "ejemplares" inspectores de Hacienda que, meses atrás, nos iluminaron acerca de la dejación de funciones de sus superiores y nos mostraron el correcto camino para conseguir una recaudación más justa y equitativa (¡Cómo es posible que las SICAV sigan cotizando sólo el 1%!), ahora se marchan con el enemigo, mostrando que su ejemplaridad era una pose y que son tan asquerosamente codiciosos como los timadores que ellos mismos perseguían. En el último año 20 de los inspectores que vigilaban las cuentas de algún banco ha sido fichado por éstos con sueldos que llegan a cuadruplicar la nomina estatal. El caso más sonado de un inspector que se pasa al 'otro lado' fue el de José Piñán, jefe del equipo de inspectores del Banco de España en el Santander, que fue fichado por el propio Emilio Botín en 2009, pero en las últimas semanas se han producido cuatro salidas con destino a BBVA, Boston Consulting, KPMG o PriceWaterhouseCoopers.

   Os preguntaréis que a qué carajo viene esto. Diréis que os hablaba de algo más general y el tema de los inspectores de Hacienda es algo puntual, anecdótico y es verdad. Pero es un claro ejemplo de la consciencia hipócrita  y pícara del español. ¿Cómo podemos tener esperanza si no dudamos en convertirnos en mercenarios? ¿Si, en el fondo, a la inmensa mayoría sólo le importa su propio bienestar y defenderá ciegamente a quien mejor le pague por ello? Esa es la verdad dura y cruel con la que un día nos tendremos que enfrentar. Porque está claro que al igual que los inspectores vieron caer a las víctimas (acaso alguno de vosotros sería capaz de afirmar que estos señores desconocían los chanchullos de las preferentes), nosotros también las vemos a nuestro alrededor, rebuscando alimentos en los contenedores de basura, lanzándose desde una sexta planta, durmiendo en los bancos callejeros por culpa de los bancos elegantes de interior o sabiendo que el vecino parapléjico del cuarto lleva cinco años encerrado en su piso debido a la carencia de ascensor. 

   Sí, las cosas cambiarán y con el tiempo, de una u otra manera, iremos mejorando. La política es un camaleón que sabe mimetizarse perfectamente en los cambios de paisaje. Poco a poco habrá trabajo, mal pagado, por supuesto, al principio, pero que lograremos aumentar con el tiempo y nuestro esfuerzo. Luego vendrá otra vez lo mismo, la codicia sobre el escenario, las construcciones verticales como nuevas lanzaderas para los suicidas del futuro, los bancos interiores abriendo sus puertas nuevamente mientras maquinan nuevos engaños, la máscara superficial del lujo sobre cuerpos purulentos de indignidad. Y, sin embargo, nos creeremos felices nuevamente, gracias a la puñetera mierda del dinero, y no nos acordaremos, al igual que los inspectores de Hacienda que han abandonado su "ejemplaridad", de ninguna de nuestras víctimas. Iremos nuevamente a mejores restaurantes, nos volveremos a hipotecar, volveremos a soñar con el coche fantástico y jugaremos en los casinos de Madrid-Las Vegas y los muertos al hoyo, mientras los vivos se reparten el bollo. ¿Para que habrá servido entonces tanta lucha?

   Y ahora quieren destituir a los políticos. Cómo si esto fuera un problema de políticos y cuando toda persona con sentido común sabe que los problemas de la política tan sólo se pueden arreglar con más política. Esto es un problema de falta de honestidad en general, de nula educación en los valores y la dignidad humanas y ya es hora de que todos en nuestro foro interior lo vayamos asumiendo. Necesitamos un cambio en la gestión política y económica en España. Necesitamos mayor conciencia social y empatía con los que sufren. Necesitamos solidaridad cierta entre todos los españoles. Pero por encima de todo necesitamos más honestidad. En todos. En el gobierno que nos miente y nos manipula, en el miserable político que fomenta la construcción de un aeropuerto inservible para captar jugosas comisiones, en el abyecto banquero que roba impunemente a sus clientes, en el juez prevaricador, en el empresario que explota a sus trabajadores, en el chupóptero que lleva toda la vida viviendo de las subvenciones sin merecerlo, en el inspector de hacienda que va por la vida de persona ejemplar y luego vende sus conocimientos al mejor postor, en el quincemayista que ahora clama como diputado en el parlamento junto a compañeros de partido que han gozado durante décadas de inmorales privilegios, en el activista que aprovechando su tirón mediático se dedica a negociar con editoriales libros por encargo.... En todos. Porque sin honestidad no cambiaremos nada. Sólo nos olvidaremos de las víctimas caídas y comenzaremos a labrar nuevos surcos con las lágrimas de las víctimas futuras.   


sábado, 8 de septiembre de 2012

SINFONÍA DE ÓRGANOS (Cap 10. Toledo, España)


   La familia entera estuvo obligada durante años a prescindir de vacaciones, así que cuando Juanito dejó de tener la exigencia de engancharse a la máquina que evacaba sus líquidos, decidieron formalizar el esperado asueto. La falta de riñones dibujó una palidez desmedida en el rostro del niño, nada mejor que el sur, donde el sol es más profundo y la brisa produce una sabrosa quemazón en las arterias.

   40 grados de temperatura hierven sobre la meseta manchega. Ante los ojos la uniformidad de un paisaje se pierde en el horizonte y la carrtera se hace interminable. En el coche, sus padres ocupan los asientos delanteros. Atrás, Juanito, acurrucado junto a su abuela, deja a medias el yogur. La abuela, rezumando una riada en la caricia, le susurra al oído: -Si no te lo comes todo vendrá el hombre del saco y te llevará para sacarte la manteca.

    La madre mira fijamente a la anciana recriminándola:  -Por favor mamá, no asustes al niño con supersticiones.

   Juanito no se entera de nada, absorto en la visión de unos siniestros buitres que vuelan tan alto y tan lejanos que parecen estar más allá del mar, sobre Africa.


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(Este texto forma parte de un relato que me publicaron en México. Lo publico aquí desde 9 entradas anteriores, en 10 entregas diarias, bajo el mismo título: "Sinfonía de órganos", pero subdividido en 10 capítulos muy cortos que llevarán como subtitulos 10 ciudades distintas del planeta. Este es el 10º y último capítulo. Espero que disfrutéis con la lectura.)